Miércoles 17 Octubre 2018

El pasado domingo, por la tarde, en la Catedral Metropolitana de San Sebastián se celebró la Eucaristía de envío de agentes de pastoral de la Arquidiócesis.

Durante la homilía Mons. Oscar Aparicio recordó el valor de cada uno de los agentes de pastoral que hacen la Iglesia, como piedras vivas, invitándolos a tener valor y entrega para la acción que les toca realizar en su comunidad y con los hermanos. Invitando a que se haga presente el Reino de Dios entre todos los que necesitan escuchar la voz del Señor.

Video y Texto de lo homilía

Es una gran iniciativa el poder reunirnos hoy para de alguna manera iniciar nuestro año como agentes de pastoral; ser envidos por la iglesia adulta, digamos así, para cumplir esta misión durante todo este tiempo, y que bien que coincide en este tercer domingo de cuaresma, en base a estas lecturas que hemos escuchado. Y también en nuestro camino cuaresmal, en realidad nuestro camino cuaresmal de preparación a la pascua nos ha indicado ya muchos aspectos, aunque ya estamos a mitad de camino.

Por ejemplo nos ha hecho caer en consciencia de nuestra fragilidad. Somos seres humanos, creaturas de Dios, pero también frágiles, débiles, nacemos del polvo y al polvo retornamos. Se nos llama contantemente a la conversión porque fallamos. Porqué muchas veces hemos dado la espalda a las propuestas de Dios, a los planes de Dios, a los preceptos de Dios. No siempre hemos amado a Dios en los hermanos.

Somos aquellos que tiene la característica, diríamos así, de ser tentados. Aunque la tentación no es todavía el pecado, sin embargo es una realidad nuestra, en la fragilidad. Por eso que bien que Jesús, viene y toma nuestra condición, es enviado por el propio Espíritu al desierto para ser tentado, sometido a prueba y vence el mal.

Por tanto así como es una realidad enorme, la que Dios existe, el amor de Dios existe, la vida de Dios existe. El llamado a la conversión es también un llamado para nosotros. Ciertamente nosotros somos capaces no solo de odiar, sino de amar. Nosotros somos capaces de caer, pero de levantarnos, esa es la condición nuestra. Gracia al regalo de Dios, a la forma de ser de Dios.

O en Jesús también que nos muestra que el mal puede ser extirpado de nuestro corazón, o lo podemos vencer. Esto también es cierto. Podemos enderezar nuestros pasos, podemos volver a la casa del Padre. Nuestro destino final no es la desaparición o la muerte. Nuestro camino, final es ser transformados, transfigurados en el Señor. Nuestro destino final tiene que estar comenzando ya en este mundo.

Aunque somos peregrinos, poco duramos en este mundo. Los cincuentones nos damos cuenta, al pasar los cincuenta cómo la vida se acelera. Esta mañana estaba hablando con unos sesentones y setentones, y me han dicho, verás que más tarde, es más a prisa que pasa todavía el tiempo.

Hermanos míos, la vida en este mundo pasa de prisa. Pero este no es nuestro destino final. Somos peregrinos en este mundo. Si hemos sido creados de las mismas entrañas de Dios, peregrinamos en este mundo un tiempo, pero retornamos al corazón mismo de Dios. Nuestro destino final es esta comunión con Dios mismo, Dios Padre Hijo y Espíritu Santo, estamos creados para esto. Y necesitamos convertirnos por esto.

Y si somos anunciadores de algo, es lo que nos dice la Palabra hoy: “Anunciamos a un Jesus muerto, crucificado y sepultado, pero resucitado, para la salvación del mundo y para la salvación nuestra”.

Por tanto hermanos, que bien y como coincide esta palabra, respecto a nosotros que queremos ser enviados como agentes de pastoral. Que buena cosa ¿cierto?
¿Cuál es nuestra misión? La misma misión del Señor ¿Cuál es nuestro apostolado? ¿Por qué estamos constituidos como apóstoles, nosotros creyentes? Para anunciar esta salvación al mundo entero. Para hacer presente en este mundo entero, que es una realidad el amor, la vida y un Dios que está presente y que reina en este mundo; pese a las adversidades que se puede presentar.

Si somos discípulos, eternamente seremos discípulos del Señor. Y si somos misioneros, llevamos un contenido fundamental y especifico que es nuestro Señor que lo anunciamos a los demás. Por eso somos discípulos misioneros, por eso tenemos un apostolado. Y miren hermanos que sentido enorme tiente eso, habiéndonos reunido en esta casa, hoy. Esta Casa construida de piedras, o de adobe en gran parte, porque esta Catedral San Sebastián, cuántos años tiene, y cuánto ha sido construido, en cuantos años, es de adobe, fundamentalmente es de adobe; pero no constituye esto la Iglesia, el templo de Dios.

