Viernes 20 Octubre 2017

Triduo Pascual-Jueves Santo. Catedral Metropolitana.
En la Liturgia de la Institución de la Eucaristía, la Institución del Sacerdocio Ministerial y el Mandamiento del Amor, Mons Oscar Aparicio, Arzobispo de la Arquidiócesis de Cochabamba empezó la homilía con un saludo muy particular al presidente del Tribunal Electoral de Cochabamba, al rector de la Universidad Católica, al Vicario General que nos acompaña, al rector de la Catedral, Religiosos y Religiosas que también están presentes, queridos seminarista y amados hermanos y hermanas en el Señor.


Cada año celebramos la Institución de la Eucaristía, la Institución del Orden Sagrado Sacerdotal y también este signo del Amor de Dios traducido en el lavatorio de los pies. Cada año escuchamos la misma Palabra, sin embargo esta Palabra si actualiza, es Dios que nos habla, en nuestra historia y en nuestra vida. Es actualizada en nuestra región Cochabamba. Es un Dios providente, que nos regala la vida y la posibilidad de tener la verdadera comida y la verdadera bebida, el verdadero alimento. Y particularmente hermanos, hoy diríamos en este año, 2017, este Dios providente toma rostro muy claro y evidente que ha venido en nuestras casas. Ha querido posarse en medio de nosotros, ha provisto nuestras familias, nuestras mesas.


Es aquel que construye familia, es aquel que también a través de la Iglesia constantemente nos ha ido recordando que el matrimonio y la familia es una belleza que debe ser mostrada al mundo entero. Es aquí donde acontece Dios, Pan partido para la vida del mundo. Para la vida nuestra esta en nuestras casas. Este Señor que celebra la última cena con sus discípulos celebra en nuestras familias. Constituye nuestra mesa, y nuestra bebida, nuestro alimento para que tengamos energía y sigamos caminando y peregrinando en este mundo. Es un Dios que sigue muriendo y que sigue derramando la sangre.


Viene en nuestra memoria miles de situaciones concretas en este año. De violencia, de muerte y de corrupción. Situaciones de confrontación seria de seres humanos, no solo fuera de acá, también en medio nuestro. Somos testigos de muerte de inocentes y de muerte de mucha gente que atreves de la maldad del hombre han llegado a la muerte. Y son inocentes que mueren. Somos testigos de situaciones o incubamiento de leyes que van en contra de la vida, en contra también no solo de los seres humanos, si no de principios fundamentales, como es la libertad, la posibilidad de expresarse por si mismos, de expresar sus pensamientos, de la verdad. Por eso queridos hermanos, hoy el Señor acontece nuevamente en esta Eucaristía.
El ha muerto por nosotros, ha derramado su sangre por nosotros, no hace falta mas muerte, ni mas sacrificios. Hoy se proclama en el mundo entero, si el Señor nos amó, es fundamental que nosotros descubramos también este amor y que sea posible en medio nuestro. Hoy más que nunca este signo del lavatorio de los pies, se hace presente de manera muy fuerte, muy elocuente. Que seamos capaces de construir familias, que seamos capaces también de miramos las caras los unos a los otros, y nos reconocernos como hermanos. Para construir estas familias y esta sociedad que camina en pos de su Señor y en pos del amor. Puede hacer muchas diferencias conocemos la realidad de Cochabamba, somos tan diversos en nuestra regiones, en las vicarias, en las zonas pastorales. Somos como la síntesis de toda Bolivia y también de otros lugares. En este territorio precisamos reconocer que si somos hermanos, mas allá de nuestras diferencias. Podemos vivir aquí como una familia, en unidad, en paz, en fraternidad, en solidaridad.


Este hermoso y gran anuncio que el Señor esta diciendo esta noche. Se lavará los pies como un signo de que si el Señor ha hecho, haremos también nosotros. Algunos hermanos nuestros, destacando sobretodo que respetamos profundamente la vida. Respetamos profundamente el matrimonio, respetamos profundamente la unión sacramental de las personas. Respetamos profundamente la vida de aquellos que están siendo gestados, Porque la vida del ser humano, inicia su vida desde la concepción y muerte natural en este mundo. Pero estamos llamados también a la eternidad, en Dios. Por eso cobra un sentido enorme lo que estamos haciendo esa noche y en este año.
Es diferente de las otras eucaristías que hemos celebrado. Viene todavía en nuestra memoria este hermoso acontecimiento de la Misa Crismal, este año aquí en nuestra Iglesia madre con la presencia de 170 sacerdotes de Cochabamba, aquí, en nombre de algunos que no han podido venir han renovado también las promesas sacerdotales. Es una imagen, es un sentimiento, es una realidad presente en medio de nosotros que nos deja un sabor, algo bueno, al amor profundo de Dios que se derrama. Y quiere todavía continuar ese amor en medio de nosotros, utilizando instrumentos que somos los seres humanos. Sacerdotes para que esas mesas nuestras sigan siendo provistas por su amor.


Que sigamos construyendo nuestras familias y nuestras casas en las cuales habitas Dios y desde las cuales se irradia el amor de Dios. Los oleos que hemos bendecidos en la misas crismal, huelen a perfume suave que da gusto y sentido a la vida. Es Eucaristía que el Señor nos regala, su presencia real y verdadera, también junto en la Pascua que había realizado con su pueblo, hoy se a presente en medio de nosotros. El texto que relata Pablo, El Señor nos ha querido entregar su cuerpo y su sangre, verdadera comida y verdadera bebida. Provista para nosotros en concreto en nuestras casas, en nuestras familias con los buenos propósitos que tenemos de vivir bien entre nosotros.
Que el Señor nos siga ayudando. Que este Jueves Santo contemplando a Jesús Sacramentado, adorándolo, acompañando de alguna manera. Sea para nosotros una renovación enorme y un anuncio al mundo entero que optamos por la vida, optamos por el amor. Y estamos profundamente agradecidos a un Dios que ha querido a bajarse en nuestra vida y hacer una historia de salvación. A El honor y la gloria por los siglos de los siglos, ¡Amen!

Carta Pastoral 2017

pcp

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