Lunes 24 Septiembre 2018

Este domingo 6 de mayo, la liturgia nos invitaba a vivir el mandamiento del amor hacia los hermanos, al mismo ejemplo de Jesucristo que nos ama y Él es amado por el Padre.

En esto centró su reflexión Mons. Oscar Aparicio, en la Eucaristía dominical que preside en la Catedral Metropolitana de San Sebastián. Tras haber reflexionado y recordado el Evangelio de los pasados domingos apunto su mensaje en el Amor que es la presencia misma de Dios en medio de cada persona, queriendo habitar en todos.

Destacó que el único camino para una vida llena de paz y gozo es dejarse amar por el Señor, que dejándonos en libertad espera por que abramos nuestro corazón a Él. Añadió que es necesario compartir ese amor con nuestros hermanos para mejorar nuestra realidad de injusticia, de división y confrontación, viendo así al otro como nuestro amigo, nuestro he

Video y texto de la homilía

Muy amados hermanos y hermanas, continuamos este camino de celebración pascual; nos vamos acercando ciertamente al final y la propuesta de la palabra de Dios, hoy, es evidente y muy clara, que tiene conexión con todo lo que ya hemos podido escuchar y Él mismo nos ha propuesto en este camino, en este itinerario de fe.

La gran noticia que había aparecido en este mundo es que Cristo ha vencido la muerte y nos ha salvado. Y esta noticia no solo es para cualquier persona, no solo es para una determinada nación, sino también que nos ha alcanzado a nosotros de manera particular, por eso estamos contentos. Es decir la gran noticia nos ha llegado y se trata de nuestra vida de nuestras de resurrección de nuestros sepulcros vacíos.

Este dios que se ha manifestado en Jesús, que nos ha salvado y nos ha dado la vida, también se ha mostrado de muchas formas. Para recordar simplemente algo concreto esta gran figura del buen pastor; aquel que cuida a sus ovejas, que las venda, que las acaricia que se preocupa de todas y cada una de ellas; sobre todo de las más débiles las cargas sobre los hombros. Este es el buen pastor y nos invitaba también a nosotros a ser o a tener estas mismas actitudes, cuidando de aquellos a los cuales el Señor nos ha encomendado, y que a lo mejor son siempre los más débiles los más necesitados, porque somos también buen pastor

El domingo pasado la palabra y la invitación es muy clara “Yo soy la vid verdadera y ustedes los sarmientos, permanezcan en mí para dar buen fruto” Vean que hoy día se vuelve a repetir también, de parte de Jesús, esta misma palabra y esta misma invitación. La confianza que Dios nos tiene, la vid, el tronco de donde procede la vida tiene un instrumento muy sencillo, que puede ser justamente esta parte de la vid que es 'imprescindible' que es el instrumento entre el tronco y el fruto, está el sarmiento. Y el señor nos confía para que demos buenos frutos. Nos confía ser también estos sarmientos

Queridos hermanos hoy la propuesta es muy evidente, también muy clara “Permanezcan en mi amor como yo permanezco en ustedes” Y si nosotros somos sinceros y si vamos a descubrir o intentar descubrir; pese a que las palabras hoy, en este tiempo se han desvirtuado demasiado. Cuando uno dice amor puede entender de todo y a lo mejor no lo real y esencialmente. Cuando uno habla de libertad, a lo mejor habla de cualquier cosa incluso de lo opuesto. Cuando uno habla de la entrega la fraternidad o entrega o habla de la justicia se entiende cualquier cosa menos lo adecuado. Por eso Pablo hoy día viene a este encuentro nuestro muy claramente: “Dios es amor”. Así como estamos en las manos de Dios el amor procede de Dios. Así como nuestra vida está en Dios, el amor procede de
Dios.

