Lunes 10 Diciembre 2018

El penúltimo domingo del tiempo ordinario, siendo ya que el próximo celebraremos la Solemnidad de Cristo Rey del Universo. Es por ello que las sagradas escrituras nos hablan del fin de los tiempos, pero no como un acabose, más bien como un anuncio de la vida eterna.

En relación a la Palabra de Dios meditada este domingo. Mons. Oscar Aparicio, en la Eucaristía dominical, en la catedral, destacó justamente el tema de la salvación y la vida eterna, pues al ser de Cristo, un día participaremos de su gloria. Pero para ello estamos llamados, como Iglesia a hacer presente el Reino de Dios en el mundo, que es la misión de todo Bautizado.

Con ello, el Arzobispo, se refirió al día nacional del Catequista, pues como discípulos del señor somos ya catequistas pues no podemos de dejar de llevar el mensaje de la buena noticia a los demás. Junto a ello y con la celebración de la jornada mundial de los pobres señaló que no podemos dejar de lado las obras para quien también necesita de mejores condiciones de vida, que es un llamado también del Evangelio.

Video y Texto de la homilía

El próximo domingo celebraremos la festividad de Cristo Rey, por tanto ya sabemos que el año litúrgico está terminando. Pero más allá de aquello, el anuncio que se nos viene un anuncio de salvación de esperanza.

Si nosotros recordamos que cuando habíamos iniciado, ya hace varios domingos, aquello que el evangelista Marcos nos estaba diciendo, es decir que Jesús en todo este tiempo, a través de la palabra y de la liturgia, en estos domingos, iba a presentar su identidad; es decir quién es Él y el para qué viene a este mundo, qué es lo que viene a anunciar, cuál es su misión, cuál es su tarea.

Y por otro lado el mismo evangelista hace toda una carrera pedagógica, diríamos así, de formación a sus discípulos, es decir: Jesús les enseña a ellos el cómo seguirlo en este mundo, cómo actuar en este mundo, cuál es también al final la misión de ellos mismos; los empieza a formar. Cuando hablamos de los discípulos hablamos de nosotros, por tanto la Palabra de Dios, el camino catequético, el camino de esta pedagogía formativa tiene que ver con nosotros.

Menciono esto hermanos porque en realidad lo que hoy hemos escuchado en la palabra de Dios, lo que hoy anuncia está justamente en estos dos aspectos que ya el evangelista Marcos nos había dicho. En primer lugar, la identidad de Jesús, es el hijo del hombre. Él mismo se auto revelaba. Él es el Cristo, el Mesías, el Señor; es aquel enviado de Dios Padre, para instaurar en este mundo el reino de Dios.

Y si es el Hijo del hombre, viene con una gran noticia y la noticia, el Evangelio, la Buena Noticia en realidad, es que Él asume nuestra condición y ha venido para salvarnos. Por tanto este Jesús de Nazaret, que es el Cristo, el Hijo del hombre, el Hijo de Dios, es el Salvador. Viene con un lenguaje de salvación, viene con una buena noticia de que aunque pase el mundo y aunque pase cualquier otra situación sus palabras y su persona no pasará. Viene para regenerar al ser humano, para la salvación nuestra.

No sólo, entonces, está en su persona sino su misión, que después lo exaltaremos el próximo domingo como Cristo que Reina en el universo entero.
Hermanos míos estos no tienen que poner muchísima esperanza, muchísimo gozo, muchísima confianza; renovar nuestra esperanza en el Señor, de alguna manera es volver a insistir en lo que decía también ya el Apóstol o lo que decía el profeta Daniel. Es el anuncio de que en este mundo no está puesta solo nuestra esperanza, sino más bien en Dios.

Protégeme Dios mío porque me refugio en ti, esta es nuestra actitud. Si Dios es así, si él se ha auto revelado como el salvador, por tanto nosotros confiamos en aquello. Lo que hemos estado diciendo mucho de estos domingos es realmente cierto. Hemos nacido de las mismas entrañas de Dios porque nos engendrado en amor y misericordia plena y total. Es alguien que se interesa de nosotros. Hemos nacido de las mismas entrañas de Dios. Peregrinamos en este mundo, pero nuestro destino final no es este mundo, sino más bien la gloria, la participación de la gloria en la divina trinidad.

Por tanto, estamos llamados también, como ya alguna vez se nos ha remarcado, a la inmortalidad. La salvación alcanza, no sólo a este mundo si no alcanza propiamente más allá de este mundo, a la eternidad. Nosotros nacemos de Dios y retornamos a Dios, en la gloria de Dios. Nuestra predestinación es justamente esto: estamos predestinados a la gloria de Dios, a la salvación. Fundamentalmente es importante acceder a esto, tener la apertura esto.

La segunda situación está, lo hemos dicho, no solo la identidad de Jesús, sino también el hecho de que a nosotros nos va formando. Qué es lo que somos entonces: anunciadores, constructores de este reino de Dios en este mundo. Tenemos ya el gozo pleno total de que la salvación nos ha alcanzado, de que Dios y su amor, ha sido posible también en nuestra vida. Construimos el cielo en esta tierra, somos los llamados a vivir, en este mundo, aquello que vendrá más allá. Por tanto la Palabra que el Señor anuncia, el para qué ha venido o aquello que nos hace partícipes, está justamente en este hermoso hecho de que Dios se hace salvación. Y esto es lo que anunciamos.

Hermanos míos, hermanas mías de verdad podamos vivir estos acontecimientos en toda plenitud. Y si hoy celebramos la jornada del catequista, estamos celebrando justamente también entonces aquello que es el contenido de la formación. O mejor el contenido de la catequesis que nosotros podemos hacer. De alguna manera todos somos catequistas, anunciadores de la salvación, anunciadores de esta Buena Noticia, constructores del Reino de Dios aquí en este mundo, que van constituyendo también esta construcción del reino de Dios que será presente en la eternidad.

Y si hoy celebramos también, porque el Papa Francisco lo quiere, esta jornada de los pobres o nuestra mirada hacia los pobres, es justamente en esta situación concreta que a través de esta situación es el abandono total a un Dios que nos está revelando su verdad.

Les invito pues entonces hermanos a que podamos acoger esta palabra que preparemos nuestros corazones a lo que vamos a celebrar también el próximo domingo, que concluyamos bien este nuestro periodo formativo, diríamos así, como discípulos del Señor, acompañados por el Evangelista san Marcos, durante todos estos domingos que nos ha acompañado y todavía habrá un domingo más.

Que el Señor los bendiga, que nos acompañe. Felicidades a todos ustedes catequistas, que de alguna manera repito todos los somos y que de verdad nuestra mirada esté puesta en los más pobres para anunciar este reino de Dios presente en este mundo. Y que se puede hacer justamente presente en el más allá.
Amén

Carta Pastoral 2017

pcp

Video destacado

Radio Arquidiocesana San Sebastián

 

El Santo Padre