Martes 17 Julio 2018

El domingo, cuarto del tiempo se Cuaresma, Mons. Oscar Aparicio presidió la Santa Eucaristía, en su horario de las 8 de la mañana, en la Catedral Metropolitana de San Sebastián.

Allí recordó el camino cuaresmas que se ha ido viviendo en los pasados domingos, como una llamado del Señor para reconocer nuestra fragilidad humana, siguiendo los pasos de Jesús para vencer cualquier tentación, a la cual el mundo llama. Para que con nuestra peregrinación por este mundo, un día seamos partícipes de la gloriosa transfiguración del Dios.

Con respecto al Santo Evangelio, mención que existen ciertas manifestaciones sobre alguna cruz que supuestamente pareciera ser una serpiente, sin embargo el Arzobispo invitó a no dejarse escandalizar por ideas o pensamientos que están alejadas, incluso de las Sagradas Escrituras. Pues como el Arzobispo menciona, se hace muestra de lo mencionado en el Evangelio: “Así como la serpiente es levantada en el desierto, es figura de que el Hijo del Hombre tendrá que ser levantado, para que todos creamos en El. Para que la cruz tenga sentido profundo de que la muerte y la abominación que decía, también para los griegos o los judíos, para aquello que parece absurdo, puedan parecer en su integridad la vida. Por tanto no tiene nada de malo en que esta imagen también de esta cruz, con esta figura sea un insulto”.

Recordó además al profeta Isaías: “Mucho más si en Isaías se habla también, de justamente del Siervo de Yahvé, aquel que ha sido desfigurado, que ha sido destrozado, que ha sido anonadado. Porque el mal tiene este poder enorme. La muerte es abominable, la muerte no es un deseo de Dios. La muerte del ser humano hace llorar a Dios mismo. Hace que se conmuevan las entrañas del mismo Dios”.

Con ello invitó a no ir creando pensamientos que más bien nos estarían alejando de lo realmente terrible y abominable que es el mal y la muerte en el mundo, que causa daño a tantos hermanos y hermanas. “Si algo nos debe escandalizar es el mal mismo, el pecado, para que nos ayude a convertirnos. Si algo nos debe escandalizar es el mal y la muerte que se produce en el mundo. Si de algo tenemos que ir en contra es de aquello que mata a nuestros hermanos o a nosotros mismos. Y somos constructores del Reino de Dios”.

Concluyendo la homilía invitó a orar por los nuevos diáconos, que prontamente serían ordenados y a vivir con generosidad el próximo domingo dedicado a la solidaridad.

Video y Texto de la Homilía Dominical

Muy amados hermanos y hermanas, soy consciente de todos estos domingos que les he abandonado. Ha habido otros sacerdotes que han celebrado esta Eucaristía de las ocho de la mañana de los domingos.

He estado posesionado a varios párrocos en diferentes parroquias, ha habido muchos cambios este año, por tanto me ha ocupado el tiempo en estas situaciones. El próximo también estaré ocupado con una noticia buena para todos nosotros, será ordenado un diacono en Punata, por tanto debo ir allí. En realidad son dos seminaristas que serán ordenados diáconos. Desde ahí en adelante espero acompañarles más continuo en la Misa de ocho.

Permítanme hacer un breve, breve resume de nuestro camino cuaresmal. Sabemos que es un tiempo de gracia, un tiempo de penitencia, un tiempo bueno de conversión. De hecho ya al inicio nada más, se nos invitaba a esto mismo: La palabra fuerte que parece de Jesús es conviértanse y crean en el Evangelio, es lo que hemos ya el Miércoles de Ceniza. Reconociendo nuestra debilidad, nuestra fragilidad. Somos frágiles, no somos Dios, no somos todo poderoso. Tarde o temprano nos viene encima nuestra fragilidad. Reconocemos que somos del polvo y al polvo retornamos, por eso la imposición de la ceniza tiene un sentido profundo. Somos de aquellos que tantas veces nos equivocamos. Porque el mal está presente en este mundo, de hecho la realidad del ser humano es la tentación.

Tentados hacer nuestra vida, nuestros planes, bajo nuestros propósitos. Construimos la vida bajo nuestros presupuestos y nos ponemos cierto tipo de metas e ideas. Muchas veces nos fallan, porque no vamos al punto central. O porque muchas veces abandonamos el plan de Dios, o no aceptamos el amor de Dios, el perdón y la misericordia de Dios o que estamos en las manos de Él. Así como existe el mal, existe Dios que conduce nuestras vidas. Por eso el domingo de las tentaciones era algo claro respecto a una propuesta para nosotros, así como Jesús vence a las tentaciones, vence el mal; nosotros también somos participes de esto.

En el segundo domingo se nos presentaba la gran figura de la transfiguración. Aquello que para nosotros es imposible lo realiza Jesús. Es transformado, transfigurado y nos presenta una realidad excepcional diría yo, nacimos de las mismas entrañas de Dios, peregrinamos en este mundo, pero el destino final es el corazón mismo de Dios. Retornamos a Dios, por la obra de Dios, por la misericordia de Dios, somos participes también en esta transfiguración. Estamos caminando a pie seguro no solo en las manos Dios sino también, en eterno, retornamos a la Casa del padre. Pasamos un tiempo aquí en este mundo, pero como peregrinos. En este mundo estamos llamados a transformar y construir el Reino de Dios.

