Viernes 24 Noviembre 2017

«¡No olvidemos el amor de Dios, el amor de Jesús: Él nos mira, nos ama y nos espera. Es todo corazón y todo misericordia. Vayamos con confianza a Jesús, Él nos perdona siempre»

(RV).- En el día dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, que es la «máxima expresión humana del amor divino», resuenan las palabras del Papa Francisco, exhortando a que vayamos a Jesús, porque su corazón misericordioso nos espera siempre. Y a no olvidar nunca que el Corazón de Jesús, no es un símbolo imaginario, sino que es el centro del que mana la salvación para toda la humanidad.

Son innumerables las veces, en que ha invitado a recordar que la misericordia divina es «compasión», «es el amor de Dios, es decir la actitud de Dios en contacto con la miseria humana». Escuchemos al Papa Bergoglio, tan solo menos de tres meses después de su elección pontificia, en la cita para el rezo mariano del Ángelus, del domingo 9 de junio de 2013: «La piedad popular valora mucho los símbolos, y el Corazón de Jesús es el símbolo por excelencia de la misericordia de Dios; pero no es un símbolo imaginario, es un símbolo real, que representa el centro, la fuente de la que brotó la salvación para toda la humanidad».


Con el relato de la muerte de Cristo, del Evangelio de Juan, el Obispo de Roma hizo hincapié en que «del corazón de Jesús, Cordero inmolado en la cruz, brota el perdón y la vida para todos los hombres»:«Pero la misericordia de Jesús no es sólo un sentimiento, ¡es una fuerza que da vida, que resucita al hombre!

Pensemos esto, es hermoso: la misericordia de Dios da vida al hombre, le resucita de la muerte. El Señor nos mira siempre con misericordia; no lo olvidemos, nos mira siempre con misericordia, nos espera con misericordia. No tengamos miedo de acercarnos a Él. Tiene un corazón misericordioso. Si le mostramos nuestras heridas interiores, nuestros pecados, Él siempre nos perdona. ¡Es todo misericordia! Vayamos a Jesús».


Con el Corazón de Jesús, está el Corazón de la Madre de Dios y Madre nuestra:
«Dirijámonos a la Virgen María: su corazón inmaculado, corazón de madre, compartió al máximo la «compasión» de Dios, especialmente en la hora de la pasión y de la muerte de Jesús. Que María nos ayude a ser mansos, humildes y misericordiosos con nuestros hermanos».
(CdM – RV)

Carta Pastoral 2017

pcp

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