Domingo 17 Diciembre 2017

Monseñor Oscar Aparicio, nuestro Arzobispo, presidió la eucaristía dominical en la Catedral Metropolitana de San Sebastián, dando inicio al tiempo de adviento que nos prepara a vivir la venida de Nuestro Señor.

Expresó, en su homilía tres aspectos importantes que la Palabra de Dios nos muestra: Dios que es fiel, que nos acompaña; Reconocer nuestras debilidades nuestra necesidad de Dios; y tercero estar atentos, en vigilante espera. Expresó una necesidad de dar un cambio a la sociedad, a la justicia que está tan dañada y poder establecer el reino de Dios en nuestras obligaciones como ciudadanos, como hermanos de esta patria.

Iniciamos hoy el Adviento, iniciamos este camino de fe en este Adviento, por eso esa corona tiene gran significado, cada domingo vamos encender una luz como signo que estamos yendo paso a paso y gritando y esperando la llegada del Señor. Advenimiento, la venida del Señor, es un tiempo de gracia y de espera, un tiempo bueno que el Señor nos permite vivir como Iglesia hasta el nacimiento del Señor, hasta la Navidad. Nuestros ojos están puestos en aquello, porque nace el Salvador. Porque Dios se hace presente en medio de nosotros. Porque el Emanuel, el Dios con nosotros, habita dentro de nuestras tierras, de nuestras casas.
Por lo tanto el preparar también, lo que nosotros solemos hacer, estos pesebres vivientes es fundamental; es decir, preparar nuestras actitudes, preparar nuestra vida, preparar todo aquello que nos corresponde a nuestro seguimiento al Señor, es fundamentalmente importante con esta postura y esta actitud de saber que preparamos también nosotros, nuestros propios pesebres.

Está la Navidad impregnada de comercio. Vean que ya desde hace dos semanas, aquí, ha empezado a llenarse el comercio de adornos, de luces, con el sentido más comercial. Intercambiaremos los regalos, nos encontraremos más en familia, todas cosas seguramente positivas, pero fundamentalmente lo que estamos anunciando nosotros ahora, lo que anunciamos nosotros como Discípulos Misioneros del Señor, es que el Señor viene. Este Dios, que es el Dios del Universo, que Dios Reina y nos llama a construir este Reino de Dios en este mundo, nace.

Y nosotros empezamos a tener esta actitud fundamental de espera, una espera vigilante. Por eso hoy día la palabra nos pone una situación muy particular. Primero delante de Dios. Un Dios que es fiel, que permanece atento vigilante a lo que es nuestra existencia. El Señor que vigila nuestros pasos. El Señor que sabe amarnos profundamente, que interviene en nuestras vidas, sobre todo en los momentos de más dificultad, está con nosotros. Su amor, su misericordia, su capacidad de perdonar, de acompañarnos en el camino que es real y verdadero. Esta es la primera certeza, es el primer anuncio. Dios está con nosotros, Dios nos ama, Dios vigila nuestros pasos. Aunque este Dios es así, nos invita a estar vigilante, expectantes.

Segunda actitud a que nos llama la Palabra de Dios, ya corresponde a nosotros: Reconozcan que son necesitados. Y esto es fundamental en la vida hermanos. Reconocer que tenemos nuestros límites. Reconocer que nos equivocamos muchas veces. Reconocer que necesitamos muchas veces volver nuestros pasos para entrar en el plan de Dios. Reconocer que hemos pecado. Pecado saben que literalmente significa no dar en el blanco. Es decir, que vamos muchas veces vamos por otro lado, vamos por otro camino. Vamos contrariamente incluso al camino de Dios, a los planes de Dios. Nos hemos equivocado. Reconocer nuestros pecados no solo es de sabios, sino es fundamental en nuestras vidas. Porque si no, no acudimos a Dios y a su perdón.

