Viernes 18 Agosto 2017

Ante la publicación de la Carta Apostólica en forma motu Proprio Maiorem hac dilectionem, del Papa Francisco, que establece que el ofrecimiento de la vida es un nuevo caso en el proceso de beatificación y canonización, distinto del caso del martirio y de la heroicidad de las virtudes, el Rector de la Pontificia Universidad Lateranense, Mons. Enrico Dal Covolo, fue entrevistado por Radio Vaticano.

«El mensaje central es éste: el ofrecimiento de la vida se vuelve un nuevo caso – hasta ahora inédito – del proceso de beatificación y canonización y se distingue de los otros dos casos tradicionales, que son el martirio y la heroicidad de las virtudes. El problema que se plantea enseguida es éste: en qué consiste este ofrecimiento de la vida, para que sea válido y eficaz para la beatificación de un Siervo de Dios».

Mons. Dal Covolo, que presidió el Congreso peculiar de la Congregación para las Causas de los Santos sobre el ofrecimiento de la vida, explicó los criterios que presenta el Santo Padre:

«Los criterios que el Papa indica son cinco. El primero y el segundo me parecen los más destacados. Debe ser un ofrecimiento libre y voluntario de la vida y de heroica aceptación propter caritatem – hay que subrayar esto - por la caridad, por el amor a Dios y al prójimo, de una muerte segura y a corto plazo y debe haber una relación – éste es el tercer criterio – entre el ofrecimiento de la vida y la muerte prematura».

También se requiere el milagro en el caso del ofrecimiento de la vida:

«Exactamente. La necesidad del milagro para la beatificación y luego para la canonización y, naturalmente, el milagro debe suceder después de la muerte del siervo de Dios y por su intercesión demostrada».

El Rector de la Pontificia Universidad Lateranense nos habló de algunos ejemplos

Esta decisión del Santo Padre se debe a que, algunas veces, se encontraban dificultades durante el desarrollo del proceso canónico. Es decir, se empezaba quizá con el proceso sobre el martirio y luego había que pasar al proceso sobre la heroicidad de las virtudes, que son muy distintas entre sí, porque en realidad no se entendía bien si se trataba de un caso o de otro. Por ejemplo, por citar casos que todos conocen: los casos del Siervo de Dios Salvo D’Acquisto, o el caso de Maximiliano Kolbe, que fue beatificado por la heroicidad de la vida y de las virtudes y luego fue canonizado por martirio. Es evidente que había alguna dificultad en el proceder. Ahora, este nuevo camino consiente resolver muchos casos ambiguos, porque así no hay necesidad, por ejemplo, de que haya un persecutor, no hay necesidad de que haya odium fidei. Sobre todo, no hay necesidad de que haya efusión de la sangre, como prevé el martirio. Es suficiente demostrar – y esto es esencial – esta relación profunda entre el ofrecimiento de la propia vida y una muerte prematura y aceptada por amor a Dios y a los hermanos. Esto, por ejemplo, se podría sostener en algunos casos de muerte aceptada voluntariamente yendo a socorrer a personas enfermas durante una epidemia. Es decir, arriesgando la propia vida por el bien del prójimo».

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Radio Arquidiocesana San Sebastián

 

El Santo Padre