Domingo 25 Junio 2017

Después de 18 años de ser suspendidos P. Hubert y P. Elvio de la comunidad de San José de Chiquitos fueron restaurados al ministerio sacerdotal, por Mons. Robert Flock, recién posesionado Obispo de la Diócesis de San Ignacio de Velasco.

“Quien no tenga pecado que tire la primera piedra”. Dejemos de tirar piedras por lo sucedido, cuidando lo que decimos y lo que pongamos en las redes sociales y en los medios de comunicación, y en su lugar construyamos un templo de piedras vivas entre todos nosotros, que sea también motivo de orgullo y gozo del pueblo.” Expresó Mons. Flock, la mañana de este domingo 12 de febrero en su homilía, desde San José de Chiquitos, pueblo de misión, en el que inició las visitas pastorales el Obispo.

A continuación compartimos la homilía completa en texto:

Domingo 6 del Tiempo Ordinario,
12 de febrero, 2017 – San José de Chiquitos

Queridos hermanos y hermanas Josesanos,

Al ser nombrado Obispo de la Diócesis de San Ignacio, programamos una visita para empezar a conocer mejor a esta Iglesia y a su gente. A fines de noviembre, Mons. Carlos Stetter me recibió y me trajo personalmente a varias comunidades. Naturalmente me dio algunos consejos; el primero fue de visitar al P. Hubert para ver si fuese posible llegar a una solución a la situación que se ha vivido desde su suspensión del ministerio sacerdotal hace 18 años.

Después de haber estudiado la historia de todo esto, y después de haber conversado con el P. Hubert y con el P. Elvio, después de haber consultado con la Nunciatura Apostólica en Bolivia, y con otros, he decidido retirar dicha suspensión y restaurar a ambos sacerdotes al ministerio sacerdotal en esta comunidad de San José de Chiquitos.

Ellos han manifestado su buena voluntad para trabajar con los Padres del Instituto del Verbo Encarnado, que desde hace varios años están prestando servicios pastorales en esta comunidad, para lograr la unificación y la comunión en la parroquia y para sanar las heridas que quedan.

Ahora, quiero compartir con ustedes y enseñarles un canto que compuse años atrás para la fiesta de la Virgen de Cotoca:

Esperamos Cielos Nuevos:

María, eres Cielo Nuevo.
Anhelamos Tierra Nueva:
Eres Madre de la Tierra Nueva. (Bis)

El universo estupendo.
Estrellas, Luna y Sol.
Esto es Tu vestido,
María, Virgen Celestial.

Sufrimos injusticias,
Luchamos por la verdad.
Sabemos que un día,
Triunfará Tu bondad.

Nosotros envejecemos,
Se opaca nuestra luz.
Eres joven siempre,
Junto a Tu Hijo Jesús.

Esta vida es pasajera,
Este mundo acabará.
El Reino de los Cielos
Por siempre brillará.

(Felicidades por cantar conmigo; parece que sí, es posible cantar juntos, aunque este canto es nuevo para todos ustedes).

Ese año el lema para la fiesta era “Con María, Cielos Nuevos y Tierra Nueva”, una frase que viene del Apocalipsis donde Cristo dice que todo lo hace nueva todas las cosas. También tiene la visión de la mujer vestida del sol, de la luna y de las estrellas, que además de representar a la Virgen María, es también figura del pueblo de Dios en la historia de la salvación. El canto apunta a superar las injusticias y los sufrimientos al llegar al esperado Reino de Dios.

Resulta que un año cuando celebramos la fiesta de la Virgen de Cotoca, antes de que existiera la doble vía, habíamos acompañado a los peregrinos durante la noche con un carro de mi parroquia para animar los cantos y oraciones, unas cuatro horas de camino para llegar al Santuario. Luego ayudamos en las confesiones y las Misas. Finalmente, a las seis de la mañana, cuando abrieron la carretera, quisimos volver a la ciudad. Ese año se produjo una terrible trancadera y tardamos más de cinco horas regresar. Por un lado había una gran cantidad de movilidades saliendo del Santuario para llegar a la ciudad, y algo similar saliendo de allí hacia Cotoca: taxis, trufis, micros y todo el tráfico acumulado mientras quedaba cerrada la vía. Por la cantidad de movilidades, y el apuro que todos teníamos para finalmente llegar al destino, algunos bajaban de la calzada haciendo de los dos carriles, como tres o cuatro en cada dirección. Naturalmente, otros intentaban adelantar entrando como es normal, al carril contrario. Quedamos totalmente enfrentados. Solamente con mucho trabajo de la policía se logró abrir el camino poco a poco para mover el tráfico. El año siguiente había policías cada cien metros para que nadie invadiera el carril contrario, y ahora tenemos la doble vía que facilita mucho, aunque no nos hace exentos de los accidentes, como aquella terrible que sucedió el otro día con la flota y un minibús.

Les cuento esta experiencia porque así veo la situación que se ha vivido acá en San José de Chiquitos. Hemos estado como enfrentados en una trancadera sin encontrar la manera de abrir camino. Hay mucha frustración, ánimos elevados, rabia y rencor. Cada lado culpa al otro.

