Martes 13 Noviembre 2018

Este domingo 7 de octubre vigésimo séptimo del tiempo ordinario, P. Carlos Curiel, Vicario General de la Arquidiócesis presidió la Eucaristía Dominical, realizando también la homilía al pueblo de Dios en Cochabamba.

Tomando las Sagradas Escrituras, de este domingo, P. Carlos centró su prédica en tres aspectos muy importantes para la vivencia actual: La igualdad de género, pues Jesús mismo ha venido a establecer la dignidad de varón y de mujer, que se complementan.

También destacó la defensa de la familia, que durante el último tiempo ha sido atacada para ser dividida y destruida, con ello pidió defenderla y cuidarla, pues el lugar donde el amor de Dios se refleja en plenitud. Con ello se refirió a las palabras del Señor, por los niños, pues son ellos que expresan la unidad y la presencia del corazón del creador.

Video y Texto de la Homilía

Los autores de este libro, del Génesis, inspirados por Dios describen de tal manera esa belleza del amor de Dios en la creación del varón y la mujer. Y lo hace tan artísticamente que nos remite a una de las actividades que se desarrollaban en ese día, la artesanía. Tomó arcilla y desde ahí modeló, modeló al hombre.

Pero de qué manera tan bella después nos describe que Él está pendiente de cada uno de nosotros cuando nos dice: no conviene que el hombre esté solo, voy a hacerle a alguien. Y siguió modelando toda la creación, creó los animales llamó al hombre para ponerle nombre y no vio nada parecido a él. De qué manera tan bella también nos narra ese encuentro del hombre y la mujer; cuando nos dice que los sume en un sueño profundo, le quitó una costilla, modela la mujer rellena de carne y se encuentran varón y mujer.

La alegría de ese hombre cuando dice: esta sí es carne de mi carne, cuando dice precisamente esta belleza del amor y cuando les dice que esta mujer, esta que me encuentro es de lo mismo, huesos de mis huesos, carne de mi carne; igualdad de dignidad en ese amor que Dios ha infundido en sus corazones.

Esa igualdad de dignidad a lo largo del tiempo se ha venido dando, pero también se ha venido deteriorando. Se ha venido deteriorando de tal forma que el varón ha creído, muchas veces y a lo largo de la historia y de muchas culturas, que es superior a la mujer, porque ha sido tomada de Él.

Precisamente este autor nos quiere reflejar la igualdad de las personas en la expresión del varón al encontrarse con ella. Y también no los dice al final de la lectura de este párrafo del Génesis: Por eso el hombre deja a su padre y su madre se une a la mujer y los dos llegan a ser una sola carne, una sola carne en esa igualdad de dignidad, en esa igualdad en el amor de Dios.

Por qué es que nos hemos empeñado en deteriorar la belleza del amor de Dios; cuando se deteriora también la visión del hombre acerca de la mujer poniéndola por debajo de él y no reconociendo esa igualdad de dignidad.

Pidamos al señor para que nuestras culturas, que tantas veces son machistas infunda el corazón de los varones el reconocimiento la plenitud del amor de Dios en la mujer, de tal forma que puedan descubrir que en esa belleza del amor se refleja el amor mismo de Dios, con mayúscula; ese amor tan grande, ese amor que todo lo puede, ese amor incondicional.

Por eso que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida, nos bendiga y nosotros los bendigamos a Él. Cómo bendecir a Dios: cuando vivimos el amor en plenitud. Cómo bendecir a Dios: cuando nos reconciliamos, cuando ha habido una ruptura en el amor y nos reconciliamos. Cómo bendecir al Señor, bendecir, bien decir, hablar bien de Dios. Y se habla bien de Dios cuando se vive el amor, en plenitud, compartido como el mismo Señor nos manda: ámense los unos a los otros como yo los he amado.

En la segunda lectura tenemos también esa belleza de que ese amor se va santificando a lo largo de nuestra vida. ¿Será que dejamos espacio en nuestra vida para que el Señor infunda su amor, por la fuerza del Espíritu Santo y vayamos caminando en esa santificación? De qué manera también, tan bella, nos dice: porque el que santifica y los que son santificados tienen, todos, un mismo origen. Nos vuelve a repetir la dignidad de todos, de todos por igual, de todos, varones y mujeres ricos y pobres, de todos aquellos que la comunidad humana, tenemos esa igualdad de santidad y hemos sido llamados a vivir la santidad, porque tenemos un mismo origen: el amor de Dios.

Y precisamente nos encontramos con este pasaje del Evangelio, donde unos fariseos van a poner a prueba a Jesús. No van a aumentar su conocimiento, van a ponerlo a prueba; y por eso el mismo Jesús se remite a Moisés, porque estos son supuestamente endurecidos por esa ley. Y digo endurecidos porque la ley del amor de Dios ha sido para nuestra libertad; sin embargo se han endurecido su corazón y han convertido la ley en una jaula de la cual no nos podemos salir.

Jesús les hace ver esa realidad. Qué es lo que Moisés les ha ordenado: Moisés nos ordenó y nos permitió redactar una declaración de divorcio, y les dice: si Moisés lo hizo fue por la dureza de su corazón y lo hizo, quizás forzado, porque ustedes veían en la mujer que la podían dejar en cualquier momento de su vida, de su vida de unidad, de su vida de unidad en el amor.

Jesús está salvaguardando la unidad en el amor. Jesús está salvaguardando la dignidad de la persona y entre ellos rescatando la dignidad de la mujer, pisoteada a lo largo de la historia de la humanidad.

Qué manera tan bella, como Jesús se remite, también, a la creación cuando le dice que el hombre y la mujer han sido uno solo han sido una sola carne, de manera que ya no son dos sino una sola carne, que el hombre no separe lo que Dios ha unido.

Queridos hermanos pidamos por nuestros matrimonios, pidamos por nuestras familias de nuestra comunidad cochabambina, de nuestra comunidad boliviana. Pidamos por tantas familias que están sufriendo, día a día, los atentados de separación, los atentados de división, los atentados de violencia.

Pidamos por nuestras familias y en ellas demos también un lugar importante a nuestros niños como Jesús también hoy no los dice en el Evangelio, en el reflejo de sus padres en, el reflejo de ese amor vivido como una sola carne, bendecida por Dios, en ellos también reflejarán el amor y la dignidad del niño en medio de la familia.

Que nuestras familias sean un auténtico hogar, donde el amor de Dios reside en sus corazones y que nada ni nadie separe esa unidad, en ese amor. Porque lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.

Que así sea.

Carta Pastoral 2017

pcp

Video destacado

Radio Arquidiocesana San Sebastián

 

El Santo Padre