Domingo 20 Agosto 2017

“La presencia del Señor real, un detalle que siempre lo tomamos en cuenta es que Jesús recorre por las calles, sale, viene a nuestro encuentro, está con nosotros y nos acompaña en toda nuestra vida. Entonces el mejor de los deseos para toda la comunidad cristiana y no cristiana que de verdad la presencia del Señor nos bendiga y les haga sentirse seguros en su caminar” Mons. Oscar Aparicio, Arzobispo de Cochabamba.


Todo empezó con un Movimiento Eucarístico a fines del siglo XIII surgió en Lieja, Bélgica cuyo centro fue la Abadía de Cornillón. Este movimiento dio origen a varias costumbres eucarísticas, como por ejemplo la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas durante la elevación en la Misa y la fiesta del Corpus Christi.


Desde joven, Santa Juliana tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre anhelaba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Santa Juliana de Mont Cornillón, por aquellos años priora de la Abadía, fue la enviada de Dios para propiciar esta Fiesta.


El Papa Urbano IV, movido por el prodigio, y a petición de varios obispos, hace que se extienda la fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia por medio de la bula "Transiturus" fijándola para el jueves después de la octava de Pentecostés y otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la Santa Misa y al oficio.


El Concilio de Trento declara en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad; y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

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