Sábado 22 Septiembre 2018

Este quinto Domingo de Pascua, la imagen que nos presenta la Palabra de Dios, es la de Cristo como el Vid verdadera, Dios Padre como el viñador y donde nosotros somos sus sarmientos, invitados a dar fruto.

Mons. Oscar Aparicio, durante su homilía recordó todo el camino pascual de los últimos domingos, en los que se refleja la presencia de Jesús resucitado a los testigos de este milagroso hecho.

Mostró también cómo el mismo Jesucristo se da a conocer como el Pan Vivo bajado del Cielo, alimento para la vida eterna; y cómo este domingo se presenta como la Vid Verdadera, y nosotros como los sarmientos, sarmientos que somos cuidados, protegidos y acompañados por el viñador, que es Dios Padre. De este modo nos invita a tener una verdadera intimidad con el Señor estar siempre unidos a Él y con ello poder dar el fruto abundante para el Reino de Dios, fruto de llevar la alegría del Evangelio a este mundo.

Audio y texto homilía de Mons. Oscar Aparicio.

 

Muy amados hermanos y hermanas, todavía estamos en este tiempo de la pascua. La Pascua que se extiende por 50 días. Es la fiesta de las fiestas, Esla ratificación más evidente e parte también nuestra y de la Iglesia, de que el acontecimiento central de la resurrección del señor, por tanto de la resurrección nuestra, es lo más importante y los más fundamental.

Este gozo, así también, los días deberían perdurar continuamente, todos los días del año. De hecho en realidad es para también expresar aquello: El gran acontecimiento de la muerte y resurrección del Señor que nos ha alcanzado a nosotros, nos llena de plenitud y de gozo y nos da un sentido enorme. Incluso inculca en nosotros la gran esperanza, lo que esperamos es la vida eterna en el Señor.

Estamos en el quinto domingo de esta Pascua. Si ustedes se han fijado en los primeros días de la pascua, donde son los testigos oculares que anuncian la resurrección del Señor, pero tienen la experiencia c0oncreta de las apariciones de Jesús. Jesús que parte el pan, Jesús que parce caminando sobre las aguas, que entra al Cenáculo y dice: La Paz con ustedes. Jesús que se hace cercano y evidentemente en cuerpo también se presenta a ellos para decirles que aquel que había sido crucificado vive.

Luego los otros domingos empiezan a aparecer una serie de simbolismos, que muestran la resurrección del Señor y su presencia real en medio de nosotros. Es el pan partido bajado del cielo. Es aquel que se da como alimento verdadero. De hecho el sacramento de la Eucaristía, para nosotros, es el sacramento central de la Vida Cristiana y el anuncio de la presencia real y verdadera de Jesucristo Resucitado, vivo en medio de nosotros, que acompaña nuestro caminar.

El anterior domingo, se nos presentaba esta hermosa y gran figura del buen pastor. El que cuida su rebaño. El cuidad de nosotros y nos llamaba de algunamanera también, a nosotros ser buenos pastores, porque tenemos siempre alguna pequeña grey, algún servicio que hacer, algún trabajo que desempeñar; al modelo del buen pastor, al modelo de Jesús, que cuida nuestras heridos, que nos carga cuando tenemos necesidad, sobre sus hombros. A ese estilo nosotros también deberíamos seguir caminando nuestra vida cristiana, y en este tiempo de Pascua.

Hoy día nos hemos percatado que se presenta esta hermosa y gran figura, también, el simbolismo del viñador y la viña. De hecho hermanos, para el pueblo judío, uno de los más preciados frutos o plantas, diríamos así, para los campesinos que cultivan la tierra, una de las plantas más apreciadas era la vid, de la uva. Diríamos que es casi para nuestros hermanos tarijeños que han sabido cultivar la viña, que han sabido producir buen vino. Que es la fuente, no solo de un trabajo sino de algo que debe ser cuidado y apreciado, fundamentalmente.