Es un espacio, es un lugar, es nuestra casa madre de la Arquidiócesis. Pero cobra vida, cobra espíritu, tiene alma, porque hoy estamos reunidos. Qué sentido fundamental tiene que nosotros, Iglesia pueblo de Dios, templo del Espíritu, estemos hoy reunidos. Creyentes, ministros de Dios. Muchos de ustedes tienen un ministerio, aquí está representada la Iglesia ministerial de Cochabamba. Yo mismo tengo un ministerio, los sacerdotes tienen un ministerio. Hay muchos otros ministros aquí, o de la Palabra o de la Eucaristía.

Tenemos un ministerio, está presente la Iglesia ministerial. Y aunque algunos no tienen ministerios, son apóstoles, es decir, tienen un apostolado; en una comunidad concreta, en una parroquia. He visto aquí, entre los párrocos cuatro nuevos párrocos que han sido posesionados este año, no por nada, interesante, entre estos hermanos, cuatro, Significativo.

Pero qué quería decir, que en el fondo esta Iglesia ministerial, esta Iglesia de los Apóstoles, esta Iglesia que participa de la misma misión del Señor, está presente. Esta Catedral de adobe, tiene sentido porque existe esta comunidad. Porque existen los agentes de pastoral, porque existimos nosotros hoy en este tiempo y este lugar que formamos la Iglesia, templo del Espíritu de Dios, la Iglesia.

De otra manera no tendría mucho sentido, una catedral tan grande, una catedral también linda y de tantos adobes, si no está construida por las piedras vivas no tendría sentido. Significativamente hermanos, nosotros qué estamos haciendo. Estamos cumpliendo esta Palabra que hoy ha sido proclamada.

Constituyan este pueblo de Dios, este templo que si ustedes lo destruyen en tres días lo voy a reconstruir, dice el Señor. Esa es la gran promesa suya. Si este templo queda destruido, por la resurrección del Señor, si estamos nosotros piedras vivas, son reconstruidos y somos anuncio de vida y resurrección.

Hermanos míos esta catedral de adobes o de piedra dice algo para la sociedad cochabambina, hasta se saca en spot, propaganda, nos identifica. Ya está bien, de acuerdo, pero lo que identifica a nosotros es ser testigos del resucitado. No es solo lo que anunciamos, esto somos y esto significamos. Por tanto hermanos en buena hora que nosotros nos hayamos reunidos hoy y justo en esta palabra. Para que siendo enviados construyamos el Reino de Dios en este mundo. En el mundo concreto que nos toca a vivir, en medio de nuestras comunidades, en medio de nuestras parroquias, en medio de esta Arquidiócesis de Cochabamba y hagámoslo todos en comunión. A todos nos toca.

Coraje entonces hermanos, en buena hora, repito que hemos estado convocados y que hoy tengamos se ser testigos de aquello fundamental, de un Dios que está presente. De un Dios que ama, de un Dios que perdona, de un Dios que necesita experiencias nuestras para hacerse presente también en este mundo.

Somos trabajadores, un apostolado significa eso, servidores, trabajadores. Un ministerio significa eso, somos enviados por alguien para construir algo. Por tanto construyamos este Reino de Dios en este mundo donde nos toca, a cada uno en lo que le corresponde. A mí me toca ser Arzobispo, al Vicario de Pastoral le toca a ser Vicario Pastoral. Nadie nos tenga celos, porque tenemos también nuestros sufrimientos. A ti si te toca ser ministro de la palabra hay que construir el Reino de Dios. Si a ti te toca ser párroco, los nuevos párrocos, que se han posesionado ¿hasta cuándo? Hasta cuando Dios quiera.

Que seamos por tanto hermanos, este templo, estas piedras vivas, que somos enviados para hacer presente este Reino de Dios y a Jesucristo nuestro Señor en medio a nuestra Arquidiócesis.

Les he dicho algo al inicio, me ha gustado ver la alegría en muchos de ustedes. Y esta tiene que ser la tónica. Anunciamos algo que nos entusiasma. Vivimos algo que nos llega al corazón. Anunciamos a Cristo que pasado por la cruz, pero que vive, que ha resucitado. Esta es nuestra esperanza, a esto es que estamos caminando y por esto vivimos y a esto lo queremos también compartir. Porque hay muchísimos hermanos nuestros aquí en Cochabamba, que viven de la desesperanza, de la desolación, del desamor, del odio, de la venganza, son fruto también de la violencia, de una u otra manera.

Somos agentes de pastoral. Agente que quiere decir: uno, una gente, agentes de pastoral, quiere decir aquellos que tienen una tarea, una pastoral, un ministerio, un apostolado, que anuncian a Jesucristo nuestro Señor. Donde hace falta, donde también tiene que hacerse presente este Reino.
Acojamos entonces esta palabra, sigamos caminando, que el Señor nos conceda a todos, construir como Iglesia viva, como de piedras vivas construir nuestra comunidad, y ser signo de este anuncio aquí en Cochabamba. No necesitamos que todos tengan que entrar aquí en la Iglesia, pero que sí, todos reciban el anuncio de Jesucristo nuestro Señor.

Después los vamos a enviar, es un signo de envío, para seguir trabajando en esta construcción del Reino de Dios aquí en Cochabamba en nuestra Iglesia, en nuestra Arquidiócesis. Amén.

Carta Pastoral 2017

pcp

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