Miércoles 21 Noviembre 2018

Este domingo trigésimo primero del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos invitaba a meditar sobre el mandamiento del amor hacia Él y hacia nuestros hermanos, que resumen todo el decálogo de Dios.

En este sentido Mons. Oscar Aparicio invitó a tomar en cuenta el amor que Dios nos tiene, y que siempre quiere estar con nosotros. Él nos invita, con toda libertad, a poder responder ese amor, amándolo. Pero destaca que ese amor de Dios y hacia Dios no puede estar separado de los hermanos, pues son también parte nuestra y en ellos debemos reflejar a Dios.

La muestra clara que esto puede ser posible, son las figuras de Santa Nazaria Ignacia y de la Venerable Virginia Blanco, pues ellos supieron entregar el amor pleno que encontraron en Dios, a los hermanos, principalmente a las que más lo necesitaba.

Video y texto de la homilía

Muy amados hermanos y hermanas, ya hace un tiempo que hemos iniciado este camino de la identidad el Jesús que revela su identidad y Jesús que enseña a sus discípulos, que los forma. Y de hecho hoy la palabra va en esta misma sintonía.

Jesús está en Jerusalén y se encuentra justamente con aquellos que le empiezan a interrogar responde de una manera formativa, diríamos así, para nosotros y sus discípulos. Está hablando de algo muy particular, se trata del primer grande mandamiento, referido justamente aquello que ya hemos escuchado en la primera lectura. ¿Es posible que el ser humano responda con amor a su Dios? Porque hasta ahora de hecho hemos sabido o hemos escuchado la revelación y somos testigos de aquello; de cuánto Dios ama al ser humano, cuánta atención tiene por nosotros.

Es un Dios que ama profundamente, hasta los extremos. Es un Dios que sabe perfectamente de nuestras situaciones, nos conoce en el corazón y nos habla de tú a tú y nos habla justamente de amor, de perdón, de misericordia, de amor.

Frente a esto, el ser humano, nosotros mismos ¿somos capaces de responder a este amor? Así como dice nuestra canción, aquí, amor con amor se paga. ¿Somos capaces de aquello, frente a un Dios que nos ama de tal modo?

Creo que la palabra hoy, y el mismo Señor Jesús nos invita a reconocer que el Señor mismo ha puesto una ya semillita en nuestros corazones. Es un llamado profundo a saber que en todo ser humano existe también esta capacidad de reconocer el amor de Dios y responderle con amor a Él, amarlo profundamente.

Por eso lo que aparece en la primera lectura, que después el mismo Señor lo repite: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con todo tu espíritu, con todo tu ser con todo lo que eres tu es también una posibilidad también de nosotros; así como tenemos la posibilidad de rechazar a Dios, existe esta otra gran posibilidad. Tenemos ya en el corazón, inscrito, aquello que Dios mismo nos ha dado, es decir: está en nuestra propia identidad, está en nuestra naturaleza responder positivamente a este amor de Dios.

Y aunque existen las leyes, los preceptos, las normas, que nos ayudan también a caminar en este sentido, en realidad es algo inherente a nosotros mismos, es algo que nos pertenece, esta capacidad de amar, así como la capacidad de escuchar. Por eso parece que hoy, la Palabra nos está diciendo insistentemente, nos invita a asumir aquello que ya tenemos nosotros, a escuchar con el corazón.

Muchas veces hermanos y normalmente somos un pueblo de oído. Si se nos susurra al oído que se nos ama y esto penetra el corazón, sabemos muy bien de este lenguaje. Escucha Israel, escucha pueblo de Dios, escuchen ustedes: al Señor, tu Dios tú le amarás, porque es el único; con todas tus fuerzas. Fuerzas quiere decir con toda nuestra energía, con todo lo que poseemos, con todo tu ser, con todo lo que podemos ser, con todos tu espíritu, con toda tu alma, con todo lo que eres tú; con tu relación incluso religiosa hacia Dios.

Por tanto hermanos es una verificación, esta Palabra, hoy, para nosotros, de que sabemos de lo que estamos hablando. Por tanto queremos ser este pueblo, estos hijos de Dios que escuchan con el corazón. Que esta palabra se cumple nosotros.

