Lunes 10 Diciembre 2018

Este pasado domingo vigesimonoveno del tiempo ordinario y penúltimo de octubre celebramos, junto a la Iglesia Universal, la Jornada Mundial de las Misiones, siendo esta temática, justo al servicio el centro de la homilía de Mons. Oscar Aparicio que presidió la celebración dominical.

En la solemne celebración, donde también estuvieron los hermanos y hermanas de la comisión de misiones de la Arquidiócesis, Mons. Oscar en su homilía remarcó dos aspectos importantes: la naturaleza de todo bautizado para seguir con la misión de Jesús, de llevar la buena noticia y junto a ello ser servidores de los demás.

El Arzobispo mencionó que debemos hacer presente el Reino de Dios en este mundo, pero no como lo que creían los hijos de Zebedeo que buscaban autoridad, poder, o lugares especiales; sino el Reino de un Señor que nos enseña a servir y amar al prójimo, pues Somos de aquellos que queremos ser discípulos del Señor, por tanto, servidores de todos.

Video y texto de la Homilía

Quisiera leer un pequeño trocito del mensaje que el Papa francisco ha hecho para este domingo de las misiones, el Domingo Mundial de las Misiones. Está en la hojita dominical así que no estoy diciendo nada de extraño, que después ustedes pueden de tomarlo. Pero que sea un poquito la frase que también a nosotros nos conduzca y nos ayude durante este día y en esta celebración.

Él dice en concreto: “Cada hombre y mujer es una misión, y esta es la razón por la que se encuentra viviendo en la tierra. Ser atraídos y ser enviados son los dos movimientos que nuestro corazón, sobre todo cuando es joven en edad, siente como fuerzas interiores del amor que prometen un futuro e impulsan hacia adelante nuestra existencia. La misión se fuerza la fe. La iglesia anunciando lo que ha recibido gratuitamente comparte la verdad que conducen al sentido de la existencia en esta tierra. La propagación de la fe por atracción, exige corazones abiertos, dilatados por el amor. Nadie es tan pobre que no pueda dar lo que tiene.”

Vean, creo que es un resumen bello del mensaje pero también que viene muy bien así sintetizar y sintonizarnos en esta celebración y en este día de la Jornada Mundial. La misma Palabra de Dios hoy día vuelve a recalcar muchos de estos aspectos propios del Discípulo Misionero.

Quisiera solamente recordarles que ya hace bastantes domingos, estoy hablando de por lo menos unos seis domingos iniciaba el Evangelio de Marcos, para hacer dos cosas: mostrar la identidad de Jesús es decir quién es Jesús. Cuál es su identidad, a qué se debe y el para qué viene a este mundo. Se va revelando poco a poco su identidad y su misión.

Por otro lado el Evangelista Marcos vuelve a constantemente insistir que los discípulos están en una etapa, diríamos así, de formación. Jesús les va enseñando muchas actitudes de cómo los discípulos deberían vivir este seguimiento radical al Señor.

Por eso la Palabra de Dios, hoy, vuelve a ser repetitiva en este sentido, de proclamar la identidad del señor y su misión, lo que es Él y para qué ha venido. Y vuelve también a insistir con los discípulos en esta etapa formativa. Si leemos atentamente el Evangelio va en este sentido, quién es Jesús, quién es este Jesús de Nazaret. Es aquel que se va revelando, poco a poco, como el Mesías, como el Señor, como el Cristo. Que sabemos que al final del tiempo litúrgico se proclamará como Rey del Universo, como el verdadero hijo de Dios, como aquel que instaura el Reino de Dios en este mundo y Él reina. Él es el Evangelio, Él es la Palabra.

Es este Jesús de Nazaret, pero que viene con un mesianismo muy particular; su mesianismo, la salvación que Él trae no pasa por la gloria o por el poder o por la autoridad. Indirectamente vuelve a anunciar que Él ha venido para ser servidor de todos. Ha venido para conquistar, diríamos así, un reino donde reina la paz, la fraternidad, la justicia, el derecho; donde reina el amor y la comunión, donde reina sobre todo el servicio y no el que uno es mayor que el otro.

El para qué ha venido este mundo está muy claro y muy evidente, no solo el cómo sino el para qué, para que todos los demás puedan encontrar la salvación y el sentido a su vida, para que la humanidad entera y el universo entero, en realidad, esté dentro de este plan salvífico de Dios mismo. Esta es la misión del Señor, instaurar también en este mundo este reino.

Recuerdan que ya el Evangelista, en realidad, lo primero que hace es decir: Estén atentos, escuchen el Reino de Dios está cerca. Son las primeras palabras del Señor Jesús. Por tanto, la misión de Jesús ya está claramente diseñada también en concordancia a este plan salvífico de Dios Padre, para toda la humanidad, para el universo entero. Este es Jesús para esto ha venido.

Por otro lado, sus discípulos que participarán, deberán participar, de su misión de este instaurar el Reino de Dios, de ser servidores en este mundo, en este pasaje del Evangelio no han entendido todavía nada. Puede ser que nos pasa también a nosotros, puede ser que nos pasa a nosotros.

