Jueves 21 Septiembre 2017

El pasado domingo, se vivió el envío de Catequistas y el inicio del Congreso Misionero Arquidiocesano en Cochabamba. El Evento inició en el Átrio de la Catedral de San Sebastián y contó con la presencia de alrededor mil participantes.

El Arzobispo, Mons. Oscar Aparicio presidió la Eucaristía. Durante la homilía recordó el llamado que Dios hizo a cada uno. Invitó a comprometerse realmente con este llamado y seguir en el camino venciendo las tentaciones, luchando contra aquello que nos aleja de Dios y no deja que su reino se haga presente entre nosotros.

Homilía Completa de Mons. Oscar Aparicio.

Estamos viviendo como Iglesia Diocesana esta idea, más que idea se ha plasmado en una realidad, en el hecho de unir todas nuestras fuerzas para, en esta Eucaristía, ser envidos por el Señor. Tiene un hermoso motivo en realidad el hecho sernos enviados, somos evangelizadores, discípulos misioneros del Señor.

Qué bien que ha caído justamente en esta fecha, cuando también estamos iniciando la cuaresma. Yo solo quisiera evocar a la memoria de ustedes algo que ya hemos hecho de nuestro camino. ¿Y porque tiene tanto sentido el hecho de que hoy iniciemos el lanzamiento al Congreso Misionero? O iniciemos públicamente y oficialmente nuestra catequesis, nuestra labor evangelizadora en nuestra Arquidiócesis; si nos hemos fijado, ya en los meses pasados con el adviento, la presencia de un Dios que nos ama profundamente, el Dios Emanuel, hecho hombre que participa, que nace, que acontece, que está entre nosotros. Después este Señor que inicia su misión. El contenido de esta misión es clarísimo, es decir al mundo entero que el Reino de Dios está presente. Nos había llamado a través de los apóstoles, de sus seguidores a todos nosotros, a decir que todos nosotros somos partífices de esta misión. Confía en nosotros, nos elige, nos ama, nos convoca. Nos envía para que seamos también aquellos en medio de nuestro mundo en nuestra realidad, aquí en medio de esta Iglesia y de este pueblo de Cochabamba hagamos presente también este Reino de Dios.

Nos ha involucrado en su misión, nos ha llamado. Somos parte de estos discípulos del Señor y lo ha hecho con mucho amor. Sabiendo también de nuestras fragilidades y debilidades. Que somos débiles, frágiles y pecadores. Pero nos ha puesto dentro de aquellos que quiere el mismo Señor, anunciar en este mundo y en el hoy, anunciar ese Reino que tiene que hacerse presente.

Bien hermanos todo esto es un gran amor de parte de Él. Espero que aquí nadie se sienta como que acomplejado, o que esta fuera de lugar. Es el mismo Señor que ha entrado en tu vida y que te ha convocado, es el mismo Señor que hablando de tú a tú confía su misión y te la pone en el corazón para que anuncies al mundo entero eso. Discípulo misionero del Señor, evangelizador alegre de su Palabra y de su Reino, amado por Él, convocado por Él.

Alguno puede decir, ya tengo mi edad, ya estoy cansado, aburrido son tantos años; o decir ya lo sé todo. Pues en realidad a nosotros nos ha llamado el Señor, a nosotros nos ha convocado. Aquellos jovencitos de la Infancia Misionera, están aquí, ¿no? La alegría de los niños siempre es linda ¿verdad? “Con Jesus y María: misioneros todo el día”. Se nos ha llamado en temprana edad o nos ha llamado más tarde, es su confianza y su elección que nos permite hoy estar aquí y nos envía, hermanos míos no olvidemos de eso.

De hecho hemos iniciado la cuaresma con dos actitudes, no hay que olvidar nunca del amor de Dios. Si somos lo que somos es por este amor, si estamos donde estamos es porque Dios nos ama profundamente. Es un Dios de amor, de misericordia y de perdón. Es alguien que nos conoce, es alguien que sabe de nuestros pecados y de nuestras debilidades y profundamente te ama, a ti, a ti, a ti y a mí.

Hemos iniciado la cuaresma con humildad reconociendo que somos frágiles pecadores que nos hemos alejado del Señor. Que hemos puesto nuestros pasos en lo contrario a la voluntad de Dios. Hemos ido a veces contra nuestros hermanos, hemos mirado solo a nuestro interés. Somos pecadores, somos del polvo, nacidos del polvo y al polvo retornamos. Conviértete y cree en el Evangelio. En otras palabras, retórnate al amor de Dios. En otras palabras, reconoce que eres frágil. Déjate amar por el Señor y déjate conducir por Él, que Él te perdona, por tanto la gracia de Dios está presente.

