Domingo 16 Diciembre 2018

Este pasado domingo, la Celebración Eucarística dominical, en la Catedral Metropolitana de San Sebastián, tuvo un matiz muy importante con la visita de la Virgen de Urcupiña, que estuvo en algunas parroquias y centros de la Arquidiócesis de Cochabamba.

Mons. Oscar que preside la Eucaristía, en su homilía, destacó el gozo por la visita de la Mamita de Urcupiña. Destacó que se presenta un paralelismo muy hermoso en el suceso que nos presentó el Evangelio de la multiplicación de los panes, con la figura de la Virgen de Urcupiña que visitaba a sus hijos en Cochabamba.

Remarcó que ella, al igual que su hijo, se conmovió por cómo sus hijos están viviendo, se hizo peregrina para caminar con ellos y hacerse parte de ellos. Dios de si para dejar consuelo y esperanza.

Es, con base en esta actitud, que también el Señor nos invita, al igual que ese niño que entregó sus panes y peces a que también nosotros podamos dar de los nuestro para contagiar a los demás ese amor que hemos recibido de Dios por medio de su madre. Invitó par que sea un compromiso para con quien sufre, para aquel que necesita de nosotros.

Video y Texto de la homilía

Muy amados hermanos y hermanas. La palabra de Dios hoy es abundante y de una continuidad con todo lo que en estos pasados domingos, días del Señor, hemos estado escuchando y la propuesta que

Dios hace un Dios providente un Dios misericordioso, alguien que nos ama profunda y entrañablemente, que camina con nosotros en la figura de Jesucristo Nuestro Señor. Invitándonos a ser también aquellos misioneros, discípulos suyos, a tomar las mismas actitudes de Jesús como el Buen Pastor y cuidar nuestra grey. A ser aquellos que anuncian la alegría del Evangelio. Aquellos que tienen al Señor y lo pueden dar a conocer a los demás.

Hoy la propuesta va en la misma sintonía, en esta palabra. Sin embargo estamos viviendo esta particularidad de la visita de la Virgen María entre nosotros, nuestra Mamita de Urcupiña. Y yo me quedo sorprendido en cómo el paralelismo de la palabra de hoy se aplica, de Jesucristo a su Madre. Por eso quisiera, para no redundarán demasiado y hablar demasiado también, simplemente destacar algún aspecto del Evangelio de hoy

Y cuanto para el mismo tienen aquello que nosotros también estamos viviendo teniendo a María entre nosotros. Se habla de Jesús, Él a través atraviese el lago de galilea el mar de galilea llamado Tiberíades y lo seguí a una gran multitud.

Hemos escuchado en otros evangelios también, incluso la vez pasada, que Jesús quería descansar; llama a sus discípulos de apartarse y cuando llegan a la otra orilla encuentran también esta multitud. Hoy dice que muchos lo seguían en grandes multitudes porque sanaba a sus enfermos.

Multitud normalmente en el Evangelio, cuando se menciona de multitud se habla de aquellos sufrientes, aquellos que padecen de hambre, aquellos que adolecen de algo, aquellos enfermos, aquellos que tienen situaciones concretas de sufrimiento, los marginados, los pobres, los pecadores; los que viven en la soledad o en la frustración. Multitud es aquel sinónimo, diríamos así, de necesitado ya sea de amor o también de pan.

Jesús atiende o los miran con misericordia. Jesús los ama. Jesús se hace providente a ellos. Miren hermanos qué hermoso paralelismo: si Jesús sale, la Virgen sale, si Jesús es peregrino y camina en esta tierra para compartir su vida con nosotros, la Virgen, la Mamita de Urcupiña camina, se hace peregrina, se hace cercana a sus hijos y a sus hijas. Se hace cercana a nosotros, sobre todo a estas multitudes. Y hay que reconocerlo hermanos, estos días son multitudes y multitudes de gentes que han saludado a la Virgen, que han ido a verla. La demostración incluso es hoy, esta Catedral está sumamente llena porque nuestro propósito es, como multitud, como necesitados, acudir a la Virgen Madre.

Qué bueno de verdad ha sido. Sería bellísimo tener los testimonios de tantos. Sería hermoso hasta escribir los testimonios de tantos, porque es imposible ahora poder remitirlos; de cuánta gratitud, cuánta paz, cuánto consuelo ha traído la virgen, cuánto mensaje de parte de Dios.

Al ver los ojos Jesús vio una gran multitud que acudía a Él. Es el mismo paralelismo de la Virgen Madre. Al levantar los ojos vio la necesidad de sus hijos, en el municipio de Colcapirhua, de Tiquipaya. Sorprendente la situación que se ha podido vivir en los damnificados del lugar donde han habido las riadas.

Vio la multitud que ha acudido vio sus necesidades porque el ver de Jesús es profundo. No es solamente dar una ojeada, es un ver profundo, ver el corazón de las personas, ver las necesidades de las personas. Otros evangelios hablan y dicen: vio y se compadeció, padeció con. Sus entrañas se conmovieron por ver tales necesidades de esta gente. Y dijo a Felipe: Dónde compraremos pan para darles de comer. Ha percibido sus necesidades, ha percibido su hambre.

