Jueves 23 Noviembre 2017

A fines de 1700, en la comarca de Cota (hacia el sudoeste de Quillacollo), vivía una humilde familia de campesinos quienes subsistían gracias a la utilidad de su pequeño rebaño de ovejas que se encontraban al cuidado de la hija menor. La niña pastorcita era vivaz y de una gran imaginación.

La muchacha se dirigía diariamente hacia las bajas colinas del frente de Cota, pasando el río de Sapinku, donde había agua y pasto en abundancia para su rebaño. Un día esplendoroso de agosto, cuando el sol jugueteaba con los agrestes arbustos de la colina y el pasto esmeralda deslumbraba, se le apareció una Señora quien tenía un hermosísimo niño en sus brazos.
Frecuentemente la pastorcita jugaba con aquel niño en las aguas de una vertiente que brotaba de las rocas.

Desde entonces, la muchacha demoraba al retornar a la choza de sus padres, por lo que éstos le preguntaron el motivo de sus tardanzas, la niña relató sus encuentros con la señora a quien llamaba “Mamita y el niño”. Decía que la mamita y su niñito descendían a jugar con ella en la chimpa juturis (o chimpa pilas), que así se llamaban y continúan llamándose las dos vertientes de agua clara y dulce situadas al pie de la colina. Al oírla, sus padres se alarmaron y se dirigieron repetidas veces a la verde colina para convencerse de los increíbles relatos de la niña campesina.

Un día, a insistencia de la pastorcilla, sus padres subieron a la colina y vieron asombrados como la pequeña descendía exclamando ¡Urcupiña!.. ¡Urcupiña!, alcanzando a ver una imagen celestial que se esfumaba en la maraña de los algarrobales, cactus y ululas.

Convencidos que la visión era extraña, corrieron al pueblo. Al llegar dieron parte al párroco quien convocó a los pobladores, y junto a otras autoridades acudieron al lugar del prodigio frente a la ranchería de Cota… La multitud bulliciosa trasladó esta imagen a la capilla de Quillacollo y desde entonces es conocida como la Virgen de Urqupiña, quien es muy venerada y los relatos de los milagros que se prodigan a sus devotos son extraordinarios. (Agosto de 1970, Mercedes Anaya de Urquidi).

Son misterios que la tradición y la historia han tratado de responder y hoy todavía son temas de investigación de historiadores, antropólogos y religiosos.

Según el actual párroco del Santuario de Urkupiña de Quillacollo, Víctor Benavente, hay historiadores que sitúan esta leyenda en el año 1681, otros en 1745 basados en algunos documentos y pinturas de esas épocas que hacen referencia a la Virgen. La imagen de la que habla la leyenda, es hoy entronizada, aunque tiene varias restauraciones, debido a los daños que sufrió en los tres incendios del templo.

Recordó que el ex párroco le contó, también en base a testimonios, que la imagen estaba sobre unos libros cubiertos por un tapete, para que sea más alta, sin embargo estos se quemaron y afectaron la imagen por lo que tuvo que ser restaurada.

Señaló que hay una versión que está siendo investigada, que sostiene que la imagen de la Virgen de Urkupiña hallada en el cerro fue hecha junto a la de Copacabana por Tito Yupanqui y que su ayudante llamado el “Quimichu”, que iba de pueblo en pueblo llevando imágenes de la Virgen, la trajo en 1600. Se la encontró en el cerro donde se dice murió el “Quimichu”.

Fuente: Bolivia Misionera

Carta Pastoral 2017

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