Sábado 16 Diciembre 2017

Muy amados hermanos y hermanas estamos iniciando la Semana Santa. Lo hacemos aquí en la catedral, como la casa de Dios, el lugar central de toda nuestra Arquidiócesis de Cochabamba.

Sabemos que muchas parroquias, muchas capillas las vicarias también están celebrando este acontecimiento en comunión con la Iglesia Universal. Es en este lugar santo la Catedral que iniciamos la Semana Santa de toda nuestra Arquidiócesis de Cochabamba. Lo hemos hecho en la Plazuela Sucre,  con la mayoría de estos jóvenes que han querido acompañar y glorificar a Dios en esta procesión.

De hecho, cada año se celebra la Jornada mundial de la Juventud, esta es la de número 32 con el lema: El todo poderoso ha hecho obras grandes en mí. Son las palabras de María nuestra madre. Son las palabra de reconocimiento que Dios está en nuestra vida, la construyan y la lleven hacia adelante. Reconocer lo que Dios ha hecho en nuestra vida es de gente sabia o es de gente también humilde que reconoce que más allá de sus límites Dios ha actuado y ha hecho su obra.

Por tanto nosotros queremos agradecer a Dios con todos los jóvenes del mundo, reconocer que el todo poderoso ha hecho obras grandes en nuestra vida. Por eso estamos contentos, por esto Lo glorificamos, por eso Lo alabamos, reconocemos su realeza. Así como en este Domingo de Ramos bendiciendo los ramos, reconociendo la entrada triunfal de Jesus a Jerusalén, reconocemos también aquí en Cochabamba en nuestra Arquidiócesis que Él es Rey.  A Él Lo glorificamos, a Él el honor y la gloria, a Él las alabanzas porque ha sido bueno con nosotros, porque ha acontecido para bien.

Aún que por otro lado hermanos, estamos frente a esta ambigüedad en esta celebración, como es la ambigüedad del ser humano por lo que vive el ser humano en este mundo. Po un lado reconoce a Dios lo exulta, lo alaba y por otro lado grita a grandes voces: crucifícalo. Las mismas gentes que han glorificado a Dios, son las mismas que hoy gritan que sea crucificado. Hoy nuestro mundo en este siglo XXI, en este años de 2017, donde acontece también que Dios es glorificado y alabado. Se encuentra también la ambigüedad, la mentira la corrupción la muerte, en este mundo en medio nuestro en el mundo entero. No precisamos ir a las noticias, vemos que puede estar presente, incluso en nosotros mismos.

Reconocemos y glorificamos a Dios, reconocemos e glorificamos la vida que Él nos regala. Pero por somos aquellos también que por otro lado permiten o hacen posible en base a la fragilidad que aparezca el sufrimiento, que aparezca la guerra fratricida entre hermanos. Que exista la violencia en medio nuestro. Entonces, y otra vez los justos que sean crucificados. Esta es la ambigüedad nuestra, esta es la realidad de este mundo. Esta es la realidad nuestra.

Por esto hermanos, inaugurando esta semana, lo que queremos es inaugurar la gran vitoria de Dios sobre la muerte. Ha sido necesaria la pasión. Ha sido necesaria la condena. Hemos escuchado este Evangelio donde narra la pasión del Señor. Y hoy se vuelve a ser presente, es Pilato que nuevamente condena en nombre del pueblo, en nombre de este pueblo llamado de Dios, a Jesus a la cruz y  a la muerte. Es este Pilato que presenta a Jesus delante de todos nosotros y nos dice he ahí el Hombre, un Hombre que casi no tiene rostro, un Hombre flagelado, un Hombre sufriente, el Hombre condenado a muerte. Este es el Hombre, este es el ser humano en toda su fragilidad en su ambigüedad. Este eres tú y soy yo. Gracias a esta crucifixión, gracias a esta pasión es que podemos nosotros futuramente cantar: feliz culpa que mereció tan grande Redentor. Si el Señor ha pasado por esa cruz, por esta pasión, por esta muerte, es para  justamente  redimirnos. Si inauguramos hoy la Semana Santa, si nos alegramos junto con los jóvenes reconociendo y agradeciendo la bondad de Dios, inauguramos también la gran proclamación de que el Señor que ha muerto, también ha resucitado.

Ciertamente que el Evangelio hoy termina en el sepulcro. Ciertamente que nuestra semana santa tiene el viernes santo. Pero atentos hermanos, no nos vamos a quedar allí. El ser humano no está llamado a quedarse en el sepulcro y la muerte. El ser humano está llamado a salir de esta gran ambigüedad. Lo que anunciamos hoy es que través de su pasión el Señor vive. Este Rey al que hemos reconocido en esta tierra en esta estrada triunfal en Jerusalén, vive, ha resucitado, y este el motivo de nuestra alegría  y de nuestro gozo.

El Poderoso ha hecho obras grandes en mí. Les invito hermanas y hermanos a que no vivamos la semana santa acongorrados, como que arrepentidos de todo y con la cara larga, para decir que mal esta todo. Existe el mal y la muerte. Pero también levantemos la cabeza, reconociendo a Jesus como el que nos salva y que nos redime. También podamos anunciar la vida y seguir defendiendo esta vida que es un don de Dios.

A nadie de nosotros se nos ha dado el derecho de tomar una vida humana. A nadie de nosotros se nos ha permitido  que podamos ir contra los hermanos. A nadie de nosotros se nos permite entonces en esta semana santa de no mirar al Señor. Él es nuestra vida, El que ha sufrido y ha padecido es nuestra resurrección y nuestra esperanza. Me ha dicho algo, Yo los esperaré en Galilea. ¿Qué significa? Que Él va delante de nosotros a la Tierra Prometida.

 

Carta Pastoral 2017

pcp

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