Viernes 20 Octubre 2017

El XII Encuentro de Advocaciones Marianas inició con la peregrinación de aproximadamente 2 kilómetros, saliendo de la capilla de Tacata en dirección al Santuario de Urcupiña. Una manifestación de fe y devoción a la madre de Jesús en las diferentes advocaciones.

P. Víctor Benavente, párroco de San Ildefonso, junto con el Equipo Sacerdotal, recibió con cariño cada imagen, a los sacerdotes visitantes y a todos los devotos. En el Santuario Mons. Luis Sáinz junto a la Mamita de Urcupiña acogió los peregrinos para la Celebración Eucarística.

En la homilía, Mons. Luis una vez más, dio la bienvenida, expresando su alegría por la visita de las diferentes advocaciones, para iniciar la festividad de la Virgen de Urcupiña.

Él reflexionó sobre el papel de María en la Iglesia, como también su presencia en las diferentes Advocaciones Marianas. “La Virgen María nos cubre con su manto, a fin de protegernos de todos los peligros, durante toda nuestra vida. A la Madre, se le viene recordando y venerando desde el inicio de la Iglesia, con el nombre Madre de Dios. Ya en el tiempo de los apóstoles, se conocía como la madre de Cristo Nuestro Señor”.

Monseñor recordó que la Virgen María de Urcupiña es la Patrona de la integración Nacional. La Virgen María es la intercesora. Es un signo claro para que nos encontremos con Dios, nos encontremos como hermanos y nos encontremos con nuestro pueblo. Y como devotos cada uno debe seguir el ejemplo de María.

Expresó además que: si el pueblo Boliviano es cristiano, católico, toma como protectora a la Madre de Dios y madre nuestra. Pide que altiplánicos, vallunos y orientales se sientan como pueblo, el pueblo de Dios.

Otro punto importante mencionado, fue el respeto por la vida y criticó toda clase de violencia que vivimos en nuestra sociedad. “Porque ustedes saben que hay muchos problemas, asesinatos, infanticidios, feminicidios, linchamientos. Infelizmente se ha inventado muchas cosas para matar la vida que Dios nos ha regalado. No hay respecto a Dios cuando no defendemos la vida… La sociedad boliviana está desequilibrándose con tanta violencia…

La Madre de Dios quiere que todos vivamos en unidad con Dios y como familia. Preciamos tener a Dios presente todos los días en nuestro Corazón y entonces Dios nos salvará”.

Monseñor habló que las diferentes Advocaciones nos recuerdan las palabras de María en la Biblia, en el evangelio de Lucas 1,48, “desde ahora me llamaron bienaventurada todas las generaciones”, y su palabra se está cumpliendo hasta nuestros días. Son muchas fechas que la Iglesia venera a la Virgen María en todo el mundo.

No podemos dejar de rezar por los hermanos y hermanas de Tarija, por las victimas que sufren las consecuencias del incendio de grandes magnitudes, un desastre ecológico. Dijo el obispo.

Mons. Luis Sáinz concluyo la homilía haciendo un pedido a quienes participarán de la festividad: “que no haya tanto alcohol, que sepamos tomar con moderación, nadie debe tomar hasta perder la cabeza… Todos tenemos derecho de tener una fiesta de la Virgen que sea folclórica, con danzas y que sea una fiesta religiosa donde podamos venerar, honrar nuestra madre la Virgen María de Urcupiña. Y que Dios nos bendiga a todos”.

Concluida la celebración, se realizó una procesión con las imágenes de las distintas advocaciones, para concluir en el templo de San Ildefonso, donde estuvieron toda la jornada, para la visita de los devotos.

Mons. Oscar Aparicio, Arzobispo de Cochabamba, durante la celebración litúrgica por los 192 años de la independencia de Bolivia, en la Catedral Metropolitana expresó una reflexión, a los ojos de la fe, sobre la situación actual de nuestro país.

Inició explicando el mensaje de las sagradas escrituras, mostrando que el Señor también nos habla por medio de las escituras y nos muestra que esa misma realidad se vive en este tiempo. Pidió que como los discípulos que participaron de la transfiguración, seamos capaces bajar a nuestra realidad y ser partícipes de ella. Que busquemos todos juntos un mejor país, para el bien de cada boliviano. Que como pueblo de Dios se pueda renovar el compromiso de servicio a nuestra Patria, buscando el bien de todos; cuidando y respetando la vida pese a ideologías que afectan gravemente a la familia y la sociedad boliviana; cuidando nuestra casa común, cuidando nuestros parques y medio ambiente.

