Domingo 17 Diciembre 2017

Este primer día de noviembre celebramos la festividad de los santos, donde la Iglesia unifica todos los santos y santas que han sido elevados a los altares, y por aquellos no conocidos pero que llevaron una vida plena con el Evangelio,  para reconocer que también nosotros podemos hacer un camino de santidad.

La Conmemoración de los Fieles Difuntos, popularmente llamada Día de Muertos, es una celebración cristiana que tiene lugar el día 2 de noviembre, cuyo objetivo es orar por aquellos fieles que han partido al encuentro del Padre.

La práctica religiosa hacia los difuntos es sumamente antigua. El profeta Jeremías en el Antiguo Testamento dice: «En paz morirás. Y como se quemaron perfumes-incienso por tus padres, los reyes antepasados que te precedieron, así los quemarán por ti, porque lo digo yo — oráculo de Yahveh» (Jeremías 34,5).

Y la festividad de todos los Santos fue el Papa Gregorio IV quien ordenó en el año 835, que el mundo cristiano honre a todos los santos del cielo en esta fecha.

En Bolivia se celebran de manera especial la festividad de todos los Santos y la fiesta de los Fieles Difuntos, conmemoradas el 1 y 2 de noviembre respectivamente,.

Estas celebraciones son una de las manifestaciones más sincréticas de la cultura boliviana, ya que reúne elementos de la liturgia Católica y costumbres de las regiones del país, donde los fieles, por varios días, se preparan para recordar a sus seres queridos fallecidos por medio de varias expresiones y símbolos.

Como cada año, miles de personas visitarán los lugares donde se encuentran los restos de los seres queridos que han terminado su misión en este mundo y que, desde nuestra fe, afirmamos que gozan ya de la presencia de nuestro Señor en el cielo.

Esta tradición, tan arraigada en nuestro pueblo, es un momento para recordar a los difuntos, pero también debe ser una oportunidad para orar por su eterno descanso y también para reflexionar en la trascendencia de nuestra existencia ya que. Recordamos a quienes compartieron con nosotros parte de su peregrinar por este mundo.

La fe cristiana, es una fe que mira más allá de una tumba, es una fe que cree en la vida eterna que Cristo nos ha alcanzado con su resurrección.

Mons. Oscar Aparicio, Arzobispo de la Arquidiócesis de Cochabamba en su mensaje para estas fiestas dijo: “Este primero de noviembre celebramos la festividad de los santos, donde la Iglesia unifica todos los santos y santas que han sido elevados a los altares, para reconocer que también nosotros podemos hacer un camino de santidad. Este ano de 2017, tenemos esta linda particularidad de saber que pronto podría ser canonizada la beata Nazaria Ignacia, sería la primera santa boliviana. Por tanto nos alegremos y les deseo que a través de los santos ustedes puedan ser bendecidos en sus familias.

Y celebramos la festividad de los fieles difuntos unidos a tantas de nuestras tradiciones que vivimos aquí en Cochabamba, como en toda Bolivia. Les deseo que sea una festividad también de respeto profundo a quienes ya están en la presencia de Dios. Porque Dios nos ha prometido también que nosotros estaremos en su casa. Vivimos como peregrinos en este mundo y creemos que nos encontraremos también con nuestros seres queridos”.

Papa Francisco: La «tristeza» por los seres queridos que se han ido, la «esperanza» en la resurrección que nos prometió Jesús. Y la tristeza «se mezcla con la esperanza, explicó el Pontífice, es lo que sentimos hoy en esta celebración».

Porque «nosotros también recorreremos este camino, con la flor de la esperanza de la resurrección». «El primero en recorrer este camino ha sido Jesús —recordó— nosotros caminamos el camino que Él hizo. Él nos ha abierto la puerta de la esperanza, la puerta para entrar al lugar en donde contemplaremos a Dios».

Por ello, «hoy estamos llamados a recordar a todos, también a aquellos que nadie recuerda: las víctimas de las guerras y de las violencias, tantos pequeños del mundo aplastados por el hambre y por la miseria».

«El recuerdo de los difuntos, el cuidado de los sepulcros y los sufragios, son testimonio de una confiada esperanza, radicada en la certeza que la muerte no es la última palabra sobre el destino humano, porque el hombre está destinado a una vida sin límites, que tiene su raíz y su cumplimiento en Dios» (Fuente: Radio Vaticana).

 

Carta Pastoral 2017

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