Domingo 16 Diciembre 2018

Este pasado domingo vigésimo sexto del tiempo ordinario, siguiendo la enseñanza de Jesucristo a sus discípulos, se reflejaba la verdadera misión de quien sigue al Señor.

Mons. Oscar Aparicio, en su homilía, recordó que todos estamos llamados a cumplir con la tarea dejada por el Señor de anunciar y hacer presente su Reino en medio del mundo, pero mencionó que aún se repiten actitudes de egoísmo donde el discípulo del Señor cree ser dueño de todo y no hacer parte a los demás.

Destacó que como discípulos no podemos encerrarnos en cuatro paredes, más bien debemos salir a anunciar al buena notica, pues sería un escándalo para los hermanos si teniendo los dones y gracias solamente los usamos para servicio personal.

Video y Texto de la homilía

Muy queridos hermanos y hermanas, continuamos esta forma de que Marcos. El Evangelista Marcos nos ha ido anunciando durante estos domingos; el quién es Jesús.

Habíamos dicho ya que Él poco a poco va desvelando su identidad, es decir quién es Él y el para qué viene también este mundo. Y por otro lado es este Maestro, es este Señor que enseña a sus discípulos, los forma a este pequeño grupo de discípulos que Él ha elegido; que los ha hecho caminar junto a Él, los va formando, les va indicando cuál es su misión y el cómo también tendrían que hacerlo.

Hoy, el Evangelio da un paso más, está hablando, en concreto, de la necesidad, ciertamente, de esta apertura al Espíritu de Dios pero también que no es algo como propiedad privada de los discípulos; si no está en una apertura a lo que viene a ser también el modo de revelarse de Dios y que está anunciando a todos, esta palabra. O el Reino de Dios que debe llegar de manera inminente, que deberíamos construir o que deben aportar los discípulos, en la extensión de este Reino de Dios, pero que está justamente al servicio de todos.

Dios es Dios, el discípulo no es Dios. El Maestro es el Maestro, que debe anunciar a todos y no es aquel que está encerrado en cuatro paredes; sino que más bien habla y comunica a todos. Por eso qué bonito es y qué bien, qué buen sentido tiene que hoy, justamente 30 de septiembre, estamos clausurando el mes de la Biblia. Y que el lema que nos ha acompañado, ojalá haya sido también en nosotros como algo que se ha cumplido; cuando habla de la comunidad cristiana y le invite a decir: Tú, que has escuchado esta palabra debes salir a anunciar esta palabra; haberla vivido y haberla hecho conocer a los demás y además ser constructores del Reino de Dios.

Vean qué buena sintonía tiene aquello que hemos debido vivir durante este mes, resaltando la Escritura la Palabra de Dios

Retornamos a lo que estábamos teniendo como formación también para nosotros, de parte de la liturgia de la palabra hoy. De hecho, cuando comienza el Evangelio de Marcos dice: Juan dijo a Jesús: “Maestro hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y tratamos de impedírselo porque este no es de los nuestros”

Probablemente este no sigue a Jesús, este no es discípulo, no es discípulo cercano de Jesús pero es uno que en su nombre echa demonios; quiere decir que entonces también el hecho de la profecía ha llegado y la extensión del Reino de Dios debe hacerse presente.

Aquí hay una actitud que los discípulos deben corregir o deben ampliar el horizonte. Por eso Jesús remarca y los forma de esta manera: “No se lo impidan porque nadie puede hacer un milagro en mi nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros”.

Hermanos míos, cuál es el peligro de los discípulos, de la iglesia, de los llamados, de los constructores del Reino de Dios, de la Iglesia diríamos inclusive: encerrarse en sí mismo, de manera egoísta; creer que somos o son propietarios del Reino de Dios o de la Palabra de Dios o inclusive de Jesucristo.

Este es un gran riesgo, es lo que de alguna manera Santiago está hablando; es decir: un rico que cree que de la riqueza deviene la satisfacción en la vida, la realización de todo, o que es el fundamento en la vida, se equivoca grandemente. Porque en realidad el egoísmo, o el encerrarse en sí mismo, no consiguen absolutamente nada.

