Miércoles 12 Diciembre 2018

Jesus de Nazaret el Príncipe de la Paz

Una de las fiestas más importantes de la Iglesia es la Navidad es porque en ella celebramos la llegada del Hijo de Dios se hizo hombre en nuestro mundo, para abrirnos las puertas del Cielo, para enseñarnos el camino para la vida eterna.
La Navidad se ha popularizado en todo el mundo. Efectivamente, hasta los no creyentes celebran "las fiestas de diciembre". Los regalos, los pinos adornados y los Santa Claus abundan en esta época y el gasto familiar aumenta.

Pero con el peligro de poner el verdadero sentido de celebrar el nacimiento de en un mero intercambio de regalos, tal como lo hacían los paganos griegos y romanos para las fiestas de la Saturnalia, es decir, el inicio del invierno.

Un poco de historia

Un Dios que se hizo Niño, el Emmanuel, Dios con nosotros. La celebración de la Navidad nos recuerda que Dios no está lejos, sino muy cerca de nosotros. En Él, Dios nos mostró su rostro humano, para salvarnos y amarnos desde la tierra.

El Salvador Jesús, es el Hijo unigénito de Dios, imagen perfecta del Padre, lleno de gracia y de verdad.

¿Qué nos enseña la Navidad?

La Navidad es un momento privilegiado para meditar en el texto de San Lucas 2,1-38, en donde se narra con detalle el Nacimiento de Cristo.

Podemos reflexionar las virtudes que encontramos en los diferentes personajes involucrados y luego, aplicarlas a nuestra vida:

María nos enseña a ser humildes, a aceptar la voluntad de Dios, a vivir cerca de Dios por medio de la oración, a obedecer a Dios y a creer en Dios.

José nos enseña a escuchar a Dios y hacer lo que Él nos diga en nuestra vida, aunque no lo entendamos y a confiar en Dios.

Jesús nos enseña la sencillez. A Dios le gusta que seamos sencillos, que no nos importen tanto las cosas materiales. Jesús, a pesar de ser el Salvador del mundo, nació en un pesebre junto a los animales.

Los pastores nos enseñan que la verdadera alegría es la que viene de Dios. Ellos tenían un corazón que supo alegrarse con el gran acontecimiento del nacimiento de Niño Salvador.

El 25 de diciembre se celebra la Navidad, Dios se hizo hombre, Jesucristo es luz, amor, perdón y alegría para todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que lo reciben en su corazón.

La Sagrada Familia nos da ejemplo de la aceptación de la Voluntad de Dios, viviendo con sencillez, humildad y alegría el nacimiento de Jesús en el Portal de Belén.

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado,
y el principado sobre su hombro;
se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte,
Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaac 9:6).

En un mundo lleno de guerras y violencia, es difícil ver cómo Jesús podía ser el Dios omnipotente que actúa en la historia humana y ser la encarnación de la paz. Pero la seguridad física y la armonía política no necesariamente reflejan el tipo de paz de la cual Él está hablando (Juan 14:27).

La palabra hebrea shalom quiere decir "paz", y a menudo es usada en referencia a un aspecto de la calma y la tranquilidad de las personas, grupos y naciones. La palabra griega eirene significa "unidad y acuerdo"; Pablo usa eirene para describir el objetivo de la iglesia del Nuevo Testamento. Pero el significado más profundo y más fundamental de la paz, es "la armonía espiritual producida por una restauración de una persona con Dios".

Es necesario fijarse en el Señor y en la vida eterna nos ayudará no sólo en la Navidad, sino en todos los desafíos de la vida terrenal. Las personas imperfectas comparten este planeta Tierra con otras personas imperfectas. Vivimos en un mundo caído, deudas excesivas, guerras, desastres naturales, enfermedades y muerte.

La época de Navidad es un hermoso tiempo en familia. Acojamos en nuestro hogar y en nuestras vidas el Príncipe de la Paz, Jesucristo el Hijo de Dios y nuestro salvador.

Fuente: Aciprensa 

Carta Pastoral 2017

pcp

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