Reconocer que en nuestro mundo hay cosas que no está bien. Por ejemplo, reconocer que muchas veces estamos muy divididos, también como bolivianos. Reconocer que la justicia no está bien. Reconocer que hay pecados enormes, sociales, como la corrupción, como la división, como el odio, como la separación de personas, o de culturas o de pueblos. Reconocer por ejemplo que nuestras cárceles están abarrotadas, porque hay una justicia que no atiende. Son situaciones de equivoco y de pecado que hay que reconocer, que necesitamos emendar muchísimo.

Por tanto la Palabra de Dios, hoy, nos pide, nos exige, a mirar nosotros mismos, a mirar nuestra sociedad, mirar que necesitamos estar vigilantes en tantas cosas para poder también enderezar los pasos. Sabiendo que hay que renovar nuestra confianza en el Señor. Sabiendo que es posible reconocernos como hermanos. También es posible cambiar muchos aspectos que vayan en atención a los más pobres o a los más necesitados. Es decir, que nosotros seamos también capaces de reconocer nuestros pecados, pero capacidad también de convertirse.

Por eso este tiempo Adviento también, si de gracia y de espera, es un tiempo de llamada a la conversión. Por eso el apóstol Pablo hace este gran saludo a sus comunidades, que la paz, que la gracia de Dios, que su justicia, sea algo que está presente también en nuestras vidas y en nuestras familias.

Y la tercera actitud que nos invita hoy la Palabra de Dios es esta vigilante espera. Es bonito, muy lindo el ejemplo que pone, cuando dice: “estén prevenidos, estén cuidadosos, porque no saben cunado llegara el momento”. Y pone el ejemplo del señor que se va de su casa y deja a sus sirvientes cuidando esta casa. No saben a qué momento regresara, si a la media noche, si en la tarde, al amanecer, al momento que cante el gallo, es bonita la figura que pone, son cuatro momentos y realmente para decir esto, que no se sabe cuándo el dueño de la casa retornará. Y si no lo saben con exactitud, estén vigilantes y en la espera. Y lo que digo a ustedes, dice el Señor, les digo a todos, estén prevenidos. Porque llega, tarde o temprano, el Señor viene. Ese dueño de la casa retornará y si nosotros somos servidores que no nos encuentre dormidos.

Vean hermanos que hermosa también esta actitud, estar prevenidos, vigilantes, esperando en atención. Así como por tanto Dios lo hace. Si Dios es aquel que vigila nuestros pasos. Si un Dios que esta entre nosotros, si un Dios que nos invita y camina con nosotros en esta apertura del Adviento. Si Él acompaña también nuestros afanes en la sociedad, acompaña esta jornada. Que nuestra actitud corresponda a la actitud de Dios. Un Dios que busca una justicia, por tanto invita también acudir a las urnas, que bien que hemos comenzado nosotros, este día, con la Santa Misa. Qué bueno. Después acudamos también a nuestras responsabilidades de hacer estas elecciones con la mayor consciencia y libertad posible.

Por otro lado que lo hagamos con el mayor respecto y también con la mayor paz. Sabemos que estos días hemos vivido muy convulsionados, porque vivimos en con controversias muy fuertes. Que nuestra actitud sea correspondiente a las de Dios, es decir que busca el bien, sobretodo de los hermanos. Que construyan el Reino de Dios en este mundo, también ejerciendo la responsabilidad. Y que sobretodo, estemos vigilantes, despiertos, atentos a nuestra vida de una constante conversión. Y también nuestra sociedad, nuestra atención, a aquellos que más nos necesitan, y a lo mejor es el hermano que está al lado.

Preparemos entonces todavía este pesebre viviente que el Señor nos invita en nuestra familia, en nuestra persona, donde nos toca a vivir y donde queremos estar entonces, como nos dice el Señor prevenidos, atentos en una vigilante espera por el Señor que viene.
Amén.

Carta Pastoral 2017

pcp

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