El Vicario General de la Arquidiócesis de Cochabamba, P Carlos Curiel Herrera, quien es de nacionalidad venezolana, durante la misa dominical expresó algunas palabras dando a conocer la triste realidad que viven en su patria.

Se refirió, con profundo dolor a la lucha del pueblo, particularmente de los ciudadanos jóvenes que ofrendaron su vida en busca de una mejor situación para su país. Ha pedido, además, que todos nos unamos en oración para que el sufirmiento de los venezolanos termine y se pueda instaurar la paz en el pueblo, pues el pueblo sufre de una manera atroz.

Mons. Oscar Aparicio presidió la eucaristía del décimo sexto domingo del tiempo ordinario en la Catedral de San Sebastián.

En su homilía se destaca la referencia especial a la actitud que muchos tomamos para juzgar a los hermanos. Nos invita a que podamos ser como Dios mirar con los ojos de Dios que es indulgente que ama a sus hijos tal y como son. Que podamos ser constructores del Reino de Dios en medio del mundo; para que crezca en nuestra vida y crezca como un árbol de mostaza, que pueda crecer como la levadura.

Fragmento de la homilía

Hermanos y hermanas muchas veces queremos cambiar al otro. Es interesante el sacramento de la reconciliación, digo por experiencia, muchas veces cuando la gente se confiesa, confiesa el pecado del otro o de la otra, muchísimas veces. O se confiesa par decir que mi esposo o mi esposa cambia, pero al estilo que yo quiero que sea. Y aquí hermanos se trata de paciencia, se trata de que el otro sea como es. No de moldearlo a nuestro gusto. A veces decimos porque Dios no actúa ya y nos hace justicia.

El Reino de Dios crece, crece con paciencia de a poco. La semilla aunque está en la tierra está activamente creciendo. Y cuando es pequeñita igual, hasta que tenga la altura suficiente. Que hermoso ejemplo para nosotros actuar como Dios indulgente y paciente, misericordiosos capaces también de perdonar. Capaces de hacer crecer el amor donde debe crecer. Capaces de ser aquellos que ven a nuestros hermanos como buena semilla. Porque el Reino de Dios es como este granito de mostaza. ¿Han visto alguna semilla de mostaza? Es increíblemente pequeña, pero cuando crece se convierte en un gran árbol, capaz de dar mucha sombra y capaz que también se aniden los pájaros.

Hermanos la vida es un poquito así. En la pequeñez y en la sencillez también está presente el Reino de Dios. Muchas veces por nuestro afán extirpamos lo mejor. Que el Señor nos ayude a que este pequeño lo sencillo, lo cotidiano, lo normal pueda crecer. Muchas veces nosotros tenemos ansias de grandeza. Queremos que las cosas ya vengan bien hechas, bien grandes, lindas, bellas y a veces pensamos que nuestras obras tengan que ser las mejores y nos frustramos tantísimas veces. Una pequeña gotita de agua en el mar parece que no hiciera nada, sin embargo es una gotita más. Si tú te has reconciliado hoy, si tú has hecho una obra de misericordia, por más pequeña que sea es una más. Influye el saludo, una pequeña atención que construye el Reino de Dios en este mundo. Hermanos míos por tanto dejemos que, de verdad, esta pequeña semilla sea depositada en la tierra y que crezca. Está en lo cotidiano, en la pequeñez, en la sencillez de nuestra vida.

Y la levadura no necesita ser mucho. Ustedes mamas saben más que nadie, o los que hemos hecho alguna masita, sabemos muy bien que una pequeña porción fermenta toda la masa. Coraje entonces hermanos que el Señor nos ayude a ser indulgentes y misericordiosos, constructores del Reino de Dios en medio de nuestro mundo. Sabiendo que hay que hacer con paciencia, se sube las escaleras de un edificio en una gradita a la vez. Esa es nuestra capacidad. No vamos construir un gran edificio como esta catedral, si no es piedra sobre piedra, de a poquito.

Que el Señor nos conceda esta paciencia, que el Señor nos haga capaces de ver en los demás el Reino de Dios. Que en las acciones y en los momentos buenos de nuestra vida, seamos capaces de hacer crecer también el trigo y la cizaña. Que el Señor entonces nos conceda todo aquello que el mismo nos quiere dar. Y sobre todo, oremos que el Espíritu nos haga verdaderamente hijos e hijas de Dios, discípulos misioneros de nuestro Señor. ¡Amén!

Carta Pastoral 2017

pcp

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