El ser humano, por tanto, aquellos que somos parte también una comunidad que está llamada a la intimidad con el Señor. Estamos llamados a algo fundamentalmente imprescindible; a que esto que tenemos en el corazón aquello que hemos recibido debe ser dado a conocer a los demás, es en función de. El pueblo de Israel, si se queda encerrado en sí mismo; puestos grandes, diríamos lo que aparece en la primera lectura cuando Moisés convoca a los ancianos, estos grandes ancianos del pueblo, que después Dios mismo permite que el Espíritu pueda poseer a ellos y ellos hablen en profecías quiere decir que es algo fundamental del ser humano.

Dios llega a todo ser humano para que estos estos sabios, para que estos profetas, para que el pueblo de Dios para que los discípulos, para que nosotros si hemos sido llamados y convocados, estemos en función de la construcción del Reino de Dios, anunciando a todos este Reino de Dios.

Miren hermanos qué cosa más fantástica, si se nos permite la intimidad del Señor, si se nos permite ser discípulos del Señor. Si se nos ha llamado y convocado para hacer parte de esta iglesia, aunque podamos ser los primeros beneficiados, estamos en función de y los demás; de que este Reino de Dios pueda hacerse presente, en este mundo, en todas las familias, que todos escuchen su Palabra, que todos sean hombres mujeres del Espíritu de Dios, que todos sigan a Jesús.

Evidentemente después queda a cada quien, aceptarla o rechazarla. Pero la función del discípulo, la función de los ancianos, la función del profeta, la función del pueblo de Dios, la función de la iglesia está en este sentido: tener al Señor para anunciarlo a los demás. Quién está con nosotros no está contra nosotros, dice el señor.

El primer aspecto que creo que aparece hoy, de manera muy evidente también, cómo Jesús enseña a sus discípulos. El segundo momento Jesús hace una afirmación muy evidente: “Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo”. Si son de Cristo, si son discípulos, si anuncian el Reino de Dios, no sé encierren en sí mismos, sino más bien sepan que aunque son beneficiados, de esta buena noticia. Está tomado en cuenta lo que puedan hacer de parte de Dios y los reconocerán también los otros. Pero, y aquí viene el tercer aspecto, hay de aquellos que escandalizan a los más pequeños. Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar.

Si uno se hace propietario de la Palabra de Dios. Si uno egoístamente cree que es el poseedor de todo, si uno que tiene el Espíritu y no lo anuncia a los demás, escandaliza a los más pequeños que tienen fe. No sólo se trata entonces del pecado, que puede escandalizar. Se trata justamente de esta actitud de egoísmo profundo que no permite que el Reino de Dios llegue a los demás.

Por eso dice al final sería mejor que corran la suerte de los ricos, como decía Santiago o que definitivamente no existieran. Porque no han sido llamados para esto.

Por eso habla muy claramente, aunque no hay que tomar de manera literal lo que sigue en el Evangelio cuando menciona: Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la vida, manco, que ir con tus dos manos al infierno, al fuego inextinguible. Y si tu pie es para ti ocasión de pecado córtalo, porque más te vale entrar viciado en la vida que ser arrojado con tus dos pies al infierno. Repito no es cuestión de literal se trata, en el fondo, de aquello que impida a la construcción del Reino de Dios, en nosotros mismos, debe ser también entonces enmendado.

Debe haber esta apertura a no sólo recibir el Espíritu de Dios sino a anunciarlo. Si tu ojo es para ti ocasión de pecado arráncalo, porque más te vale entrar con un solo en el Reino de Dios que ser arrojado con tus dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Hermanos míos acojamos esta palabra, junto al lema del mes de la biblia “comunidad cristiana, discípulos salgan anuncien el Evangelio, anuncien a Jesucristo nuestro señor construyan el Reino de Dios en medio de ustedes

Amén

Carta Pastoral 2017

pcp

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