Sábado 20 Octubre 2018

Son las palabras de invitación de Mons. Oscar Aparicio, en su homilía, para que todos, siguiendo el Evangelio estemos atentos y podamos ser dadores de vida a los demás, con la misma vida, con el mismo ejemplo.

Mons. Oscar destacó además el compromiso de ser misioneros dejando casa, patria y costumbres, por ir al encuentro del hermano. Así como fue la figura de los hermanos alemanes que iniciaron misión en Ayopaya hace 50 años. Destacó la figura de Padre Manfredo Rauh, de quien descansan ahora sus restos en CADECA, una de las obras que impulsó, para los hermanos y hermanas del área rural.

Video y texto de la Homilía

Porque también más tarde queríamos que Monseñor Luís y Padre Alejo puedan estar o decir las palabras también en referencia a la persona de Padre Manfredo, y de alguna manera en toda la misión de estos hermanos que han también, de alguna manera, ha dado la vida y ya gozan del reino de Dios.

Digo las palabras porque en realidad aunque yo no soy testigo de todo esto; de hecho al Padre Manfredo y a muchos otros no los he conocido. Sin embargo apoyándonos en la Palabra de hoy, seguramente que no me equivoco si digo algo referente también a estos misioneros, o este tiempo, o este hecho de lo que ha tomado cuerpo y carne aquí en medio de nosotros.

Por ejemplo cuando Pablo anuncia y dice: he sido enviado a anunciar el Evangelio, la buena noticia. Es el Apóstol, es el enviado es el misionero es aquel que con un motivo en realidad sale de su tierra o sale de sí mismo; produce una conversión real y va a anunciar o participa de la misma misión del Señor. El motivo por tanto de esto que estamos celebrando hoy, de este agradecimiento en la Eucaristía es justamente este anuncio del Evangelio.

La iglesia es misionera de por sí en su propia naturaleza, por tanto agradecemos profundamente a Dios que permite en todo tiempo, en toda circunstancia y en este mundo entero que la Iglesia pueda todavía ser anunciadora del evangelio de la buena noticia de Jesucristo Nuestro Señor.

El hecho por tanto de partir de desde casa, el hecho de partir de una familia, de un pueblo, de una iglesia, marchar a otra iglesia ya es un motivo de agradecer porque es el Espíritu, que de alguna manera provoca esto. Pero al mismo tiempo aquel que ha venido a evangelizar es evangelizado y eso es lo hermoso de esta dinámica que existe en este mundo.

Si damos gracias a Dios por los misioneros, porque ha nacido una experiencia de misión aquí en esta tierra también concretizada en otras iglesias, otros pueblos, otros hermanos, en realidad viviendo y dando la vida acá; yo estoy segurísimo que la conclusión de muchos de aquellos no solo es dar gracias a Dios por haber conocido un pueblo sino por haber hecho experiencias.

Hemos venido para anunciar el Evangelio, porque al fin y al acabó la hermandad de iglesias es siempre recíproca, de un lado y de otro.
Por otro lado está este hermoso y grande Evangelio a veces uno dice qué referencia puede tener con todo lo que estamos viviendo. Este episodio de las vírgenes prudentes y las necias, que así se llama; qué puede ser, qué puede significar.

Yo creo que hermanos no hay que hacer demasiado esfuerzo para darnos cuenta que de verdad todos estamos llamados a estar dentro, de esta atención de saber que si hemos sido llamados a estas bodas del Señor, o que viene el esposo y hay que participar en este banquete. En realidad fundamentalmente es estar cargados también de este aceite, de este Espíritu, de esta caridad de este amor. Y dónde lo encontramos sino también en esta fraternidad de hermanos.
Por tanto hermanos creo que la invitación también de muchos hermanos que han sabido de aquellos prudentes: hermanos y hermanas, diríamos así. Aquí habrá que poner a todos los que nos han antecedido y que han hecho la buena carrera, han cumplido bien su misión, han sido llamados a estas bodas, a este gran banquete y se han presentado; entonces también con dignidad y sabiendo cargados también de aquello.

Cierto que cuando uno mira atrás siempre queda corto, no es cierto, no sé si a ustedes les pasa. Cuando evaluamos una situación decimos podríamos haber hecho más. Cuando nos vamos de una misión de pudo haber sido mejor, esto, esto, esto otro. O cuando uno llega, me imagino, a un momento concreto donde por ejemplo tiene que jubilarse o por ejemplo sabe que ya más o menos la edad le avanzado dice podía haber hecho, sería bueno nacer de nuevo, sería bueno ser enviado nuevamente. Siempre quedamos cortos siempre, siempre.

Sin embargo en la gratuidad del Señor esto se hace presente y se hace también semilla importante y creo que lindísima la relación que hoy tiene con este misionero Manfredo, de poder trasladar sus restos aquí, a este lugar; para que seamos también semilla, buena semilla, vírgenes prudentes; de aquellos anunciadores del Reino de Dios que cumplen bien su misión y que el Señor nos acompaña.

Por tanto vean que hay miles y miles de motivos para agradecer profundamente al Señor. Les invito entonces que sigamos con esta Eucaristía sabiendo que después tenemos también este otro momento y Padre Alejo, como Monseñor Luis también nos podrán decir algo allí cuando hacemos este este momento oportuno también de depositar los restos del Padre Manfredo en este lugar ha amado tanto y ha construido.

Amén

Carta Pastoral 2017

pcp

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