Desde un punto de vista, cuando el P. Hubert hizo denuncias públicas sobre una situación del clero, para el Obispo era como si invadiera su carril, y le complicaba su misión. Y cuando el Obispo impuso una sanción, como un policía da una multa, entonces el pueblo también reaccionó diciendo que el Obispo había invadida su carril, que todo era injusto. Después, al ventilar estas cosas en público, o enviar cartas a autoridades, organizar comité de defensa y cosas por el estilo, es para el Obispo, bloquear el camino peor que antes, y la trancadera se hace más difícil; y cuando el Obispo mantiene la suspensión, lo mismo siente el pueblo. Cada acusación, sea cierta o no, sea de la una parte o de la otra, solamente dificulta más abrir camino. Entonces el enfrentamiento y la trancadera han durado ya 18 años.

Por eso, al visitar a los dos padres, Hubert y Elvio, y ver que hay disponibilidad de ayudar a solucionar el problema, he decido aprovechar este momento de cambio de Obispo, para dejar mi carro a un lado y ojalá abrir una grieta en el camino donde podemos empezar a pasar. No me interesa dar vueltas sobre quien es más culpable porque esto solamente obstaculiza una solución. Yo quiero dejar este problema en el pasado en la esperanza de nuevos cielos y anhelando nueva tierra en esta querida y sufrida Iglesia.

Para esto necesito la ayuda de todos ustedes. Tenemos que aceptar que no podemos cambiar el pasado, pero sí podemos cantar, rezar y caminar, juntos, y también sanar estas heridas.

Este es el camino de la Cruz. Frente al problema del pecado y todo el sufrimiento que lo ocasiona en la humanidad, Dios podría decirnos con su autoridad y su poder: “Váyanse todos al infierno, sin vergüenzas”. Pero no reacciona así. Envía su Hijo Jesús, quien además de compartir esa sabiduría misteriosa que supera nuestra comprensión, él nos dice: “Aquí estoy. Descarga su rabia y su frustración en mí. Yo estoy dispuesto a soportar sus azotes y las burlas. Meten sus clavos en mis manos y mis pies, su espada en mi corazón”. Y cuando eso es exactamente lo que sucede, Jesús eleva su voz al Padre celestial y dice: “Padre, Perdónalos, no queda otro camino si queremos abrir el paso, salvar el pueblo, superar el problema que solo trae dolor y muerte.”

Ahora, resulta que cuando nosotros tenemos un poco de madurez en nuestra fe como discípulos de Jesús, a veces el Señor nos pide participar de esta cruz. Porque aunque, el sacrificio de Jesús en la Cruz vale para toda la humanidad y para todos los tiempos, a veces pide nuestra ayuda para que la gente de nuestro tiempo cae en la cuenta y comprende lo que Dios hace, para la gente se conmueva, se ablande el corazón endurecido y se convierte, se arrepiente, ceda en su postura y abra camino para la paz y la convivencia.

Por eso hermanos, ayúdenme a solucionar este problema, aunque tengan que cargar algo de esta cruz. Hagamos un esfuerzo para no empeorar las cosas en esta delicada situación. Evitemos las acusaciones y justificaciones para imponer nuestra verdad, porque esto no ayuda, lo complica.

Yo quiero que el P. Hubert pueda terminar sus días, en medio del pueblo que lo quiere, con dignidad, ejerciendo su ministerio sacerdotal, hasta que Dios le llame a su presencia.

Yo quiero que el P. Elvio, que fue mi antiguo amigo antes que sucediera todo esto, vuelva a ser mi amigo y colaborador, ahora como sacerdote en esta Diócesis de San Ignacio, donde el Señor me pone como Pastor.

También, queridos hermanos, yo quiero que Mons. Carlos pueda llegar a San José de Chiquitos y encontrar un pueblo que le dé la bienvenida con alegría, como corresponde a un pastor que ha servido la tierra Chiquitana durante tantos años, haciendo tanto bien.

Finalmente, hermanos, aquí en San José de Chiquitos, hemos heredado este hermoso templo y complejo misional, jesuítico, patrimonio de la humanidad, tesoro de la Iglesia y orgullo de todo el pueblo. Comparte los elementos fácilmente reconocibles de todas estas misiones, pero San José es especial, porque tenemos este frontis de piedra, que lo distingue de las otras reducciones. Les pido que cuando vean esta construcción tan hermosa con piedra, que se acuerdan de lo que dijo Jesús cuando le trajeron a la mujer que atraparon en adulterio, y Jesús les dejo callados al decir: “Quien no tenga pecado que tire la primera piedra”. Dejemos de tirar piedras por lo sucedido, cuidando lo que decimos y lo que pongamos en las redes sociales y en los medios de comunicación, y en su lugar construyamos un templo de piedras vivas entre todos nosotros, que sea también motivo de orgullo y gozo del pueblo.

Termino nuevamente cantando:

Esperamos Cielos Nuevos:
María, eres Cielo Nuevo.
Anhelamos Tierra Nueva:
Eres Madre de la Tierra Nueva. (Bis)

Fuente: Iglesia Viva

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