Sábado 23 Septiembre 2017

Ayer por la mañana, se vivió la celebración de de aniversario del Seminario Arquidiocesano San Luís, que según últimos estudios históricos, habría sido fundado hace 300 años, primeramente como colegio o seminario menor.

Centro de los festejos fue la celebración eucarística, la que fue presidida por Mons. Oscar Aparicio, quien durante la homilía reconoció la importancia de la casa de formación, pero particularmente destacó el llamado que Jesús hace para seguirlo, a cada uno por su nombre, como a los doce. Contó además su experiencia como seminarista, misionando; donde pudo fortalecer esa vocación al sacerdocio, así animó a los jóvenes seminaristas a continuar con este camino; y a los fieles a seguir colaborando con la formación de los futuros sacerdotes.

HOMILIA DE Mons. Oscar Aparicio, aniversario 300 años del Seminario San Luis.
Esta Palabra que hemos escuchado, viene a propósito de la festividad que estamos celebrando. Es increíble para nosotros, el expresarse y comunicarse de parte de Dios. Es el que anuncia nuestro camino y santifica, digamos que con la celebración eucarística, pero con su palabra, aquello nosotros estamos festejando, también, en el día de hoy. Hemos dicho que es el momento central y por tanto la escucha de su palabra nos llena de gozo, yo espero que sí.

Por ejemplo en la primera lectura pueblo sacerdotal de las promesas de parte de Dios que son cumplidas a lo largo la historia, de generación tras generación. Dios toca a nosotros hoy. Es la fidelidad de Dios en la historia. Es la fidelidad de Dios que suscita para cada tiempo y para cada lugar también un llamado personal a esos jóvenes. Y hace que el pueblo mantenga también ese sacerdocio real, que sea posible este encuentro entre el cielo y la tierra. Que sea posible la proclamación de la palabra. Que sea posible la celebración de los grandes misterios del Señor que se hace presente en esta comunidad.

Por tanto somos depositarios también de eso, somos herederos de aquello que el Señor ha regalado y a su pueblo… pero también de manera concreta, también aquí en medio nuestro hace 300 años. No ha sido inútil predicar aquello y no ha sido una tatica política, de estrategia, ¿no es cierto? Debemos de buscar un motivo a la solicitud de parte de Dios, de alguien que dice: sabemos tenemos datos históricos, verídicos que el Seminario San Luis como comunidad y como institución ha sido creado hace 300 años. Es un motivo para alegrarnos doblemente, y saber que Dios se ha empeñado en hacer historia también entre nosotros. Es de parte de Dios mismo algo concreto que nos mete dentro de algo fundamental, esa historia de salvación y que Dios ha hecho una promesa en esta Iglesia Local en este suelo, en esta tierra bendita. Somos parte de estos 300 años.

O somos protagonista o herederos del pueblo de Dios hace tantos miles de años. Somos herederos de una tradición hermosa y de una historia también de salvación que Dios ha querido hacer en medio nuestro. Ayer decía P. Sergio hacia 300 años o no estaba aquí. Es cierto, pero yo puedo decir que hace 27 años yo estaba aquí y hacia parte del Equipo de Formadores. Me siento protagonista y heredero de estos 300 años que Dios ha querido empeñarse también con la comunidad, con personas en medio nuestro.

Somos parte de esta Historia de salvación, somos parte de este pueblo sacerdotal, somos parte de lo que Dios ha querido hacer en medio nuestro. Hasta eso diríamos que es un poco el ministerio sacerdotal. Cumplir bien, ser fieles en esta orden, en este precepto en lo que nos toca a nosotros vivir, para que luego, recibir en herencia, a aquellos que nos vienen detrás. Agradezcamos por tanto primero a los que nos han antecedido. El Seminario San Luis no es solo nuestro y de este pequeño grupito, no es solo de esta gestión. El Seminario es obra de Dios, también en una historia de esta Iglesia de Cochabamba. O de este Dios que ha querido hacerse presente y que ha querido misionar en esta Iglesia Cochabambina.

He aquí hermanos viene el segundo punto. Hemos escuchado el evangelio Es el inicio del discurso misionero que Jesús se levanta proclama y envía a sus discípulos. Es hermoso saber cómo Jesús hace la elección con nombre y apellido. Con nombre e historia, con nombre y debilidades, con nombre y cualidades. Esos discípulos, esos apóstoles, esos 12 que aparecen ahí, somos también nosotros. Es Jesús el que se empeña personalmente que nos mima, que convoca, que llama. Es el Señor que se fija en la persona concreta para involucrar en su propia misión. Y luego hace comunidad, porque el cristiano no vive solo, no anuncia solo, no hace la misión solo. Lo hace en nombre del Señor, pero también en un pueblo que tiene que anunciar.