Nosotros que somos pueblo de Dios, que somos bautizados, somos discípulos misioneros del Señor que estamos en este camino de seguimiento a Jesús. Somos también constructores en este mundo del Reino de Dios. Aún que somos pecadores y frágiles, sin embargo con la capacidad de convertirse y con la posibilidad de construir este Reino de Dios en medio nuestro. Quiere decir hermanos que podemos también ser agentes de perdón. Ser agentes que representen la vida y la misericordia. Somos aquellos que anunciamos la misma obra de Jesús.

Por esto el tercer domingo ahí la situación concreta de decir: ustedes son templos de Dios, templo del Espíritu Santo. La Iglesia, nosotros, está constituida de piedras vivas. Somos templo de Dios. Decíamos que esta gran catedral no tendría sentido sino tiene un alma, un espíritu, que es este pueblo de creyentes que constituye las piedras vivas de la Iglesia. Y somos nosotros en nuestra generación en nuestro tiempo, anunciadores también de la salvación que Dios nos está dando. Y hoy día vuelve a recalcar todo aquello.

Si el pueblo de Israel ha ido al exilio, una situación de historia concreta que ha acontecido en este mundo, en muchos lugares. En realidad el pueblo es consciente de una cosa. Porque se ha alejado de Dios, de los planes de Dios, porque ha fallado a la alianza es que se ha producido este exilio, se han echados de su propia tierra. Y añora en retornar, por eso Ciro, el persa viene a ser instrumento de Dios, que vuelve a retornar al pueblo al lugar de origen. Es la mano de Dios, la misericordia de Dios que perdona a su pueblo y lo sigue conduciendo. Es el hecho fundamental de saber que nosotros tenemos por la gracia de Dios, esta posibilidad, de retornar a los planes de Dios. De reconocer que Dios es el Dios de la vida.

Y aparece también este nuevo evangelio, la gran propuesta para hoy, para este domingo cuarto de Cuaresma. Es esta realidad concreta que la Cruz, si está presente, la vida de Jesús no ha sido toda facilísima; sino más bien ha debido entregar la vida, el anuncio de la Pascua. La Pascua hermanos sabemos que es el paso de la muerte a la vida. De la muerte a la resurrección es la fiesta de las fiestas. Es el núcleo central del anuncio de la salvación, la misión del Señor. Por decir así, “la muerte ha sido matada”, ha sido vencida.

Y hoy se empieza a anunciar aquello. Vean que esa primera figura que aparece, que Jesús tiene que ser levantado, igual que la serpiente, en el desierto para que sea salvación, para que todo aquel que crea en Él se salve.

Hago un paréntesis hermano, yo he visto y he estado escuchando toda una manifestación de una cruz, una imagen que en algunos lugares se lo pueden tener, y escandalizados que se parece una serpiente, hacen toda una trama contraria. En realidad la figura es esta: así como la serpiente es levantada en el desierto, es figura de que el Hijo del Hombre tendrá que ser levantado, para que todos creamos en El. Para que la cruz tenga sentido profundo de que la muerte y la abominación que decía, también para los griegos o los judíos, para aquello que parece absurdo, puedan parecer en su integridad la vida. Por tanto no tiene nada de malo en que esta imagen también de esta cruz, con esta figura sea un insulto.

Mucho más si en Isaías se habla también, de justamente del Siervo de Yahvé, aquel que ha sido desfigurado, que ha sido destrozado, que ha sido anonadado. Porque el mal tiene este poder enorme. La muerte es abominable, la muerte no es un deseo de Dios. La muerte del ser humano hace llorar a Dios mismo. Hace que se conmuevan las entrañas del mismo Dios. Recordemos a Jesús frente a la tumba de su amigo Lázaro, que se compadece, que mueve, hasta las entrañas se conduele de la muerte, por eso lo resucita.

Por eso Jesús toma este lugar, que sin haber sido, ni experimentado el pecado, toma el lugar de los pecadores. Está dispuesto a ser destrozado, matado, sepultado, por amor a nosotros. Para que sea extirpada la muerte de nuestra existencia.

Hermanos míos, este es el más grande de los anuncios. Les invito pues entonces, a no entrar en los escándalos, también de situaciones que se puede presentar. Si algo nos debe escandalizar es el mal mismo, el pecado, para que nos ayude a convertirnos. Si algo nos debe escandalizar es el mal y la muerte que se produce en el mundo. Si de algo tenemos que ir en contra es de aquello que mata a nuestros hermanos o a nosotros mismos. Y somos constructores del Reino de Dios.

Por tanto hermanos, les invito a seguir caminando en esta cuaresma. Tenemos todavía un domingo más, el quinto domingo de Cuaresma, que todos estamos invitados en Bolivia a ser solidarios. De hecho las colectas que se harán en toda Bolivia son destinadas a situaciones concretas de sufrimientos, a palear alguna situación de sufrimiento o mal que pueda existir.

A nivel nacional nos hemos puesto unos objetivos, se trata que este mal sea erradicado, también con nuestra solidaridad. Pero el objetivo más concreto en nuestra Cochabamba, en nuestra Arquidiócesis será ayudar los damnificados de las riadas, de las destrucciones naturales que ha habido también en nuestra Arquidiócesis. Les invito entonces hermanos a seguir en este camino, que el Señor nos siga ayudándonos preparándonos bien para la Pascua, la Pascua del Señor, el paso de la muerte a la vida

Amén.

Carta Pastoral 2017

pcp

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