Lunes 10 Diciembre 2018

Este pasado domingo concluimos el Año Litúrgico, del Ciclo C, con la Solemnidad de Cristo Rey del Universo, celebración que nos invita a profundizar en los misterios de la Salvación que nos dará la vida eterna para vivir en el Reino de Nuestro Señor Jesús.

P. Carlos Curiel Vicario de la Arquidiócesis de Cochabamba, presidio la Eucaristía Dominical en la Catedral Metropolitana de San Sebastián, quien durante su homilía expresó el verdadero reinado de Jesucristo, que está fuera de la ideología del mundo.

Señaló que el Reinado del Señor no es de dominio, explotación u opresión, sino es un reino que busca posibilidad de una sociedad justa, humana, fraterna y unida en ese amor, ese es el poder del Señor porque Él lo vive en plenitud.

Video y Texto de la Homilía

Jesucristo Rey del Universo. Qué senos viene a la mente o qué visión tenemos de este Rey. ¿Será la visión de los mismos reyes de este mundo, será la visión de un rey coronado con joyas con coronas de oro, sentados en tronos de oro, vestidos ostentosamente y dominando a un pueblo que hace lo que él ordena y lo que él indica? Ese no es el reinado de Jesucristo.

Cuáles han sido los tronos de Jesucristo, cuáles han sido esos tronos sobre los cuales él se ha posado: Un pesebre de paja, ha sido también una montaña desde donde proclama ese programa de bello de vida como, fueron la bienaventuranza, ese fue su trono, un monte. Fue también la cruz donde entregó su vida por nosotros, donde por esa sangre derramada allí se nos quitó la esclavitud del pecado. Y ha sido también aquellos lugares donde se aparece como resucitado, la comunidad, la comunidad reunida y el amor donde lo han reconocido al partir el pan. Esos son los tronos del Señor, humilde, sencillo, para darse y repartirse.

Ese es el poder del Señor, el poder del Señor brota desde la humildad y la sencillez, para servir al pueblo con dignidad, para servir al pueblo ayudándole a descubrir la dignidad que tiene. Que hermosa escena del lavatorio de los pies donde ese Rey sea baja a nuestra miseria humana para lavarnos los pies, para limpiarnos de todo aquello que nos impide ser testigos de ese reino de amor de justicia y de paz.

Yo estaba mirando, dice Daniel, en las visiones nocturnas, y venían sobre las nubes del cielo como Hijo de Hombre. Esas nubes del cielo sencillas humildes que nos levantan una poesía bella para decir ahí viene el señor, en su humildad, en su sencillez para ejercer el poder y el dominio sobre la tierra.

Pero ese dominio no es de opresión, no es de explotación, no es de tortura ni de muerte, es de vida y vida en abundancia, una vida en el amor fraterno, una vida en ese proyecto de humanidad que nos da el Señor cuando nos dice: me realiza no es de este mundo. Porque la realeza de Él es amor justicia y paz. Él avanzó hacia un anciano y lo hicieron acercan a Él y le dio el dominio la gloria y el reino y le sirvieron todos los pueblos.

Ese Dios Padre que pone toda su vida y todo ese proyecto de amor en manos de su Hijo Jesús, el amado, el elegido, el ungido para anunciar la buena noticia de los pobres; de que todos somos hijos de Dios, de que todos somos hermanos en igualdad de dignidad.

Ese es el reinado del Señor que quiere que venga. Ese es el reinado que le pedimos en el Padre Nuestro, venga tu Reino Señor. Un reino de fraternidad, un reino de humanidad, un reino de justicia y de paz donde todos busquemos el bien común, para que todos gocen de esa gracia del Señor, manifestada en su hijo Jesús.

