Viernes 24 Noviembre 2017

La mañana del domingo, en la Catedral de San Sebastián, se realizó la Eucaristía de la Solemnidad de Pentecostés, el nacimiento de nuestra Iglesia, presidida Mons. Oscar Aparicio, Arzobispo de Cochabamba.

Durante la homilía Mons. Aparicio destacó que Dios está presente entre nosostros, que se ha quedado con su pueblo para acompañarlo, para fortalecelo en la misión que Jesús encargó. Pidió dejarnos llevar por este Espíritu, para vivir en al plenitud del amor del Señor.

Texto de la homilía.

HOMILIA DE MONS. OSCAR PAPARICIO – PENTECOSTES 2017
Hermanos y hermanas, ha llegado este momento que hemos esperado anheladamente, es decir, la infusión del Espíritu. Durante varios domingos el mismo Señor, la Palabra nos ha ido anunciando que infundirá sobre nosotros el Espíritu Santo, les dejare el Paráclito, decía, el Espíritu de la Verdad, el Defensor. No están huérfanos.

Hermanos espero que esta experiencia que hemos tenido estos otros días, en preparación a pentecostés, hoy, nos llene; no solo de la certeza de que el Espíritu que habita en nosotros es el Señor que nos da como un regalo precioso, sino también que nos permite de aquí en adelante seguir caminando en la obra que Él mismo nos ha invitado a realizar.

Es el nacimiento de la Iglesia. Es un año más que nos alegramos, que este Espíritu nos siga acompañando. El Señor no se ha alejado de nosotros, decíamos el anterior domingo. Es el Señor que sigue caminando de muchas formas presente en medio de nuestra vida. A través de los sacramentos, a través de su Palabra, a través de las personas mismas. A través de la Iglesia, a través de tantos signos claros y reales en que el Señor mismo está en medio de nosotros.

Pero también es este Espíritu que está infundiendo en nuestra vida, que nos da luz, que nos defiende y nos permite caminar a pie seguro. Es el acontecimiento de lo que propiamente habla la primera lectura. María y los discípulos de Jesús están en un lugar, el Señor irrumpe, así como en el Evangelio es un trozo en que nosotros hemos escuchado al inicio de la pascua. Es el Señor que entra en la vida de estos y les saluda muy particularmente diciéndoles: la paz con ustedes.

Este mismo saludo, este mismo Señor resucitado es que se presenta también hoy a nosotros y saluda de la misma manera, la paz con ustedes. Esta paz que es la certeza serena de caminar con el Señor. De que Dios habita en nuestro corazón y por tanto podemos enfrentar muchas situaciones en la vida.

Algo muy particular que nos está anunciando a través de los hechos de los apóstoles es la capacidad que nos da Dios y su Espíritu de poder también entendernos. Qué difícil es hablar, que difícil es tener una sola unidad, imposible tener un solo pensamiento. En realidad no se trata de esto, de que todos pensemos igual, todos manifestemos la cosa igual, todos manifestemos la misma palabra. Si no que más bien se trata de algo fundamental, que este Espíritu nos capacita para que nos podamos escuchar y nos podamos entender; así podamos ser uno, como Dios es uno.

Hermanos míos la Iglesia en Cochabamba percibe algo fundamental, que es también iluminación del Espíritu, que nuestro camino pastoral, nuestro camino como Iglesia, nuestro camino de fe, o es en la unidad o si no, son vanos los esfuerzos. Si caminamos hacia reconocernos que somos hijos e hijas de Dios. Si todos nuestras actividades, todos nuestros propósitos, nuestros anhelos van en función a que encontremos la unidad en el Espíritu de Dios, podemos ser signos del amor en este mundo.

Porque cuánto lo necesita Cochabamba, cuánto necesitan nuestras familias, de un anuncio real y verdadero de esperanza; que el amor es posible en este mundo, que la familia es posible en este mundo. Que la vida debe aparecer como un don maravilloso en medio de nosotros, en nuestro mundo. Así como hemos marchado el día viernes ,2 de junio, defendiendo la vida, anunciando la vida en Cochabamba. Nuestros esfuerzos deberían estar justamente, todos y de cada uno de nosotros, aunar nuestras vidas. A que la unidad que es el signo visible de la Santísima Trinidad se haga posible y visible en medio nuestros. Por tanto aceptemos ese Espíritu Santo.

Dejemos que el Señor infunda en nuestras vidas esta capacidad de poder entendernos. Que el Espíritu de hablar un mismo lenguaje, de escuchar una misma voz, de caminar por un mismo camino, sea para nosotros también este espíritu que habita en nuestra vida. Porque si algo que el Señor nos regala es su vida y su presencia.

Si son siete los dones del Espíritu Santo es para significar que es en plenitud, para significar que es todo el amor de Dios, que es toda la fuerza, toda la gracia de Dios que hace posible también que habite en nuestros corazones.

Hermanos es importante cumplir un año más, cierto como Iglesia. Es bueno alegrarnos porque el Señor no nos abandona y porque está en nuestro corazón, dándonos certidumbre, pero sobretodo dándonos la paz. Entonces que también nosotros cumplamos nuestra misión. Queremos ser hombres y mujeres del Espíritu Santo. Hombres y mujeres que son aglutinados en la misma Iglesia, aquellos que han escuchado la voz del Señor, aquellos que han experimentado al Señor resucitado y lo quieren dar a conocer a los demás.

Si estos dones por ejemplo el del Entendimiento, sea una realidad en nuestra vida, cuantas cosas se podría evitar. Cuanto sufrimiento, cuantas divisiones se podrían evitar. Cuantas muertes se podrían evitar si el don del Santo Temor de Dios habitara en nuestros corazones. Cuantos niños y niñas vivirían alegremente. Cuanta violencia seria erradicada de nuestro país y de nuestras familias. Si el Don de la Sabiduría habitara en nuestros corazones, cuanto podríamos ser felices anunciando el amor de Dios.

Amados hermanos y hermanas seamos dóciles a lo que el Señor nos quiere regalar. Que este Espíritu, que este saludo del Señor, que este entrar en nuestras vidas, sea de verdad, una gran renovación para nosotros. Y que podamos cumplir entonces también esta misión que tiene la Iglesia de anunciar en medio de este mundo la unidad y la paz. Anunciar en este mundo el amor, la misericordia. Anunciar en este mundo a Jesús resucitado, que es nuestra esperanza, nuestra vida y nuestra salvación.


Amén.

Carta Pastoral 2017

pcp

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