Viernes 14 Diciembre 2018

Tras haber vivido con gozo grandes solemnidades para la Iglesia, retomamos el tiempo ordinario. Este pasado domingo celebramos el 9° durante el año. Domingo en el que el Evangelio nos narra a Jesús frente a un hecho de la ley.

Mons. Oscar Aparicio, en su homilía remarca las palabras de Jesús en las que centra siempre a la persona frente a la ley. Invitó a que se tenga que buscar siempre el bien común, y no hacer caso a leyes que solamente buscan imponer ideologías o posturas en beneficio de particulares.

El Arzobispo ha pedido que hagamos primero caso a Dios que nos pone por sobre todo la vida y la dignidad de los demás, así lograr un aporte como cristianos para mejorar las condiciones de toda persona que merece dignidad; que frente a las notorias faltas a las leyes se pueda respetar la voz de las personas, no manipulando las leyes a intereses.

Video y texto completo de la Homilía.

Si nosotros vemos atentamente la Palabra de Dios, la Primera Lectura, es el mandato de Dios mismo, a su pueblo Israel, que ha aprendido a obedecer a su Dios. Ha sabido que es un Dios que entra en la historia, que la conduce, que penetra en la vida, le interesa la vida de sus hijos, de sus hijas y de su pueblo. Por tanto Él mismo la leyes, da mandamientos da normas para poder hacer que esta convivencia entre los seres humanos sea buena; pero también que exista una relación con su Dios.

El Deuteronomio habla concretamente: en seis días tú trabajaras y en el séptimo descansarás, para qué, para ser consciente de rendir un culto a tu Dios, ser consciente que es necesario descansar; un poco tomando el modelo de Dios mismo que crea el universo, que trabaja, por decir así, y un día de estos descansa. Es muy significativo esto de los días. Inclusive nosotros sabemos que el séptimo día es el séptimo día del descanso, o de la perfección de la creación del universo. El octavo por tanto es el día de la eternidad. Tienen todo un significado profundo los días e incluso en el número que se puede contar.

Pero más allá de esto en realidad se trata también de un mandamiento del mismo Señor que exige o que pide que su pueblo pueda tener un tiempo de reposo, de descanso, un tiempo de reflexión, un tiempo de poder rendir culto también a Dios. Reconocer que Dios está presente en la vida y en la historia en la vida de las personas un poco es como también el domingo para nosotros, o debería serlo. Lastimosamente estamos perdiendo mucho también del Día del Señor, del domingo dedicado al descanso a la relación entre nosotros la familia grande, también cristiana y en el domingo Día del Señor, día de culto, día de guardar, así se dice. Donde celebramos también la Eucaristía, donde nos reunimos como comunidad, donde hacemos presente esta palabra que la escuchamos y la realizamos también, la actualizamos en la vida concreta.

Por tanto se trata de un día como mandato de Dios importante, bueno. En la norma existente Dios mismo de alguna manera, sabiamente, se lo dice al ser humano.

Jesús no es que se opone a esta norma. Jesús no es que quiere transgredir la ley. De hecho la segunda lectura habla del modo del ser humano, del creyente, de cómo debe vivir también sometido en este mundo y en la sociedad. El ser humano, el cristiano, el hijo del hombre, Jesús mismo, no es alguien que está ausente de este mundo y por tanto de las normas.

Si la encarnación de Jesús es real y es verdadera, también significa que Él está compartiendo toda la situación también nuestra ya sea en sus fragilidades, ya sea en sus buenas situaciones también, que le toca vivir al ser humano. El hijo del hombre es aquel también que es predilecto de Dios como hijos de Dios. Tiene la fragilidad, ciertamente también por ejemplo, en que tiene hambre tiene sed, es aquel que se cansa, es aquel capaz de sangrar y de morir en una cruz. Aunque esta muerte redentora también es un compartir la fragilidad humana. Es un hombre que vive en este mundo, pisa en este mundo y es histórico. Es un ser humano que también comparte las necesidades y las fragilidades del ser humano. Por tanto es alguien también que se somete a las leyes. Es alguien que ve la situación de lo que son las relaciones humanas

Remarca el apóstol esta situación, también del ser humano. El cristiano noves alguien ausente de este mundo; y aunque es bueno y fundamental que el ser humano, el cristiano pueda remarcar el día de culto y cuidar su vida espiritual, es también alguien que vive en este mundo. No es como se ha dicho o se pretende decir que el cristiano o el ser humano o los seguidores del Señor o la Iglesia debe estar metida en sus sacristías y sólo rezar. Se vive en este mundo en esta sociedad, también donde existen normas y donde existen leyes; donde se puede aportar también en este mundo aquello que es bueno para el bien común.

