Viernes 20 Octubre 2017

Al rezar el Ángelus con los fieles y peregrinos que se dieron cita en la Plaza de San Pedro el tercer domingo de enero, el Papa Francisco comentó el Evangelio del día que nos presenta la parábola de Juan Bautista cuando al bautizar a Jesús en el río Jordán afirma: “¡Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”. El Santo Padre invitó a los numerosos presentes a imaginar esta escena evangélica, porque es decisiva. Sí, decisiva para nuestra fe y para la misión de la Iglesia, dijo. Puesto que la Iglesia, en todos los tiempos, está llamada a hacer lo que hizo Juan, es decir, indicar a Jesús a la gente.

El Papa Bergoglio recordó asimismo que el Bautista predicaba que el Reino de los cielos estaba cerca porque sabía que el Mesías estaba a punto de manifestarse, por lo que insistía en la necesidad de prepararse, convertirse y comportarse con justicia. A la vez que añadió que sabía que el Consagrado del Señor traería el verdadero bautismo, es decir, el bautismo en el Espíritu Santo, tal como se lee en la descripción del Bautismo de Jesús.

Después de afirmar que Jesús es el Mesías, el Rey de Israel, que como Cordero de Dios, toma sobre sí y quita el pecado del mundo, tal como lo indica el mismo Juan con las palabras: “¡Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”; Francisco dijo que se trata de las palabras que todos los sacerdotes repiten diariamente en la Misa. Y explicó que este gesto litúrgico representa toda la misión de la Iglesia, que no se anuncia a sí misma, sino que anuncia a Cristo; puesto que Él es el único salvador de su pueblo. Antes de rezar a la Virgen María, el Obispo de Roma invitó a pedir a la Madre del Cordero de Dios, que nos ayude a creer en Él y a seguirlo.

(María Fernanda Bernasconi – RV)

Carta Pastoral 2017

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El Santo Padre

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