Su reino no será destruido, porque el amor persevera para siempre, porque el amor perdura para siempre. Y eso fue lo que Jesús fue, manifestación de ese amor de Dios en medio de la humanidad. Por eso le decimos gracia con alegría y con amor: reina Señor vestido de majestad. Y tu vestido es el amor, tu vestido es la sencillez, tu vestido es la humildad para bajarte a nosotros y servirnos en ese amor tan grande.

Tus testimonios Señor, son dignos de fe, por eso brota de nuestro corazón ese credo y esa fe: creo en ti Jesucristo, Nuestro Señor, creo que naciste de Mamita la Virgen y creo que has venido a traer un reino que para que todos tengamos vida y la tengamos en abundancia.

El libro del apocalipsis bellamente nos dice que Jesucristo es testigo fiel del amor del Padre, el primero que resucitó de entre los muertos, el Rey de reyes. Con esa resurrección Jesucristo reine en nuestra vida, con su resurrección ha sido vencida a la muerte, ha sido derrotada la esclavitud del pecado, para darnos esa nueva vida en su resurrección. Por eso él nos dice claramente: yo soy el alfa el omega. Él es el que era, el que es y el que viene, el Todopoderoso.

Pero su poder el servicio, su poder y su autoridad vienen dadas por la coherencia de vida, donde anuncia esa posibilidad de una sociedad justa, humana, fraterna y unida en ese amor, ese es el poder del Señor porque Él lo vive en plenitud.

Bendito el que viene en nombre del Señor, bendito sea el reino que viene; y que le pedimos día tras día en el Padre Nuestro y que nosotros sus discípulos y misioneros estamos llamados a ser signos de ese reino, signo de la presencia de su amor, signo de la presencia de la justicia que todos queremos, de la unidad como pueblo; del rescate de la dignidad, sobre todo de aquel que ha sido pisoteada; del rescate de la dignidad del que ha sido oprimido por los poderes de este mundo.

Por eso Jesús dice claramente: mi reinado, mi realeza, no es de este mundo, porque en este mundo quienes erigen como rey quieren oprimir al pueblo, quieren dominarlo, quieren explotarlo, quieren obtener de ese pueblo desde esa explotación y de esa opresión lo que ellos quieren para que estén a su servicio. Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, no ha venido para ser servido, ha venido para servir, y aquí se hace la plenitud de ese reino.

¿Eres tu rey de los judíos? le pregunta Pilatos, porque tiene miedo. Porque a Pilatos se lo llevan a Jesús para decirle que está ostentando un poder, que quiere erigirse como rey, pero como un rey de este mundo. Pilato tiene esa duda, Pilato duda desde ahí y piensa que le puede quitar también el poder que el emperador le ha dado. Es el rey que le ha reconocido como un del imperio de este mundo. Sin embargo Jesús le dice claramente, lo dices por ti o por lo que te han dicho; porque Jesús sabía bien que eran los fariseos y las autoridades religiosas que lo habían llevado con ese título: quiere erigirse como rey. Ahí es donde Pilato le dice yo no soy judío, por lo tanto no serás mi rey, por lo tanto no me importas.

Sin embargo a Jesús le dice claramente mi realeza no es de este mundo y si fuera de este mundo ya todo había sido derrotado. Tú lo dices, yo soy Rey, he nacido para ello he venido al mundo para dar testimonio de la verdad. Y el que es de la verdad escucha mi voz.

Querido hermano, querida hermana discípulo y misionero del Señor, escuchemos la voz esa voz que nos invita a hacer presencia viva de ese reino; esa voz que nos dice ser testigos de un reino de amor de justicia. Sé testigo de un reino de servicio de humildad donde te abajes a la miseria humana para redimirla y levantada y poder construir sociedades donde Jesucristo reine eternamente, porque su amor está presente en nosotros.

Que nuestras familias, que nuestras comunidades y que nosotros de manera personal, dejemos que Jesucristo reine porque escuchamos su voz y tratamos de vivir desde ella.

Señor venga tu reino hágase tu voluntad entre nosotros y así sea.

Carta Pastoral 2017

pcp

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