Jesús es alguien que está metido en este mundo, es alguien que conoce de su cultura es alguien que bebe de su cultura es, alguien que aprende a rezar junto con sus padres, es alguien que sabe perfectamente de las normas y de las leyes del pueblo judío. Es aquel que hace obedece los mandatos también de Dios.
Y a Jesús lo encontramos en esta situación concreta, en el Evangelio. Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayudaban fueron a decirle a Jesús: “Porqué tus discípulos no ayunan como lo hacen los discípulos de juan y los discípulos de los fariseos”. Si hay normas, por qué la transgreden en, realidad sería la pregunta. Jesús les respondió: acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos, es natural que no ayunen mientras está consigo el esposo. Llegará también este esposo.

Por tanto hermanos se trata de alguien que está presente en este mundo. “Cuando ustedes acaso no han leído qué es lo que hizo David”. El sábado ha sido hecho para el hombre y no el hombre para el sábado, de manera que el hijo del hombre es dueño también del sábado.

Hermanos míos aquí está lo fundamental: nosotros obedecemos primero a Dios. Existen leyes y normas, ya en la historia nuestra de toda la humanidad, transcritas diríamos así por el mismo Dios. Una de aquellas, el respeto profundo a la vida del ser humano; la segunda, el ser humano es más importante que la norma, la ley. El sábado por tanto está al servicio del ser humano y no al revés.

Hermanos míos todo esto en nuestra sociedad, de nuestro tiempo, aquí en Bolivia y Cochabamba, qué nos quiere decir: Obedecemos primero a Dios y resaltamos fundamentalmente que las leyes las normas están también sometidas, sobre todo y ante todo, al ser humano como servicio del ser humano y no al revés. Por tanto el sábado es para el ser humano y no de manera diferente.

Nosotros somos testigos de cuánto se ha transgredido la ley, en nuestro país; de cuánto somete la ley a poderes o intereses. La palabra de Dios y la postura de Jesús es una don denuncia muy seria y muy grave también a la situación de lo que vivimos hoy en nuestro país, de la exigencia de tantos ciudadanos, miles, diríamos millones, de seres humanos, no sólo en el mundo sino también acá, que exigen que esta justicia debería estar al servicio también del bien común y no de intereses mezquinos.

Por tanto creemos y esperamos que, si nosotros obedecemos los mandatos primero del Señor que, también seamos capaces, en nuestra sociedad boliviana, de crear estas leyes al servicio sobre todo de aquellos que más lo necesitan, al estilo de Jesús; mirando sobre todo y primeramente al ser humano, al hijo, a la hija de Dios.

Auguramos entonces y pedimos que el Señor nos pueda ayudar, que ayude a nuestras autoridades que ayude también a todos aquellos que promueven leyes. Hay proyectos de leyes que se han estado inculcando en nuestro país, que son manipulados; que van a veces contra la propia vida del ser humano. Existen proyectos de ley que van contra un gran sector de personas también en nuestro propio país.

Que seamos capaces de tener la libertad y la verdad también, en las leyes. No pueden ser manipuladas las leyes. Cuando se trasgrede a lo mejor incluso, la norma más esencial y se llega, que el poder político tenga más razón que cualquier otra situación.

Hermanos y hermanas oremos y pidamos para que también aquellos que tienen la ley en las manos puedan entrar en este espíritu de Jesús y Dios mismo, centrando sobre todo al ser humano que es más importante que esta ley o que el propio sábado.
Amén.

Carta Pastoral 2017

pcp

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