Aunque tenemos el rótulo de discípulos misioneros, a lo mejor estamos todavía por otros lares, otros pensamientos, con otros deseos. Los hijos de Zebedeo son claros al decir: Señor permítenos el uno estar a tu izquierda y el otro a tu derecha. El reino que quieren o que pretenden o que aspiran que instaure el Mesías el Señor es un reino de tipo político social; que tengan poder y participación allí, que tengan la fuerza necesaria también de participar en esta nueva instauración, en este mundo, de un reino político social donde tengan autoridad y tengan poder, que sean los mejores colaboradores; que sean aquellos que, de alguna manera, también son beneficiados del poder o de la máxima autoridad que puede tener aquel que instaurado el Reino de Dios.

Miren hermanos no es palabra más equivocada, que aquello, no es actitud más equivocada. Pero por eso el Señor responde muy evidente y muy claramente: ¿Ustedes serán capaz de beber el cáliz que yo he de beber? Los discípulos se pavonean, claro que si somos capaces de todo esto. El Señor, irónicamente, porque tiene también estas formas, el Señor tan peculiar y tan bella de decir: Seguro que beberán pero no al estilo que ustedes piensan, porque el que ha venido para instaurar este Reino es para que pueda ser servidor de todos.

Esta es la misión, si hoy celebramos este domingo, vean que ponemos las palabras, decíamos del Papa. Estamos celebrando bajo esta perspectiva. Estamos reconociendo primero a Jesucristo nuestro Señor, aquel que ha instaurado un Reino diferente y una postura diferente. Somos de aquellos que queremos ser discípulos del Señor por tanto, servidores de todos.

La iglesia debía anunciar el Evangelio en este sentido, de anunciar un Evangelio que con humildad, con humildad, con sencillez, anuncia la salvación alegremente anuncia la salvación. Pero que no pasa por la autoridad o el poder que no pasa porque uno está encima del otro. Este poder y esta autoridad, es sometida justamente al servicio de los demás en la humildad y en la sencillez. Por tanto no busquemos grandezas.

Nosotros queremos ser discípulos, eternamente discípulos del Señor. Y si lo somos así, en esta sencillez, reconociendo y profesando la fe del Señor, por tanto entramos siendo también misioneros. Esta es nuestra identidad, la identidad del Señor es la identidad nuestra. La identidad de la iglesia es la identidad nuestra.

Es posible, por tanto, hoy junto con tantos jóvenes que están también celebrando hoy, este sínodo de la juventud; somos capaces en este mundo de que en esta tierra tenemos una misión. Es lo que está diciendo el Papa. Todos hemos sido llamados a una misión en concreto y en particular, no se trata de ser sacerdote o religiosa o tener un campo de autoridad en uno u otro sitio. Si hemos nacido en este mundo es para que podamos tener y compartir la misión del mismo Señor donde nos toca vivir. Somos enviados por Él, llamados por Él, convocados por Él para anunciar este reino.

Estamos impulsados a que nuestra existencia está en este movimiento constante de la misión, que compartimos de nuestro mismo Señor. Y esta misión refuerza a la fe, por tanto refuerza en nuestro ser discípulos.

Se dan cuenta porque entonces Aparecida, el acontecimiento de Aparecida hace algo fundamental, pone a la Iglesia en permanente misión. Y segundo estas dos palabritas las une de tal manera: discípulos misioneros, y no le pone ni siquiera ningún adjetivo. No le dice no dice discípulos y misioneros o discípulos también misioneros, simplemente ni siquiera le pone el guion. Simplemente la convierte como si fuera una sola realidad, somos Discípulos Misioneros. Nuestros ser discípulos tiene que ver con nuestra misión, y nuestra misión fortalece nuestro ser discípulos. Por tanto, nuestra actividad, y la fe es fundamental, es una misma realidad.

Jóvenes, hermanos y hermanas, de verdad que este movimiento nos ponga en tal entusiasmo, en tal alegría, en tal sencillez y que anunciemos esta Alegría del Evangelio, siempre. La verdad que conducen al sentido de la existencia en esta tierra. Si somos poseedores de algo es de Jesucristo Nuestro Señor, que lo queremos anunciar a los demás.

Todo esto exige corazones abiertos, receptivos, a esta presencia amorosa misericordiosa y serena de un Jesús está presente en su Iglesia y que nos llama también a ser anunciadores de este Reino. Nadie es tan pobre que no puede dar lo que tiene, nadie da lo que no tiene, cierto, nadie da lo que no tiene. Si tenemos un poco experiencia, si en esta sencillez hemos descubierto al Señor, somos misioneros porque anunciamos lo más grande que podamos tener en el corazón.

Iglesia misionera, por tanto, les invito a que de verdad nos alegremos aquí en Cochabamba. Evidentemente no somos muchos los que hemos asistido a esta Eucaristía, lo hacemos en nuestras parroquias, lo hacemos en nuestras distintas comunidades, pero que de verdad este sentido y este vivir este DOMUND sea también, sobre todo también, aquello de que nosotros queremos reforzar esta fe, este amor siendo discípulos misioneros. Y que esta jornada nos revitalice y puede ayudar a nuestra Arquidiócesis a tomar y asumir bien lo que es su ser como Iglesia Misionera, en esta iglesia local.

Amén

Carta Pastoral 2017

pcp

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