Sábado 22 Septiembre 2018

Este pasado domingo 23° del Tiempo Ordinario, fue dedicado a la Jornada Nacional por la Migración, temática central que Mons. Oscar Aparicio puso en su homilía, durante la Eucaristía en la Catedral.

Mons. Oscar se refirió a la difícil situación que muchos bolivianos han vivido, en el transcurso de la historia, al dejar su patria por motivos sociales, políticos y económicos. Mencionó que hay inmadurez en un país cunado sus ciudadanos salen expulsados.

Destacó además las palabras del Evangelio en las que se muestra que Dios hizo bien todas las cosas. De forma particular se refirió a Bolivia y Cochabamba buen el Señor derramó grandes bendiciones sobre esta tierra. Somos las personas que con un corazón corrompido y con ansias de poder está destruyendo el buen convivir y la casa común

Video y texto de la homilía

En la palabra que hemos escuchado, primero está este hecho de la Jornada del Migrante a nivel nacional, de los migrantes, de la situación que tantos hermanos y hermanas han podido vivir. Estamos hablando a nivel nacional por tanto hablamos concretamente de Bolivia.

Muy rápidamente sabemos, creo todos, algunos datos muy claros y evidentes; que en la década de los 60 hay una gran fuga, sobre todo de profesionales o que van a otros lugares migrando de este país. Hacia la década de los 80 muchos perseguidos, deportados, exiliados, en gran cantidad que también son, al ser expulsados migrantes en otros países.

Vivimos nosotros en la situación concreta, más cercana probablemente de cantidad de hermanos, hermanas, familias, que han podido emigrar para buscar mejores condiciones.

Cochabamba es un hito, cuántas familias de cochabambinos esparcidos por varios lugares sobre todo en España, en Italia, en Argentina en Estados Unidos, buscando mejores condiciones.

Hoy de alguna manera todavía vivimos todas aquellas situaciones de miles, miles de familias, miles de emigrantes. En los datos así tal vez no tan basados en datos específicos, pero más o menos sabemos que un promedio, de los 11 millones de habitantes que
Tiene, por el censo, por lo menos Bolivia, al menos cuatro están fuera. Es decir podemos llegar a ser unos 15 millones de bolivianos en el mundo entero, diríamos así. Hasta se dice no es cierto, la característica de donde hay una banderita blanca hay un cochabambino y entonces está en el Asia, en el África y hasta en la luna no es cierto, se habla así a nivel de
Broma.

Hermanos míos estamos hoy en este acontecimiento, festejando, celebrando, reflexionando en una jornada dedicada justamente a la migración, que ha sufrido nuestro país o que está sufriendo nuestro país. Digo sufre porque en realidad, si por muchas causas han debido emigrar tantas personas, tantos bolivianos y ahí se conlleva la cantidad también de situaciones difíciles de vivir una pobreza y unas limitaciones y unas marginaciones muy, fuertes muy serias.

Que el señor nos ayude a todos que ayude a este país. Un país que expulsa a sus ciudadanos es un país inmaduro. Que Señor ayude a este país, que nos ayude a nosotros.

Y lo segundo justamente está para nosotros, aquí en Cochabamba, es este aspecto de la libertad. Hay todas estas escenificaciones, toda esta independencia todos estos movimientos, la Virgen de la Merced que ha sabido recorrer con las heroínas, que ha sido la primera revolucionaria, la primera conquistadora de la libertad. En realidad estamos hablando y un pueblo, también, que busca entonces, busca afanosamente también esta libertad; de ser aquellos hijos e hijas que viven en este mundo, en esta tierra; que sean también dignos de aquello que Dios mismo nos está regalando.

Qué tiene que ver todo eso con las lecturas de hoy, qué tiene que ver, en qué coincide. Vean hermanos yo quisiera partir por la última parte del Evangelio. La gente estaba admirada porque todo lo hace bien, hace oír a los sordos, ver a los ciegos y caminar a los cojos. Todo lo ha hecho bien.

