Viernes 24 Noviembre 2017

Fueron las palabras de P. Carlos Curiel, Vicario General, al momento de realizar su homilía en la celebración Eucarística dominical, en la Catedral Metropolitana de San Sebastián.

P. Carlos, en su reflexión profundizó las lecturas de la Solemnidad de la Santísima Trinidad, remarcando la presencia de Dios que es Padre, Hijo y Espíritu, en medio nuestro. Que de nosotros depende dejar habitar a Dios en medios nuestro, para que nos dejemos llenar de su amor y demos ese amor a los hermanos.

TEXTO COMPLETO DEL A HOMILÍA

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Los Cristianos toda la oración, toda celebración, todo encuentro fraterno y lo hacemos así porque este es el regalo que Dios nos ha dado, su Santísima Trinidad. Y cuantas veces no nos hemos preguntado qué significará eso, en el catecismo, en esta catequesis, en esta predicación; tratamos de desentrañar ese misterio. Vamos a nuclear en ese misterio: el amor de Dios. La Santísima trinidad no es nada más que la manifestación plena del amor de Dios. Un Dios que es amor se manifiesta y se baja a la humanidad para manifestar ese amor. Y todo, gracias a la fuerza del Espíritu Santo.


Si nosotros nos remontamos al Antiguo Testamento libro que hemos leído hoy del Éxodo, nos podemos preguntar, en este texto donde aparece el Hijo, donde aparece el Espíritu. Y aquí está la Santísima Trinidad, cuando Moisés está preocupado por aquel pueblo que esta obstinado, que quiere regresar a Egipto, a la esclavitud. Este pueblo que esta obstinado y que esta hundido en su pecado. Moisés preocupado invoca al Dios de la vida, al Dios compasivo, bondadoso, misericordioso y se manifiesta como el Hijo y como el Espíritu. Donde está el Hijo en esta lectura, cuando el Señor le dice claramente, el Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse y prodigo en amor y fidelidad.


La Palabra de Dios hecha carne, la Palabra de Dios hecha vida, la Palabra encarnada, ese es el Hijo. Y todo eso por la fuerza del Espíritu, por eso nos habla de amor, de compasión y de misericordia. Qué lindo y que grande es nuestro Dios, que camina a nuestro lado. Que no nos abandona. Aunque nosotros seamos infieles, Él permanece fiel. Aunque nosotros tratemos de desviar el camino, ahí está Él manifestando ese Padre de amor con su Palabra que es el Hijo por la fuerza del Espíritu. Moisés cayó de rodillas, no tenía otra, Moisés cae de rodilla frente aquel amor tan grande, aquel amor incondicional, aquel amor que abarca todo, cae de rodillas y se postra diciendo: si realmente ha brindado tu amistad digna Señor ir en medio de nosotros. Esa tiene que ser nuestra oración, dígnate Señor ir en medio de Cochabamba, dígnate Señor ir en medio a las comunidades Eclesiales de Base, dígnate ir en medio a nuestras parroquias, dígnate ir en medio de mi familia. Dígnate Señor porque nos amas, nos has brindado tu amistad. La amistad brota del amor. Nos ha brindad su amor y su misericordia. Y todo eso brota del amor.


Qué manera tan linda de decir a Dios que este en nosotros, que siga caminando al lado del pueblo. Que desde ahí con su misericordia nos redima y podamos escuchar. La segunda lectura que hemos escuchado en la carta de Pablo a los Corintios, como comienza, “alégrense, porque Dios es alegría”. Porque si Dios es alegría, es amor, trabajen para alcanzar la perfección. Anímense unos a otros, nos invita a la comunión de hermanos, nos invita a la comunión de amor. Y Dios Padre Hijo y Espíritu Santo estará en aquella comunidad que quiere compartir su vida, que quiere beber de esa vida; que quiere permanecer unido, como permanece la rama al tronco para dar frutos. Desde ahí nosotros nos fusionamos en un amor lindo y grande con el Dios de la vida que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por eso Pablo termina este párrafo diciendo: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo permanezca en ustedes”.

Que permanezca también en nosotros, pueblo de Dios que peregrinamos en Cochabamba. Que permanezca en el corazón de la Iglesia. En el corazón del pueblo de Cochabamba, para que nosotros seamos una luz en medio de nuestra Bolivia y en medio de nuestro mundo tan dividido por tantas discordias, que podamos ser una luz, de que es posible vivir en comunión de amor. Y todo eso gracias a que tenemos un Dios grande, un Dios bello, un Dios que es amor y que se manifiesta todos los días de nuestras vidas caminando a nuestro lado. Porque se caemos ahí está Él para levantarnos. Si tropezamos ahí está Él para fortalecernos. Si nos hundimos ahí está Él para sacarnos y que sigamos caminando alegres en la esperanza y firmes en la fe para comunicarnos la alegría del Evangelio. Por eso a Ti eternamente gloria y honor, como decíamos en el salmo: a Ti Señor; bendito es Dios de nuestros padres, porque sigues caminando al lado del pueblo. Tú eres un Dios de vivos, no de muertos. Tú eres un Dios que se abaja en nuestra miseria humana para caminar redimirnos, levantarnos y empujarnos con la fuerza del Espíritu Santo, para que llevemos esta alegría de saber de qué Dios es amor, de saber que Dios nos ama sin condiciones.

Dios amó tanto al mundo que entregó a su Hijo para todo el que crea en Él no muera. Que alegría, no vamos a morir, moriremos a esta vida, pero renaceremos por la fuerza del Espíritu a la vida plena, a la vida eterna. Eso es lo que nos promete el Señor. Y el Señor no nos defrauda con su promesa. No nos defrauda con su amor. No nos defrauda con su misericordia. Dios envió a su Hijo no para juzgarlo, no para condenarlo, sino para salvarlo. ¿Sabías eso? Y si lo sabias porque tantas veces: Dios me va castigar, porque hice esto; porque tantas veces Dios nos castigó porque no le hicimos caso. Los que nos castigamos somos nosotros mismos que nos privamos de esa presencia del amor y queremos andar los caminos que nos interesan o aquellos que nos convienen, o pensamos que nos puede traer un favor. Acepta el amor de Dios, acepta su presencia en medio de tu corazón y en el corazón de la comunidad.

No dudes nunca de abrir las puertas del corazón a ese Dios que es amor y que quiere habitar en ti. Vendremos y haremos morada en él. Porque así como el Padre me amó, así yo, los amo. Vendremos y haremos morada en ustedes. Gracias a la fuerza del amor que recibimos en nuestro bautismo, el Señor habita en nuestro corazón por la fuerza del Espíritu. Vamos a seguir amando a Dios. Y Cuando amamos a Dios es porque amamos al hermano con quien construimos familia, con quien construimos comunidad de amor. Y todo eso por la fuerza del Espíritu Santo. No puedes decir que amas a Dios si no amas a tu hermano. Eso nos recuerda San Juan en su carta, eres un mentiroso si dices que amas a Dios y no amas a tu hermano. No puedes amar a Dios a quien no ves si no amas a tu hermano a quien lo ves. Ahí se manifiesta la Santísima Trinidad. Vivamos la alegría de ese amor de Dios. Vivamos la alegría de la presencia de Dios en medio de la comunidad y no dudemos nunca en refugiarnos en Él para que siga siendo nuestra fuerza y nosotros mostremos al mundo que somos cristianos alegres; que somos hijos de Dios, pueblo de Dios que camina en la esperanza y en la fuerza del amor de Dios. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén.

Carta Pastoral 2017

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