Sábado 21 Julio 2018

Este domingo 1 de julio celebramos la Eucaristía Dominical XIII del tiempo Ordinario, celebración que fue presidida por P. Carlos Curiel Herrera, Vicario General de la Arquidiócesis de Cochabamba.

Fue una celebración con un detalle particular, pues se realizó el envió de los delegados que participarán del V° Congreso Americano Misionero, en Santa Cruz, del 10 a al 14 de julio, representando a la Arquidiócesis de Cochabamba.

P. Carlos dedicó si reflexión a valorar el preciosos don de la vida que Dios nos ha dado, e instó a ser verdaderos defensores de la vida, en todo momento, pues también se defiende la vida cuando se buscan mejores condiciones para los hermanos. Con ello también invitó a los delegados al V° CAM a ser misioneros plenos del Señor anunciando la Vida que proviene de Dios reflejada en la Alegría del Evangelio.

Video y texto de la homilía

Sobre estas lecturas que nos invitan a descubrir que nuestro Dios, es el Dios de la vida, el Dios que opta por una vida en el amor, el Dios que opta por una vida y que por lo tanto la protege, la cuida, la promociona y precisamente nos da su Espíritu Santo para que nosotros también seamos portadores de esa linda vida, que es un don de Dios, que es un regalo de Dios.

Y como todo don de Dios implica una tarea: la de que esa vida tenga abundancia en el amor; de que esa vida vayamos creciendo día a día en humanidad, en solidaridad, en generosidad, en una vida entregada como la de Jesús por amor.

Hoy, el libro de la Sabiduría, en la Primera Lectura, nos recuerda: Dios no ha hecho la muerte, ni se complace en la perdición de los vivientes. Él ha creado todas las cosas, las criaturas del mundo son saludables. Es decir tenemos un Dios que nos invita a defender la vida en todos los momentos, en todos los instantes de ella, desde la concepción hasta la muerte. A la muerte donde pasamos a una nueva vida, esa vida renovada por el agua y el Espíritu Santo, en la resurrección, a la que nos invita a participar nuestro Señor Jesucristo, a
todos los que creemos en Él.

La defensa de la vida. En nuestros tiempos sabemos muy bien que hay muchos atentados contra la vida, muchas veces nos centramos en algunos de ellos y hablamos de que estamos en contra del aborto, estamos en contra de la eutanasia, estamos en contra de todas esas leyes que promocionan incluso esas dos realidades. ¿Pero acaso esa es la única forma de defender la vida? A veces decimos que estamos en contra del aborto, pero no defendemos la dignidad de la vida, de aquel que por las injusticias vive en la miseria, vive apartado de toda la sociedad porque ha sido marginado por su situación social o económica. Defendamos la vida también, su calidad, defendamos su dignidad en todos los momentos de la vida.

Por esos queridos hermanos esta palabra de Dios nos invita a beber de la sabiduría de Dios para que nosotros también discernamos, qué es lo que quiere Dios con nuestra vida. Qué es lo que quiere Dios, que el pueblo viva, como lo decía san Irineo, que la grandeza y la gloria de Dios, está en que el hombre viva. Y después, ya yo le digo santo San Oscar Romero dijo: la gloria de Dios es que el pobre viva que el pobre tenga dignidad, que el pobre tenga una vida en abundancia y una vida compartida en el amor, también con aquellos que poseen mayores bienes.

Por lo tanto queridos hermanos y hermanas, debemos ser defensores de la vida, de su dignidad. Debemos ser luchadores contra las injusticias que opacan la vida, contra todo aquello que se opone a una vida plena, sobre todo de nuestros hermanos más desposeídos, empobrecidos por tantas realidades y por tantas estructuras injustas que hemos creado en nuestras sociedades.

Defendamos la vida con amor, con pasión, como lo hizo nuestro Señor Jesucristo, por eso con el Evangelio y hoy también con el salmo decíamos claramente yo te glorificó Señor porque tú me libraste. De qué me ha librado el Señor, me ha librado de mi egoísmo, me ha librado de todo aquello que me impide amar, de todo aquello que me impide entregar mi vida también y gastarla para que los otros tengan vida y la tengan en abundancia.
Dejemos que ese Señor con la fuerza del Espíritu Santo nos libere de todo aquello que nos impide crecer en esa vida que ha sido un regalo de Él para que la tengamos y la tengamos en abundancia.

Y hoy precisamente el Apóstol Pablo nos invita a que esa vida sea entregada con generosidad al servicio del pueblo, al servicio del Dios de la vida, al servicio de todos aquellos que necesitan de nuestra misma vida para ellos tenerla también. Por eso nos invita a la generosidad y nos invita y nos aclara; nos dice el Apóstol Pablo: Ustedes se distinguen en todo, en fe, en elocuencia, en ciencia, en toda clase de solicitud por los demás y en el amor que nosotros le hemos comunicado.

Eso nos plantea una pregunta, nos distinguimos en la fe, en qué medida. Nos distinguimos en la elocuencia para proclamar la Palabra de Dios, nos distinguimos en la solicitud hacia los demás, nos distinguimos en el amor comunitario y en el amor fraterno. Dejemos que el Espíritu Santo nos anime para que distinguiéndonos en ello seamos presencia de ese Dios del amor de ese Dios que nos invita a vivir ese hermoso proyecto fraterno, ese hermoso proyecto del Reino de Dios.

Hoy vemos un episodio del Evangelio donde vemos dos realidades: Una mujer que está sufriendo, una mujer que es marginada; por esto, por esta realidad que está viviendo por esas hemorragias que está padeciendo y en lo que ha gastado todos sus bienes y en lo que ha gastado toda su vida. El Dios de la vida manifestado en Jesús le da una nueva vida, con sólo acercarse a Él. Aquí nos parece un Jesús un tanto ingenuo, pareciera que Jesús volteándose y preguntando quién me tocó, los mismos discípulos le reprochan y le dicen: ves que todo el mundo te está apretando te está apretujando, cómo preguntas quién te ha tocado. Sin embargo en lo que quería era manifestar la gloria de Dios y esa vida plena en esa mujer que parecía que tenía ya su vida opacada y su vida maltratada y su vida marginada.

Le devuelve la vida y esto quiere ser un signo de amor, del amor de Dios para que todos tengamos vida incluso y sobre todo aquellos que han sido marginados por padecer alguna situación que en su momento y en el momento donde vivió Jesús era considerado un castigo de Dios.

Y luego le devuelve la vida a una niña, a una niña donde la plenitud de la era compartida en familia, donde el padre y la madre están sufriendo y ante los ojos de todos y ante la incredulidad de muchos el Señor Jesús manifiesta la opción por la vida que hace nuestro Dios.

Nuestro Dios es un Dios de la vida un, Dios de la vida plena, un Dios del amor que se quiere manifestar en cada uno de nosotros.

Por eso queridos misioneros, que hoy serán enviados a ese lindo Congreso Americano de misiones lleven la fuerza del Espíritu Santo para que sean portadores de la llama de la luz del Evangelio, de la luz de la vida que el Señor nos ha dado. Defiendan la vida, promuévanla. A aquellas situaciones injustas que oprimen la vida, libérenlas también, porque el Señor Jesús los envía a llevar la alegría del Evangelio.
Que la fuerza del amor de Dios, manifestada en cada uno de nosotros, en nuestra vida entregada al servicio de los demás resplandezca ante los ojos de la humanidad; no para ser aplaudidos sino para que la gloria de Dios se refleje en cada uno de nosotros.

Amén

Carta Pastoral 2017

pcp

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