Por eso hermanos haber iniciado el itinerario al Congreso Misionero, iniciar nuestra vida evangelizadora en nuestra Arquidiócesis, tiene un sentido enorme de hacerlo en unidad, porque somos Iglesia diocesana. Porque todos nosotros tenemos algo en común. Somos pecadores. Y tenemos algo en común, enviados por el Señor para que anunciemos este amor. Pese a nuestras diferencias: entre mayores y niños, varones o mujeres, entre gordos y flacos… de la parroquia de aquí o de allá, o venidos de otro mundo o también muy nativos, definitivamente estas grandes diferencias se puede quebrar porque somos unidad. Eso nos hace Iglesia, que reconocemos a Jesucristo como a nuestro Señor y a Él anunciamos.

Que hermoso y gran sentido por tanto de unidad, de fraternidad. Yo espero hermanos que Cochabamba nos vea y que los medios de comunicación tiene que anunciar exactamente eso. Que esta Iglesia, sus catequistas, religiosos, sus religiosas, sus sacerdotes, su obispo, sus ministros, sus monaguillos, sus jóvenes misioneros o niños misioneros, todos aquellos que estamos ahora, queremos manifestar que estamos en comunión, y pese a nuestra diferencia reconocemos que el Señor es nuestro Dios y a Él anunciamos. Eso nos hace creíbles, que pese a que somos pecadores y frágiles nos podemos amar. Nuestras barreras quedan rotas en el amor de Dios.

Estamos celebrando la Eucaristía como acción de gracias. Pero estamos celebrando también esta gran unidad que tiene que aparecer en el mundo. Para que las familias viendo este ejemplo, también se unan. Que las culturas divididas puedan saber que es posible amarse los unos a otros. Que aquellos que están en la violencia, en el pecado o en las divisiones tienen que saber que es posible reconciliarse, porque somos hermanos y hermanas en el Señor.

Animo, entonces hermanos, fuerza, coraje. Amados por el Señor, agradecidos por Él, anuncien el Evangelio y combatan al mal como lo hace Jesús. Hermanos no por nada estamos iniciando el lanzamiento y la vida catequética en este domingo de tentaciones. Jesús mismo es enviado por el Espíritu al desierto. Es el mismo Dios que permite que Jesús sea tentado. Si Jesús es tentado, la tentación es una realidad de todo ser humano. Si Jesús es llevado al desierto, hermanos míos, no crean que no vayan a tener dificultades. El camino se hace difícil, la tentación está presente.

Habla en realidad de las tres tentaciones que es un todo. Nosotros somos tentados al igual que el Señor. Acaso no te has dado cuenta que a veces quieres hacer tu caprichito, tu plancito. O hay aquel que habla mal de ti y quiebra tu fama. ¿Acaso no sabemos cuántos conflictos tenemos en nuestras comunidades por el poder? Somos tentados, y nuestro camino catequético, camino evangelizador y nuestro camino de ser misionero a los Congresos van a tener tentación. Es la Palabra que nos ilumina y nos anticipa que con El Señor podemos vencer la tentación. A veces tenemos ganas de dividirnos y de separarnos. Queremos que salga nuestra comunidad, sobresalir a las otras, estamos dispuestos a pisotear. Es algo propio también del ser humano.

Les invito a que apoyados en el Señor, reconociendo que Él nos ha llamado a esta misión, no por mérito, sino porque Él nos ama. Es problema de Él, ¿no es cierto? Si Él nos ha amado es problema suyo… Él por tanto nos ha convocado y nos permite caminar. Seamos anunciadores de esa Palabra, de este Reino y del mal que tiene que terminar. Porque el espíritu contrario de Dios pulula por nuestras familias, por nuestras comunidades, por Cochabamba. No me digan que no. El mal que está presente, el mal de que escuchamos en la palabra, el mal que está presente en las drogas, violencia y en otros acontecimientos que hemos visto en el teatro representado por los jóvenes y que nos han ayudado a reflexionar. Los gravísimos problemas de violencia, de división y de asesinato lo vivimos en el interior de nuestras familias católicas cristianas y esto duele.


Frente a esto es posible con el Señor anunciar la vida. Vivir la vida, poner de nuestra parte el espíritu bueno de Dios. Que este espíritu nos guía y nos fortalezca para vencer este mal presente en nuestra la sociedad y anunciemos la vida y resurrección.

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Radio Arquidiocesana San Sebastián

 

El Santo Padre

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