Viernes 22 Junio 2018

El Viernes Santo, desde el mediodía iniciaron las actividades litúrgicas, con el Sermón del Siete Palabras y luego la Celebración de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

En la Liturgia de la Pasión del Señor, durante la homilía, Mons. Oscar Aparicio expresó el caminar del triduo pascual, invitando primeramente a agradecida al Señor por entregarse plenamente en el Santa Eucaristía. Además invitó a recodar el signo del lavatorio de pies, para el servicio de los demás, haciendo que en el mundo se rompan las barreras y diferencias.

Refiriéndose a la Pasión del Señor, expresó que la dolor, sufrimiento y muerte todavía están presentes en el mundo, que con Jesús muchos inocentes mueren, a manos de sus mismos hermanos: “Situaciones que vivimos en nuestro propio país, que hemos vivido: De miles de inocentes que sufren la muerte, ya sea por la irresponsabilidad de otros, ya sea por la maldad de los hombres, ya sea por la violencia o la guerra fratricida. Ya sea por simplemente en ideales ideológicos o en venderse a ideologías foráneas acontece esta situación”.

Clarificó que la muerte no se queda en el viernes, sino que el triduo continua, con la Resurrección del Señor y que Dios quiere habitan entre nosotros aún con el mal y la muerte. Pues con Él, lograremos vencer todo mal.

Video y Texto Homilía de Mons. Oscar Aparicio

Solamente algunas señalizaciones de lo que hemos iniciado ya en nuestro triduo pascual. Ayer hemos reconocido el amor profundo de Dios, la misericordia de Dios en nosotros en esta institución de la Eucaristía.

Hemos también reconocido y dado gracias por esta entrega total de Jesús; por esta manera de mostrarnos su amor y un amor que redime, que da felicidad, un amor que atendiendo nuestras vidas se interesa por nosotros, y entonces también nuestra acción de gracias e Eucaristía. Esta fracción del pan, este darse en el pan verdadero y en la bebida que salva, es también un modo de nosotros para reconocer la obra misericordiosa de Dios.

Pero también hemos sido testigos de aquello que el Señor, en esta última cena, nos encomienda y nos da; el Lavatorio de los Pies. La gran posibilidad de decir hoy en el mundo que nuestras barreras, nuestras diferencias pueden ser rotas. Que pese al sufrimiento y a tanto pecado existente, también nosotros podemos convertirnos y lavarnos los pies los unos a los otros para servir. Aunque es verdad que el sufrimiento, el Getsemaní, está presente. Cuando Jesús asume nuestra condición humana, asume también este profundo dolor. Y aunque Él decía “Señor si puedes apartar de mí este cáliz hazlo, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”. Por eso hemos dicho también que hoy en la Catedral hemos querido escenificar este momento, del Getsemaní, del dolor profundo, del sufrimiento que el ser humano puede también llegar a tener. Se plasma en Jesús aquello mismo que es e dolor profundo y el sufrimiento y las no comprensiones que pueden traer también este dolor y este sufrimiento.

Hoy, hermanos, somos testigos también de aquello; que llega a otro extremo. El extremo de la muerte, de algo que ciertamente nosotros no nos podemos liberar. Una cosa es el sufrimiento por ejemplo de la enfermedad. Y aunque podamos no comprender, sabemos que es una malformación o es algo concreto que no actúa bien en nuestro cuerpo y entonces nos enfermamos, y es la muestra de nuestra fragilidad. Otra cosa es el sufrimiento realizado por la irresponsabilidad de los hombres y que llega y daña también a los otros. Qué profundo y doloroso es todavía el sufrimiento o la muerte del inocente, aquello no se comprende. Situaciones que vivimos en nuestro propio país, que hemos vivido: De miles de inocentes que sufren la muerte, ya sea por la irresponsabilidad de otros, ya sea por la maldad de los hombres, ya sea por la violencia o la guerra fratricida. Ya sea por simplemente en ideales ideológicos o en venderse a ideologías foráneas acontece esta situación. O por la búsqueda del bienestar se puede producir también la muerte y la muerte lenta por ejemplo en la misma drogadicción, latente en nuestro país.

Cuánto sufrimiento y cuánta muerte, a través, de algo que no comprendemos y cuántas familias sufren en nuestro país, a través de la trata y tráfico de personas o de órganos, de inocentes. Cuánta división, cuánta muerte, cuanta violencia, en nuestro propio territorio, en nuestras propias familias, en nuestros barrios.

Por unos pocos centavos, gente que muere. No entendemos esta muerte, nos cuesta aceptar la muerte del inocente. Peor todavía si este inocente es indefenso, como es el caso del aborto, o el mismo Jesús, peor todavía, a esta crucifixión no le tocaba a Él sino a nosotros.

Queridos hermanos, es en la crudeza más grande, que se presenta esta situación también hoy. Este viernes, Viernes Santo, es un día muy particular, porque se nos pone en la crudeza real de lo que el mundo y el ser humano viven. Por eso en la muerte de Jesús siguen muriendo tantos inocentes.
Es impresionante la lectura de la pasión. Impresionante cuando Pilato dice, después de haber flagelado a Jesús; de aquel que menciona el profeta Isaías, queda como cordero llevado al matadero, o como quien no se lo quiere ver, porque el rostros de nosotros se vuelve frente a tal horrenda situación. Pilato dice, he ahí el hombre, es la situación del ser humano, es la situación del hombre que, hoy, todavía muere, y en estas incógnitas, en estas preguntas, en esta crudeza de este viernes que nos trae, no solo el sufrimiento, el mal, la enfermedad, la soledad, la crisis, sino nos trae la muerte.

El Señor es sepultado, el Señor toma nuestro lugar, por eso nosotros podemos también, este viernes, hoy, pedir al Señor que perdone nuestras culpas, pero también podremos cantar que esta cruz nos salva, que esta muerte nos redime. Que aunque no entendamos muchas situaciones, el Señor ha tomado nuestro lugar y nos ama hasta este extremo, al extremo de ser colgado en la cruz y expirar por nosotros y ser sepultado por que ese lugar era para nosotros.

Les invito hermanos, ciertamente, vivir en profundidad este viernes santo pero también mirar al crucificado, mirar al Señor que ha sido sepultado, mirar esta cruz, adorarla, venerarla. La cruz tiene sentido si tiene a Jesús clavado. La Cruz por sí misma no tiene sentido. El sufrimiento no tiene sentido, la muerte no tendría sentido sino tiene un Salvador y Redentor. Les invito hermanos a reconocer nuestro pecado, reconocer que somos también que aquellos que pueden producir la muerte. A pedir perdón por nuestra sociedad, por todos aquellos irresponsables que también pueden producir la muerte, sobretodo del inocente, indefenso. Y pidiendo perdón reconozcamos que el Señor nos trae también nuestra redención. Que esta muerte tiene este sentido profundo de redimir, perdonar nuestros pecados y de decirnos levántate y sigue caminando.

Este viernes nos tiene que llevar hacia la resurrección. El triduo pascual no ha terminado hoy. Nuestro triduo pascual tiene un fin, que es reconocer, exultar alabar al Dios de la Vida, que está presente también en medio de nuestro mundo que tiene tanto mal, tanta muerte. Les invito hermanos a que todavía podamos reconocer la victoria de Jesús frente a la muerte, nuestras muertes, nuestro mal, nuestro sufrimiento.

Carta Pastoral 2017

pcp

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