Sábado 21 Octubre 2017

Este domingo 8 de octubre en la Catedral Metropolitana de Cochabamba P. Carlos Curiel – Vicario General de la Arquidiócesis de Cochabamba, animó al pueblo de Dios a asumir su compromiso de misioneros en su familia y en su comunidad.

El amor entrañable de Dios por su pueblo. Vivimos este amor y nos sentimos con la fuerza de este espíritu que el Señor infunde en nuestros corazones para que seamos buenos trabajadores, buenos obreros de esta viña, o hemos rechazado este amor. O hemos rechazado todo lo que nos ha dado desde su gratuidad, porque así es nuestro Dios. Nos ha dado nuestros dones preciosos de manera gratuita. Como lo hemos meditado en nuestro corazón, personal y comunitariamente sintiéndonos ese pueblo en medio del cual el Señor ha plantado su viña.

Es una linda reflexión que la tenemos que hacer con sinceridad, con trasparencia, con humildad. Reconociendo que muchas veces hemos rechazado ese amor, que el Señor nos tiene como pueblo que peregrinamos en Cochabamba. y no hemos hecho de la viña el trabajo al que Él nos invita. Como es sembrar la semilla del amor, de la unidad, de la fraternidad, de la justicia y de la paz.

No será que el Señor nos está diciendo hoy también, como se cerraba esa lectura del profeta Isaías “El espero equidad y hay efusión de sangre, El espero justicia y hay grito de angustia”. ¿Será que en nuestra Cochabamba no hay equidad? ¿Será que en nuestra Cochabamba hay efusión de sangre? Será que el Señor sigue esperando esta justicia que nosotros debemos sembrar desde el amor, o sigue habiendo gritos de angustia.

Esta reflexión que lindo que la hiciésemos como pueblo de Dios, para que descubramos este amor inagotable que el Señor tiene por su pueblo. Para que descubramos que este amor se nos ha dado no porque nosotros actuemos de buena manera. Si no se nos ha dado, porque tenemos un Dios que es amor, que es misericordia, que es compasión.

A pesar que nosotros seamos infieles al trabajo que el Señor se nos encomienda, El permanece fiel. Y siempre nos estará esperando con los brazos abiertos. Lo que quiere es un corazón sencillo, que meditando la Palabra de Dios, nos ayude a descubrir todo nuestro fallo y errores de esta encomienda que nos ha hecho el Señor para que nos convirtamos a su Palabra. Y fundamentemos nuestra vida en El, sobretodo en su Hijo. En su hijo que es la piedra angular que sostiene cualquier pueblo, que sostiene cualquier vida, dándonos la fuerza del Espíritu Santo.

Queridos hermanos nuestra Bolivia puede estar habiendo efusión de sangre, puede haber producción de grito de angustia. Fíjense que el Señor nos invita a optar por la vida, optar por la vida digna, en todas las etapas de ella. Qué triste, que lamentable lo que está sucediendo con nuestros legisladores, donde ya se ha aprobado una ley que le falta un paso ser aprobada definitivamente, donde se despenaliza el aborto en distintas circunstancias. Eso es producción de sangre en medio de nuestro pueblo. Sobre todo de la sangre mas débil de nuestra sociedad. Incluso del que no lo sentimos miembro de nuestra sociedad, porque no ha nacido.

Queridos hermanos pidamos al Señor su Espíritu para que nos ayude a meditar profundamente y nos de la fuerza de optar por la vida. Pero de optar en plenitud, y optar por la vida no solo significa condenar el aborto. Sobretodo significa que la defendemos, la protegemos, la cuidamos, la promovemos para que todos tengan vida y que la tengan en abundancia en esta viña que el Señor ha plantado en nuestra Bolivia y en nuestra Cochabamba.

No desanimemos, el Señor nos llama la atención para que nosotros entremos en consciencia y corrijamos nuestra actitud ante la vida de manera personal y comunitaria. Como nos decía el Salmo, la viña del Señor es su pueblo. Sintamos parte de esta viña. Sintamos trabajadores al cual Él nos llama a llevar la alegría del Evangelio.

Hoy tenemos unos hermanos que van a ser enviados al VII Congreso Misionero Nacional que se desarrollará en Sucre. Pidamos por ellos. Ellos se han sentido trabajadores de esta viña, se han sentido trabajadores del Señor. Sienten la fuerza de su Espíritu.

Pero también te ha llamado a ti para que seas este misionero este misionero en tu casa, en tu familia, en tu vecindario, en tu lugar de trabajo o de estudio. Estamos llamados a esta linda misión a llevar la alegría del Evangelio para que el Señor no se arrepienta de haber plantado una viña en Bolivia. Si no que nos de la fuerza de su amor y nosotros seamos aquellos trabajadores que siembran amor, justicia, paz, de unidad optando siempre por la vida de nuestra querida Bolivia.

Esto será posible si aceptamos la palabra que nos dirige hoy el apóstol San Pablo, donde nos invita siempre a recurrir a Dios presentando nuestras oraciones y acción de gracias. Demos gracias a Dios porque nos ama, permanece fiel en su amor y sigue caminado al lado de su pueblo compartiendo las angustias y tristezas. Pero también las alegrías y las esperanzas.

Pidamos a Dios por esta viña de Bolivia, por esta viña que ha plantado en Cochabamba, para que Él la contemple bella.
Hoy lo vemos claramente en el Evangelio, sembró la viña y la alquiló a unos pero, cuando envió a sus trabajadores los asesinaron. Hay sangre hay muerte, no han optado por la vida.

Queridos hermanos el Evangelio de hoy nos manda a optar por la vida y por la vida fundamentada en la Palabra. En la vida de Jesucristo que se ha entregado por nosotros para que tengamos vida en abundancia.
No desechemos esta piedra angular que es nuestro Señor Jesucristo. No desechemos la propuesta de amor que Él nos hace, la del Reinado de Dios. Y si queremos resumir el Reino de Dios en una frase, pudiésemos decir que el Reino de Dios es un proyecto de hermanos.

Vivámoslo con el corazón, vivámoslo con pasión por Dios y con pasión por la humanidad. Seamos los discípulos misioneros que necesita nuestra Bolivia, que necesita nuestra Cochabamba. Comprometidos en el trabajo de la viña del Señor, que es amor, justicia, paz y encuentro fraterno.

Que la fuerza del Espíritu Santo resida en nuestro pueblo boliviano, en nuestro pueblo cochabambino, para que manifestemos la alegría del Evangelio en todas partes y allí donde nos encontremos. Que la gracia de Dios este siempre en el corazón de su pueblo. Amen.

Carta Pastoral 2017

pcp

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