Él decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a ser. Cuántas preguntas, cuántos cuestionamientos a todos nosotros no sólo aquellos que han acudido a la Virgen Madre. Cuántos desafíos, cuántas preguntas de parte de Dios. Donde compraremos tanto pan. Cómo les daremos de comer a esta gran multitud hambrienta. Doscientos denarios no bastarían para cada uno y para dar de comer un pedazo de pan no sería suficiente.

De parte de Felipe ratifica que: somos muchas veces incapaces de partir. Que somos incapaces de ver aquel mensaje grandioso que nos trae también la Virgen. La pregunta se nos devuelve a nosotros. ¿Qué haces tú para compartir el pan? ¿Qué haces tú para estar cercano al más pobre? ¿Qué haces tú para poder consolar al que no tiene consuelo? ¿Qué haces tú para que exista la paz en este mundo? ¿Partes tu pan?

Uno de los discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados pero ¿qué es esto para tanta gente? Se supone hermanos que este niño ha puesto a disposición lo que tenía, lo poco que tenía. Miren que es un niño.

Que hermoso y gran paralelismo hoy, este año donde los jóvenes están invitados, sobre todo a transmitir esta alegría de la presencia de María y al igual que ella transmitirlo a los hermanos. Probablemente son los jóvenes aquellos que ponen los panes y el pescado. Son aquellos que también comparten. Son aquellos que han descubierto que el sinsentido en la vida es profundo y es necesario llenarse del amor de Dios para poder hacerlo presente en medio de nuestras familias.

Si no hubiera este niño, si no hubiera este pan, no sería posible repartir entre esta multitud aunque sea poco, lo poco que se ha puesto es fundamental.

Hermanos míos hay un gravísimo problema hoy en el mundo, que también nos llega a nosotros: el profundo egoísmo. El tenerlo todo para sí mismo, o el conquistar todo para sí mismo el encerrarse en sí mismo. Por eso la virgen hoy, aquí en nuestra ciudad, en nuestras familias, es un anuncio profundo de salir de nosotros mismos, de ver las necesidades de los demás. Es una invitación profunda a las autoridades de preocuparse de los más necesitados, de buscar el bien común.

No podemos, ya sea por ideologías, ya sea porque queremos el poder apoderarnos de todo para que los otros tengan nada. En este mundo hay pan suficiente para todos. El grave problema es que algunos se lo apoderan.

El domingo pasado hemos reza por la situación difícil de Nicaragua, y años de la difícil situación en Venezuela. Que los poderosos se conviertan y sean capaces de mirar el hambre de su pueblo. Que nosotros seamos capaces de entregar los panes y los peces que tenemos.

Y aquí viene el gran milagro. Yo creo que es lo más hermoso que nos trae la virgen, no solo como algo bonito que está, que nos consuela, que nos da paz, que nosotros podemos admirar su belleza que bueno que ha venido nos ha traído consuelo ya es todo fantástico. Sin embargo debe dejar en el corazón de nosotros, algo fundamental. Esta capacidad de dar de lo nuestro. Que aparezca en nuestro mundo esta posibilidad de que compartimos el pan, partimos y compartimos.

Porque lo que más grande nos trae María es a su Hijo Jesús. Si tenemos un sentimiento profundo de paz, de alegría. Si nos admiramos de su presencia, si hemos venido y acudido en masas en multitudes es porque definitivamente nos trae el amor. Nos deja el amor, nos deja a su Hijo.

Eso es lo maravilloso de la Virgen de Nuestra Mamita. Nos ha traído a su propio Hijo que se hace pan, Pan partido para la vida del mundo se multiplica. Pero al mismo tiempo nos invita a que este pan salga también de nuestros corazones. Si Dios es providente nos invita a ser, también nosotros providentes. Si las veces pasadas nos invitaba a ser buen pastor y cuidar de nuestra grey, hoy nos invita también a que esta multiplicación de panes junto con Maria sea posible en nuestra vida.

Si algo que anunciamos aquí, hace tanto tiempo, es la unidad entre nosotros. Cuánta falta nos hace de este pan, cuánta falta necesitamos de comunión. Si nosotros no ponemos de nuestro empeño, si nosotros no dejamos que nuestro espíritu se llene de Dios, quien lo va a hacer.

Los invito pues entonces hermanos, hermanas, a que este gran milagro de multiplicación de los panes; que se ha producido hoy en medio nuestro, a través de la visita de la Mamita de Urcupiña pueda permanecer.

El señor nos ayude nos bendiga a todos y nuestra Mamita, la Virgen de Urcupiña que no nos deja, sino que permanece en medio de nosotros, también nos traiga consuelo, paz, bendiga a nuestros hogares; pero sobre todo nos impulse y nos ayude a tener las actitudes del mismo Señor. Porque queremos ser discípulos misioneros suyos, anunciadores de esta alegría del Evangelio, que también se traduce en esta multiplicación de los panes.

Amén

Carta Pastoral 2017

pcp

Video destacado

Radio Arquidiocesana San Sebastián

 

El Santo Padre