Viernes 20 Octubre 2017

El pasado sábado 24, solemnidad de la anunciación del Señor, se celebró el día del niño y niña por nacer con una eucaristía en la Catedral Metropolitana de San Sebastián.

Mons. Oscar Aparicio presidió la eucaristía, en la que expresó su dolor por actitudes que van contra la vida, particularmente por los niños y niñas en el vientre donde son indefensos. Pidió tomar actitudes que van con Dios, con el amor que nos tiene en la libertad que nos da. Se refirió al Sí de María que nos muestra que nosotros también podemos ponernos en la posición de la vida, reconociendo del amor de Dios.

Texto de la homilía

Queridos hermanos y hermanas, quisiera recordarles que un poquito antes que iniciará nuestro camino cuaresmal el miércoles de Ceniza, en uno de estos domingos antes de iniciar este camino aparece una gran palabra, de parte de Dios que nos ha hablado también a nosotros, elige entre la vida o la muerte. Da la libertad de ponernos al lado de Dios o rechazar a Dios. De dar la espalda a Él o más bien aceptar su voluntad, su plan su forma de presentarse en esta vida.
Pero hay un detalle muy importante en la misma palabra, inmediatamente de haber anunciado, haber dicho elige entre una cosa y otra, habla en positivo y dice: tú elije la vida. Deja la libertad, es decir la posibilidad que nosotros como seres humanos rechacemos a Dios. Rechazar por tanto su obra, la vida misma, sin embargo propone, te conviene, acepta, sugiere, insinúa, exhorta a que seamos más bien de aquellos que aceptemos la vida misma, que aceptemos a ese Dios, que aceptemos al amor de Dios. Por eso, que bueno es dejarse amar por El; qué bueno es estar en el camino del Señor. Qué bueno es este camino de cuaresma, saber que es posible convertirse. Que es posible tener actos o acciones que nos ayudan a retornar siempre al amor de Dios, a la apertura a la vida total.

Porque es posible, hermanos, para nosotros seres humanos. Si es cierto que podemos rechazar a Dios y a la vida, es posible más bien estar aferrados de la vida, aceptar el amor de Dios, dejar que la salvación esté presente en medio de nosotros, que acontezca este amor, que acontezca la vida. Aceptamos la creación, porque cuando se da un regalo, a veces ni hace falta muchas palabras. Tal vez ni hace falta grandes acciones o grande devoluciones. Probablemente de lo que se trata es aceptar, acogerlo; si Dios nos ha regalado la vida.

Si Dios hace o acontece esta obra de salvación en nuestra historia en nuestra sociedad, en nuestro tiempo, en nuestra generación. Se trata de aceptar a este Dios que nos da la salvación, nos da la vida. Por eso en esta festividad hermanos, es hermosísimo, no solo porque anuncia la concepción del Señor y de aquí a nueve meses nacerá el Dios con nosotros el Emanuel. No solo es la promesa cumplida de parte de Dios, no solo es nuestra salvación patente y hecha realidad en medio de nosotros. No solo es la vida que aparece magnifica. Si no es también esta capacidad del ser humano puede decir sí o tener el corazón la apertura total a la vida y a la obra de Salvación. Por eso María, una de nosotros, una de nuestra raza, la virgen María de la Iglesia, podemos decir, el Vaticano II la descifra, puede decir también hoy, hágase en mí también según tu Palabra. O lo que hemos cantado en el Salmo. También nosotros podemos ser María y anunciar exactamente lo mismo: aquí estoy Señor para hacer tu voluntad. La voluntad de Dios es aquella que ya se nos ha sugerido. El plan salvífico de Dios es aquel que se nos ha sugerido y que ha acontecido en este mundo. La anunciación de aquel, entonces, es la anunciación también hoy para nosotros.

Yo espero hermanos que nos admiremos igual que la Virgen. Que aceptemos al igual que la Virgen María esta obra que Dios quiere hacer en medio de nosotros. Le pondrás por nombre Jesus. Dios Salva. María no temas, porque Dios se ha inclina a tu pequeñez. María, podíamos traducir, Iglesia que peregrina en este mundo, podemos traducir, el nombre de María también poner el nombre propio. Para decir que esto acontece también hoy en medio nuestro. Hermanos míos frente a esta realidad, frente a esta hermosura y gran admiración nos toca a nosotros entonces pronunciar al mundo entero: que somos agradecidos por la vida que tenemos. Somos agradecidos por la vida que Dios nos regala. Somos agradecidos por la creación que glorifica total e plenamente a Dios. Aquí estamos para hacer la voluntad de Dios. Junto a María queremos también que el Señor nazca. Somos defensores de esta vida. Somos aquellos que aceptamos y acogemos a un Dios que nos ama. Un Dios que nos perdona, un Dios que sabe de nuestras debilidades. Un Dios que sabe y que conoce que a veces podemos darle la espalda. Un Dios que a veces vamos contra la vida misma. Pero un Dios que nos hace caminar siempre adelante. El espíritu de María nos hace decir sí. Estoy aquí para que se haga presente tu voluntad. Con esto hermanos estamos en comunión con toda la Iglesia. Estamos en comunión con el Papa Francisco, con todos los hermanos en el universo entero.

Todos aquellos que junto a María podemos decir sí y convocamos aquellos que dicen que no, a que se pongan de parte de Dios. Que se pongan en la posición de la vida. No queremos las guerras fratricidas que es lo más doloroso que pueda existir en este mundo. Así como aparece esta imagen tan bella de la Virgen en la dulce espera, la vida que aparece, la vida que se debe respetar. El dolor más grande es la muerte del hermano. Por eso hermanos la guerra fratricida es lo peor de que puede existir en este mundo. Que nadie levante la mano contra su hermano. Nadie tiene el derecho de quitar la vida. Esto estamos proclamando acá en esta catedral. Somos de aquellos que anuncian la vida y piden que seamos capaces todos de convertirnos al igual que María de decir sí, aquí estoy para hacer tu voluntad.

Tampoco hemos venido a juzgar a nadie. No hemos venidos a tomar sentencia de nadie. No hemos venido a reclamar y a reprochar a nadie. Hemos venido a anunciar esta vida y junto con la Iglesia, junto con todos los hermanos aquí en Cochabamba, hemos venido a proclamar un Dios que nos ama. Un Dios que nos hace un plan de salvación para nuestras vidas. Un Dios que nos regala la vida, que nos permite también a caminar en este mundo. Peregrinos en este mundo nos regala también la vida eterna. Este Dios con nosotros, Aquel que ha anunciado el profeta, está presente hoy en nuestra vida. En nuestro peregrinaje y estará presente también en la eternidad; porque venimos de Dios, nacemos de Dios y retornamos Dios. A Él la gloria el poder y la alabanza por los siglos de los siglos, amen.

Carta Pastoral 2017

pcp

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