Es verdad que son palabras definidas a Jesús, pero es palabras referida también a un Dios que interviene en la historia de las personas. Si nosotros hiciéramos un recuento de nuestra historia personal, y también de nuestra historia nacional o comunitaria, social, hay que reconocer que Dios ha intervenido en nuestra historia siempre, para bien

Si nosotros nos tuviéramos que remitir a la historia universal. Dios lo ha hecho todo bien o si más tenemos que recurrir a la creación de Dios podemos decir, todo lo ha hecho bien. Hoy que el medio ambiente está, la verdad, herida de muerte pero no es por Dios, es por nosotros. Si hoy tenemos que cuidar la casa común más que nunca o anunciamos es porque la hemos dañado nosotros. Es decir Dios lo ha hecho bien, Dios ha hecho bien. Cada uno de nosotros puede decir qué bueno ha sido Dios con nosotros, ha hecho bien este país, lo ha hecho bien.

Los Cochabambinos siempre decimos, ya me incluyo yo, decimos que lo mejorcito que hay aquí, lo mejorcito de Bolivia es el corazón de Bolivia en Cochabamba, cierto después hacen chistes de todo tipo

Pero quiere decir que Dios ha sido bueno. Dios nos ha concedido una tierra de verdad bendecida, nos conduce en nuestra historia. Dios ha creado estos pueblos. Dios, como hijos e hijas nos toma la predilección, y ha hecho también las cosas que sobre todo, a los que más lo necesitan los han tendido con mayor pleitesía. Por eso dice hace escuchar a los sordos, hace caminar a los cojos. Estamos admirado de eso.

Hermanos míos esta es la primera evidencia que la Palabra de Dios nos presenta hoy. El Señor Jesús, de parte suya, en sus planes, en su historia, en su manera de estar en la historia, en su modo de manifestarse; tenemos que reconocer y decir exactamente como aquella gente que bien, todo lo ha hecho bien, absolutamente todo. Por eso damos gracias a Dios, por eso celebramos también la Eucaristía. Por eso damos gracias a Dios por nuestras familias por nuestra tierra.

Por eso damos gracias a Dios por nuestra historia que se debate en la necesidad de tener una gran libertad que se debate en búsqueda de verdadera democracia; porque al final la política qué es, si no es el trabajo de la búsqueda del bien común de todos.

Por eso damos gracias a Dios, pero al mismo tiempo nos desafía, nos desafía esta Palabra; porque al mismo estilo que Dios actúa deberíamos actuar nosotros. Si nosotros no cuidamos nuestras relaciones, no nos vemos como hermanos, no sólo no estamos obedeciendo a Dios sino que algo de nuestra naturaleza está torcida.

Si entramos en el corazón que se corrompe, como decíamos el anterior domingo, no es lo que daña del exterior al ser humano, sino lo que sale del corazón del ser humano. Si cultivamos envidias egoísmos, separaciones, divisiones, violencias, si cultivamos en nosotros el no cuidado a esta casa común, si cultivamos el poder en base a que otros no lo tienen. Si queremos solo y únicamente para nosotros mismos, si cultivamos un egoísmo, si las políticas sociales no van en el bien común, si los gobiernos y las sociedades solo piensan en sí mismos y se convierten en totalitarismos, estamos incumpliendo esta Palabra que hoy nos ha anunciado.

Si expulsamos a nuestros ciudadanos, obligamos a expulsarlos; hay mucha gente que hoy está también fuera, por las situaciones sociales que se vive en nuestro país. Y hay mucha gente que dice mejor me voy; como lo que acontece en Venezuela o la difícil situación de Nicaragua, cientos de muertos y miles de heridos, afectados por la violencia.

Hermanos míos que de verdad nosotros podamos acoger esta palabra, no sólo admirarnos por lo que Dios ha hecho o por lo que Jesús ha hecho tanto bien, que nos libera. Gestores de libertad tendremos que ser nosotros. Gestores de paz tendremos que ser nosotros. Gestores de fraternidad y construcción del Reino de Dios tendremos que ser nosotros, en el lugar donde nos corresponde.

Que este aniversario entonces también que se avecina, de Cochabamba, pueda traernos todo este entusiasmo, este ánimo de poder construir una sociedad que sobre todo tiene mayor atención a aquellos que no oyen o que no caminan. Que el Señor nos ayuda a todos

Amén

Carta Pastoral 2017

pcp

Video destacado

Radio Arquidiocesana San Sebastián

 

El Santo Padre