Domingo 24 Junio 2018

La vida es don de Dios

Mons. Oscar Aparicio Céspedes Arzobispo de Cochabamba concova al pueblo de Dios para la defensa de la vida.

"¡La Paz del Señor Resucitado!

Junto a ustedes doy gracias a Dios por el Don de la Vida y al mismo tiempo quiero animarles a ser partícipes de la Gran MARCHA POR LA VIDA, convocada por la Plataforma Ciudadana por la Vida y la Familia, a realizarse el día viernes 2 de junio de 2017.

Pido a ustedes: Párrocos, Diáconos, Religiosos, Religiosas y Agentes de Pastoral, animar a la participación masiva y pacífica de los fieles de su Parroquia y sus Comunidades.
Que el Señor resucitado les impulse a valorar y defender el “DON DE LA VIDA".

En la Carta Encíclica EVANGELIUM VITAE DEL SUMO PONTÍFICE JUAN PABLO II , en el N°4,dice: "En la actualidad, todo esto provoca un cambio profundo en el modo de entender la vida y las relaciones entre los hombres. El hecho de que las legislaciones de muchos países, alejándose tal vez de los mismos principios fundamentales de sus Constituciones, hayan consentido no penar o incluso reconocer la plena legitimidad de estas prácticas contra la vida es, al mismo tiempo, un síntoma preocupante y causa no marginal de un grave deterioro moral.

Opciones, antes consideradas unánimemente como delictivas y rechazadas por el común sentido moral, llegan a ser poco a poco socialmente respetables.
La misma medicina, que por su vocación está ordenada a la defensa y cuidado de la vida humana, se presta cada vez más en algunos de sus sectores a realizar estos actos contra la persona, deformando así su rostro, contradiciéndose a sí misma y degradando la dignidad de quienes la ejercen.

En este contexto cultural y legal, incluso los graves problemas demográficos, sociales y familiares, que pesan sobre numerosos pueblos del mundo y exigen una atención responsable y activa por parte de las comunidades nacionales y de las internacionales, se encuentran expuestos a soluciones falsas e ilusorias, en contraste con la verdad y el bien de las personas y de las naciones.

El resultado al que se llega es dramático: si es muy grave y preocupante el fenómeno de la eliminación de tantas vidas humanas incipientes o próximas a su ocaso, no menos grave e inquietante es el hecho de que a la conciencia misma, casi oscurecida por condicionamientos tan grandes, le cueste cada vez más percibir la distinción entre el bien y el mal en lo referente al valor fundamental mismo de la vida humana.

Carta Pastoral 2017

pcp

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