Nos toca por tanto a nosotros tener esta apertura al amor de Dios y allí encontramos la paz ahí encontramos serenidad, allí en cuenta encontramos sentido a nuestra vida, allí encontramos las relaciones humanas que pueden ser duraderas y que pueden también dar
Satisfacción. Allí encontramos la raíz clara y evidente de la amistad

Dios es el que nos ama, Él tiene la iniciativa, Él cuida de nosotros, se ha enamorado de ti de mí, te ama a tal punto y profundamente que no hay nada más y nadie más en su vida, en su corazón. Nos toca a nosotros abrirnos a este amor, dejarnos amar por Él, dejar que el Señor nos toque el corazón, que toque nuestra vida; dejar que el señor penetre en nuestro ser, de allí procede todo lo demás.

Si estamos debatiéndonos en la violencia o en la justicia o en la falta de libertad. Si estábamos debatiéndonos en nuestro propio egoísmo construyendo intentando construir solo nuestra vida; si nos encontramos con nuestras frustraciones continuamente es porque no nos dejamos amar plenamente totalmente de Dios. Si nuestras relaciones humanas no van bien. Si en nuestra familia encontramos divisiones y odios o peleas; si en nuestra sociedad nos debatimos para que el uno sea más importante que el otro es que no dejamos que este Dios penetre nuestra vida. Si no estamos siendo justos en este mundo; porque el Evangelio, la palabra de Dios equipar el amor a la justicia.

Si tenemos la justicia que la que tenemos hoy, en nuestro país, es porque de verdad no estamos respondiendo total y plenamente a este amor de Dios que se derrama en nuestra existencia en nuestra sociedad. Si existe la guerra y la guerra fratricida sobre todo la guerra entre hermanos, es porque no dejamos reinar a Dios en nuestra vida

El amor procede de Dios. Y si encuentra un corazón abierto y libre reposa en él y por tanto nosotros somos los beneficiados.

Primera invitación por tanto de este domingo, de esta palabra, de este Señor Resucitado: “Permanezcan en mi amor como yo permanezco en el amor del Padre”

Queridos hermanos y hermanas que el Señor entre en nuestras vidas, que el Señor sea capaz de amarnos. Porque es bien cierto, que si nosotros no queremos ser perdonados, de nuestros pecados, por Dios; Él respetando nuestra libertad no nos perdona. La primera limitación, la primera barrera que puede tener Dios mismo para perdonar los pecados es que nosotros no lo aceptemos. Por tanto si la primera barrera somos nosotros, para que el amor de Dios' no desciende en nosotros y se propague a los demás, somos nosotros mismos.

Permanezcan en mi amor, como yo permanezco en el amor de Dios Padre. Sólo así podemos construir de verdad lazos de fraternidad de amor de justicia de libertad, sólo así podemos construir relaciones que, por ejemplo honran padre y madre. Sólo así podemos construir relaciones que ve al hermano como tal.

La dimensión de la cruz también es muy clara. Hay una dimensión vertical, un Dios que ama y un ser humano que responde. Y hay una dimensión horizontal, qué es la invitación a amarse los unos a los otros como yo les he amado.

Hermanos míos que el Señor penetre nuestra vida, déjate amar por Él. A veces somos demasiado orgullosos no, o tímidos. O tal vez nuestras frustraciones y nuestras timidez han llegado demasiado. Y que este Espíritu de Dios nos permita amarse los unos a los otros; considerar al otro como amigo, no como enemigo. Considerar al otro como amigo, no como aquel con quien tengo que confrontarme, considerar al otro como amigo y hermano, porque todos peregrinamos en este mundo. Y nuestro destino final es el corazón del mismo Dios padre que nos ama.

Que el Señor pues nos ayude todavía en este tiempo de pascua, que nos siga concediendo este camino, este itinerario de fe y podamos también nosotros ser aquellos que permaneciendo en el amor de Dios podamos también dar a nuestros hermanos y cumplir este mandato que el Señor nos dice: “Ámense los unos a los otros como yo les he amado”

Amén

Carta Pastoral 2017

pcp

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