Por eso nuestros nombres están escritos en el cielo. Estos discípulos también estamos aquí. Si son doce es para indicar simplemente la totalidad, y parte de la totalidad también somos nosotros. Y ustedes jóvenes son parte de esta totalidad. El Señor dice: son ustedes seminarista y equipo de formadores de San Luis, son prácticamente aquellos que llamo, que les convoco, los hago vivir en medio de la misma experiencia fundamental de conocer a Jesús. Y los envía a los demás. El objetivo no somos nosotros mismos. El objetivo es aquella gente, aquella muchedumbre que esta como oveja sin pastor.

Esta casa está en función de la formación de los Seminaristas, está en función de, todos nuestros esfuerzos, está en función de todos aquellos que están desamparados. Descartados que viven fuera de nuestra sociedad, que necesitan escuchar una voz, que necesitan ver alguien que les guie. Por eso es fundamental que tengamos experiencia de Jesús, vivir el evangelio de Jesús.

Permítanme hermanos contar una experiencia, cuando estaba en el segundo año de teología, me permitieron hacer esta experiencia, viajando a España, 15 días, apoyado solo de esta palabra y con un compañero ecuatoriano ya ancianito él. Vayan y anuncie el evangelio. En una cultura que también es nueva, gracias a Dios que al menos el idioma se entendía. Aunque a veces estos españoles hablaban tan rápido que no se les entendía nada. En un lugar en que todo es novedoso, nadie te conoce. A demás andando por allí, dos sudamericanos, un ancianito y otro jovencito con la biblia, nada más en su mano, tocando las puertas y diciendo: he venido anunciar algo, te traigo la buena noticia, El Señor quiere entrar en tu casa. El Señor que anuncia este evangelio. O que dice el evangelio, conviértete y cree en el evangelio.

Quince días de experiencia hermanos. Sin afeitarse… nos ha tocado dormir en hotel de cinco “mil” estrellas, comer después de dos días. O algún momento también a veces dormir más bien acogido de los “vagabundos”, y gracias a los franciscanos había una puerta que se abría a las seis de la tarde, uno entraba allí y el mundo esta noche era… más bien que había llave en el cuarto y uno podía encerrarse. Y se abría en la mañana siguiente, a las seis de la mañana para que podamos salir. El gozo que era anunciar el evangelio, aunque fatigado, aunque hambriento, aunque friolento, es saber que el Señor te sustenta, es saber que en ciertas situaciones no te mueres, sino más bien con mi compañero, estamos viendo una obra de salvación. Una experiencia que me ha marcado. Porque al tercer año entró la crisis profunda en el Seminario, en que ya no quería seguir adelante, más bien quería ir a otro lado. Esta experiencia y la oración me han sostenido para no abandonar este camino que Dios me había llamado. Es fundamental hacer una experiencia fundamental y el Señor nos ayuda. Con esas experiencias el Señor nos hace conocer a Él profundamente y valorar lo hermoso, pese la situación de dificultad, que significa estar en ese camino de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, ustedes que acompañan esta comunidad, nosotros que acompañamos a esta comunidad, a nuestros seminaristas; que de verdad sea también no solo nuestra oración. El Señor nos invita a estar con él profundamente. Nuestra situación concreta, que ayude que estos jóvenes sean consecuentes, sean fieles, porque si dice El Señor vale la pena tenerlo en cuenta, vale la pena anunciar el Evangelio. Si Él nos ha llamado, Él nos dará la fuerza.

Si Él nos ha convocado Él no nos va abandonar. Es el Señor que sostiene, es Él Señor que lleva adelante esa obra, porque es promesa suya. Entonces alegrémonos por este Seminario, alegrémonos por San Luis Gonzaga, lindo ejemplo, este santo jovencito. Alegrémonos de verdad, porque el Señor nos concede este profundo gozo, de esta casa, de esta comunidad, de celebrar los 300 años con mucho jubilo. Porque es el Señor que nos lo hace posible. Ustedes jóvenes que son parte de eso sean fieles para transmitir a los demás aquello que el Señor les confió. ¡Amén!

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