En el antiguo testamento también ya está esta vid, se presenta como la esposa, la esposa que debe ser cuidada. Se presenta luego como el mismo pueblo de Israel. Dios cuida su pueblo. La vid representa este pueblo. De hecho, los evangelistas sinópticos, Mateo, Marcos y Lucas, presentan a la viña como este pueblo de Dios, la Iglesia. Juan, el que hemos leído hoy el evangelio, dice concretamente: La Vid es Jesús. Así como se ve anunciado de otras maneras también, que el Reino de Dios está presente si es que está presente Jesús, es decir: Cual es la gran y buena noticia, cuál es la cercanía del reino de Dios, es la persona de Jesús. Por tanto la vid verdadera es Jesús, además que Él mismo lo dice: “Yo soy la Vida verdadera, mi Padre es el Viñador”. Dios Padre cuida de su hijo. Dios Padre hace que esta viña sea frondosa y que dé buen fruto.

Esto que es lo más apreciable, que puede representar a la esposa y al Pueblo de Israel. Esto que para nosotros también significa, esta pertenencia a Dios mismo es Jesús, nuestro Maestro, nuestro Señor. Aquel que había sido crucificado y ha resucitado es la Vid Verdadera. Vean que hermosa y grande figura.
Me imagino que muchos de ustedes tienen en casa una plantita que cuidar, no sé cuántos tienen una viña que cuidar, pero me imagino que podemos tener cierta idea de lo bueno que será cuidar una viña, plantarla, llevarla adelante; para que luego de abundante y buen fruto. Así actúa Dios y nos regala a Jesús Nuestro Señor.

Por tanto hermanos, para nosotros qué significa eso. Que el mayor regalo que hemos tenido, es la persona misma del resucitado, es la persona misma del Señor. Por tanto, se trata de reconocer a Jesús como el Maestro, como el Señor de Nuestra vida. Se trata de reconocer a Jesús y tener experiencia personal de Él. Tener intimida con Él, reconocerlo como el esposo, como el Señor, como el amigo. Tener intimidad con el Señor, porque la escritura lo dice de alguna manera así: Yo soy la vid verdadera y ustedes los sarmientos.

De donde tendremos vid, de donde tendremos paz, de donde tendremos equilibrio, de donde nos nace el gozo profundo, qué es lo que nos capacita para enfrentar las adversidades en la vida. Qué nos da paz en el corazón, qué nos da la posibilidad de caminar a pie seguro en este mundo. Quién nos da la sabiduría y la posibilidad de saber que nosotros también en este mundo somos peregrinos, y tenemos una vida garantizada en el futuro, es el Señor, es su Espíritu. De dónde recibimos la vida, nosotros que somos sarmientos, de la vid, de Jesús. Nuestras vidas están en sus manos.

Solo seremos discípulos si permanecemos en Él. Y aquí está la hermosa y gran propuesta de la palabra de Dios hoy, Si ustedes permanecen en mi tendrán vida. Si ustedes permanecen en mi serán de verdad discípulos míos. Si ustedes permanecen en mi serán testigos de la vida y la resurrección. Por tanto hermanos se trata de acoger a Jesús nuestro Señor, el Pan vivo bajado del Cielo. Este Jesús que es la vid, que está presente. Se trata de tener intimidad con él. Se trata de aceptarle en nuestra vida, dejarnos guiar. Por tanto permanezcamos con Jesús, en nuestra vida.

De parte de Él, la iniciativa la ha tenido. Él viene a nuestro encuentro y os ha puesto como sarmientos. Él nos cuida como un verdadero rebaño. Él se nos ha aparecido a nosotros. Él ha entrado a la muerte por nosotros y ha sido resucitado. Él nos dice, la paz con ustedes. Él es Eucaristía, pan partido para la vida del mundo, para la vida por tanto, nuestra. Seamos testigos de Él, sabiendo que nuestra misión es dar buen fruto.

Se han dado cuenta que de la vid hay algo precioso. La vid es el tronco la raíz, el sarmiento que nosotros seremos los instrumentos es indispensable.; después del sarmiento viene el fruto. Por tanto si nosotros no damos fruto ¿quién lo hará?

Carta Pastoral 2017

pcp

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