Pero lo bueno de todo esto es que no queda ahí, no queda allí, vean que Jesús al responder a aquel que conoce bien la ley, aquel que lo pone en cuestionamiento dice algo más: y el segundo mandamiento es: amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Es decir no solo nos capacita positivamente al responder al amor de Dios, nos capacita también para reconocer en el otro al hermano; para amarlo así como nosotros nos amamos a nosotros mismos. Que si queremos el bien nuestro queremos el bien de los demás; que si deseamos lo mejor para nosotros, deseamos lo mejor para los demás.

Vean hermanos, que la cruz tiene dos vértices, uno horizontal y uno vertical. El vertical se refiere a este amor de Dios que desciende y este amor del ser humano que asciende. Y el horizontal es el amor entre los hermanos, es el anuncio por tanto; y el Señor nos forma a nosotros que queremos ser discípulos y misioneros, a también buscar afanosamente esta fraternidad entre nosotros, a reconocer al hermano como tal, hacer todo lo posible que este amor también puede extenderse en medio nuestro. No reconocernos como enemigos. Lejos de nosotros el que adoremos a Dios y maldigamos al hermano.

Los dos sentidos son profundamente importantes y están unidos en sí. Si dices que amas a Dios y odias a tu hermano, qué amor es ese. O si amas a tu hermano y dices que no amas a Dios, este amor no es posible. Las dimensiones son muy claras y muy evidentes.

Les invito pues entonces hermanos que acojamos esta palabra y dejemos que el Señor nos siga capacitando que el Señor nos ayude. Que el Señor nos dé un corazón capaz de escuchar su palabra y que ablande nuestros corazones. Que el Señor nos haga este camino, no sólo formativo, sino que de verdad nos haga discípulos misioneros suyos, al estilo de lo que somos testigos nosotros este tiempo también aquí en Bolivia. Por ejemplo es el caso concreto de Madre Nazaria Ignacia, qué se la ha canonizado hace muy poco.

Una mujer ciertamente nacido en España pero qué han realizado gran parte de su trabajo, de su apostolado, de su misión, en tierra boliviana. Por eso la llamamos siempre la primera santa en Bolivia. Hemos reconocido, el Papa mismo, la Iglesia Universal ha reconocido que, su forma de vivir, su forma de ser, su amor profundo a los pobres, su testimonio y su entrega son dignas para decir que es una vida de santidad entre nosotros.

Mis hermanos esto no es poco para nosotros los bolivianos, como no es poco para nosotros el testimonio de la Venerable Virginia Blanco. Y es cuando hablamos de ella, hablamos de algo de más de familia. Cuando hablamos de ella hablamos de una nacida en Bolivia, en Cochabamba, una mujer de una familia cochabambina; crecida y educada en Cochabamba. Ha hecho su camino de fe, de cuánto apostolado en la acción católica, de cuánto apostolado hacia los pobres, de cuánta entrega en los pobres; siendo de una familia con muchos recursos, en aquel momento, siendo una persona como decimos, así de alta alcurnia; que es capaz, viendo la necesidad de los hermanos de los más pobres, es capaz de abajarse y atenderlos. Cuántos comedores, ha podido crear, cuánta atención a los más pobres, cuánta evangelización a través de la catequesis. Una mujer de nosotros, una mujer sencilla que ya es venerable reconocida universalmente de que ha sido venerable.

Sabemos que hace un tiempito atrás se ha puesto la causa de beatificación para ella. Para la beatificación, qué es necesario: debe haber una presentación, evidentemente, de las obras que se ha podido hacer, de un presunto milagro que hay que demostrarlo, lo cual ha acontecido para nosotros y sea y se ha hecho presente por tanto la causa de beatificación también va siguiendo un curso. Lo normal en el caso de la iglesia, reconocer a una persona, primero como venerable, segundo como beato beata y tercero cáncer canonizada ya como santo o como santa. Nuestra Venerable Virginia Blanco está en este proceso, en este camino, de posible beatificación.

Por tanto hermanos yo les pido, quisiera como les he anunciado al inicio ya de esta Santa Misa, quisiera que iniciemos hoy, como que esta semanita, un ciclo de oración no solo en esta jornada sino más bien iniciemos nuestra oración de agradecimiento por Santa Nazaria Ignacia y segundo sobre todo y particularmente nosotros iniciemos aquí en Cochabamba una oración por la posible Causa de Beatificación de la Venerable Virginia Blanco.

Creo que son modelos muy claros y muy evidentes del amor a Dios y el amor a los hermanos. Si esta palabra nos acompaña entonces, iniciemos este camino, estas jornadas de oración, que el Señor nos acompañe junto a su Iglesia.
Amén

Carta Pastoral 2017

pcp

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