Sábado 21 Octubre 2017

Hoy domingo, en el Templo de San Ildefonso se celebró la Eucaristía dominical, presididad por Mons. Oscar Aparicio, que fue transmitida para toda Bolivia por la televisión y los medios digitales del Arzobispado y Santuario de Urcupiña.

Durante su homilía el Arzobispo de Cochabamba remarcó la fe y devoción de los peregrinos que buscan un encuentro personal con Dios mediante la Virgen María. Pero también se refirió a la situación social que se vive, invitando a todos que no tengan miedo, que mantengan una fe firme, y se dejen acompañar por el Señor que nos cuida siempre. Expresó que ante los ataques que está sufriendo la Iglesia en el ultimo tiempo no podemos desanimarnos pues el Señor nunca abandonará su barca.

HOMILIA MONS. OSCAR APARICIO – 13 de agosto – Quillacollo

Muy amado hermanos y hermanas, es una gran palabra que viene a nuestro encuentro, la de hoy. De manera concreta animarnos a salir de nuestros miedos. A saber que. en las adversidades que se nos pueden presentar en esta vida, a través de tantas situaciones que podemos vivir, Dios nunca nos abandona.

La Presencia de Jesús es real, la presencia de este Señor que nos dice que no tengamos miedo, que nos extiende la mano para sacarnos de las dificultades es muy real y está siempre presente. Incluso en la situación concreta de las adversidades frente a la misión que podamos tener, incluso como Iglesia, o como discípulos misioneros del Señor. Porque existen adversidades, la misma Iglesia constantemente tiene también esta barca que muchas veces navega en estas aguas encrespadas contra el viento. Y es el Señor que la sostiene. Es el Señor que anuncia, no solo a no tener miedo, sino también, Aquel que nos extiende la mano.

Por eso hermanos desde aquí en este Santuario de la integración nacional es un anuncio para todos nosotros que habitamos en Bolivia. Es el lugar donde tantos miles y miles de peregrinos acuden no solo en estos días, sino en todos los días del año, para encontrar sosiego para encontrar paz, para encontrar este ánimo de tener las fuerzas suficientes y enfrentar también las adversidades.

Y la presencia de María que con toda sencillez, con toda maternidad y con toda ternura nos campaña. Pero es un anuncio doble, también de renovar nuestra fe. Sabiendo que ciertamente las adversidades que podemos tener, o las veces que podemos estar, en este mar encrespados; podemos estar contra corriente. O tantísimas veces, en situaciones personales que nos toca vivir, o de crisis, de soledad, o de desamparo aparente, el Señor no nos abandona. Y la presencia de la Virgen también es real.

Qué nos mueve el venir acá. Qué nos mueve el atravesar kilómetros y kilómetros. Hay muchos casos de gente que vienen al Santuario de Urcupiña, desde lejanas tierras. Es ese encontrase con el amor y la misericordia de Dios.

Pr eso la Palabra hoy, repito, tiene un carácter muy fuerte. Elías en la primera lectura en un momento serio de crisis. Elías que se retira para orar, pero acongojado también por las adversidades que le supone su misión. En esta ocasión es el Señor que se le presenta en la suave brisa. En la vida cotidiana, en lo normal.

No se trata de manifestaciones extraordinarias es esta brisa suave que acompaña y anima a Elías. Es esta presencia del Espíritu que anima a Elías a retornar a su misión, incluso frente a las contrariedades que puede enfrentarse.

Es esta presencia amorosa, serena, llena de paz que nos trae la Virgen Peregrina. Y en este año con una particularidad, ser la Virgen, ser la mamita de Urcupiña, que viene a nuestro encuentro, que camina y toca a nuestras puertas, que va a nuestra casa, que nos visita. Es misionera, anunciadora de la presencia del Señor en nuestras vidas. Anunciadora de serenidad, de paz en la vida cotidiana que nos toca a vivir. Es aquella que también junto a su hijo Jesús nos dice ánimo, no tengan miedo.

Es aquella que fortalece a nuestra Iglesia; que durante todos estos días, en esta semana ha sido apabullada, más que nunca, o tantas veces nos pasa eso. Frente a anunciar la Palabra de Dios, frente a anunciar un evangelio de vida, una defensa de la vida misma para no caer en ideologías que van contra la familia. O para no caer en acciones que van contra nuestra propia situación de anunciadores del evangelio. Somos portadores de esta esperanza, somos portadores del Señor Jesús que viene y está presente en medio de nosotros y nos concede su Espíritu. Nos da la capacidad y posibilidad de trabajar en esta fraternidad de hermanos.

Es este evangelio que anunciamos. Es esa gran verdad que anunciamos. Por ejemplo: anunciamos el hecho que el ser humano es concebido y ya es ser humano. La vida está presente desde la concepción hasta la muerte natural. Esto es lo que estamos anunciando y estamos basados en el Señor Jesús.

Esto mismo nos anuncia María nuestra madre. Es aquella que nos anima a cuidar de nuestra casa común. Parece impresionante que mientras en la semana pasada anunciamos la necesidad de cuidar nuestros parques, de cuidar nuestro ambiente, se enciende el Tunari y se encienden parques también en Tarija.

Levantamos la voz por tanto en nombre de Dios, a aquellos creyentes, ánimo no teman. Y si te falta la fe, el Señor te extiende la mano. Pero levantamos la voz para decir que esta verdad, que este anuncio de la vida, la familia que está siendo contrariada o que está siendo atacada, esta familia es también el evangelio que el Señor nos ha dado, nos ha regalado. Es una familia constituida de papa, mama e hijos. Es una familia constituida de esta manera también a la imagen de la Sagrada Familia de Nazaret.

Queridos hermanos y hermanas, aunque existan estas adversidades en la vida, somos llamados también a seguir anunciando en lo cotidiano de nuestra vida, este mensaje de esperanza y de salvación. Lo bello es que con María, con Jesús también lo podemos hacer.

Les invito pues, que acojamos esta palabra. Que acojamos la presencia del Señor. Que dejemos que Él nos ame y que Él nos pueda auxiliar. Que nuestra fe se robustezca, que nuestra fe sea renovada. Que María, la maternidad suya renueve nuestras familias, renueve nuestro espíritu, renueve nuestra sociedad boliviana.

Que este sea el mayor de los grandes deseos, desde aquí, de este Santuario que hacemos llegar a todas las familias bolivianas y también aquellas que peregrinan a este Santuario. Que la Virgen nos acompañe y que el Señor Jesús siga siendo nuestra salvación. Amen.

Carta Pastoral 2017

pcp

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