Viernes 24 Noviembre 2017

DOGMA DE LA ASUNCIÓN 

El dogma de la Asunción se refiere a que la Madre de Dios, luego de su vida terrena fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial. Este Dogma fue proclamado por el Papa Pío XII, el 1º de noviembre de 1950, en la Constitución Munificentisimus Deus:

"Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo".

Ahora bien, ¿por qué es importante que los católicos recordemos y profundicemos en el Dogma de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo? El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica responde a este interrogante:

"La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos" (#966).

La importancia de la Asunción para nosotros, hombres y mujeres de comienzos del Tercer Milenio de la Era Cristiana, radica en la relación que hay entre la Resurrección de Cristo y la nuestra. La presencia de María, mujer de nuestra raza, ser humano como nosotros, quien se halla en cuerpo y alma ya glorificada en el Cielo, es eso: una anticipación de nuestra propia resurrección (urcupiña.org.bo).

EL MILAGRO DE LA VIRGEN DE URCUPIÑA

Exhortación Pastoral (1979) Por Mons. Armando Gutiérrez Granier.

La Santísima Virgen María cuenta con una devoción sincera en nuestro país, y también en nuestra ciudad. La fiesta de la Asunción de la Virgen es una de las numerosas manifestaciones de la devoción Mariana, que es cristiana, desde el momento en que fue ella quién nos trajo al Salvador y la Salvación en su seno purísimo, que la Iglesia compara, en bella imagen, al Arca de la Alianza.

La devoción a Nuestra Señora no es adoración, como algunos afirman sin razón. Sabemos los católicos que la adoración solo es debida a Dios. Tampoco adoramos imágenes, como otros aseguran. Veneramos, a través de la imagen, a quien ella representa a María, en la Natividad, en la Inmaculada Concepción, al pie de la Cruz y en la gloriosa Asunción.
La Sagrada Escritura nos ofrece dos visiones que proyectan su luz. La primera es el Apocalipsis, que nos presenta a la Virgen como una señal grandiosa que aparece en el cielo. Una mujer, vestida de sol, con la luna bajo los pies y en su cabeza una corona de doce estrellas. La Mujer da a luz un hijo varón, destinado por Dios a gobernar el mundo, y la Bestia que representa al Maligno, procura devorarlo, pero el niño es arrebatado, llevado ante Dios. Es la figura de María, que trae en sus entrañas el Salvador del Mundo. La Escritura y la Tradición nos la presenta exenta de toda mancha de pecado. De ahí surge la creencia de la Iglesia en el dogma de la Inmaculada Concepción. María sin mancha de pecado.

Pero, al lado de la figura triunfal de María, coronada sobre toda criatura, el Evangelio nos presenta el otro lado de la medalla. María, la humilde servidora del Señor, en quien Dios hace obras grandes, el que eleva a los humildes y derriba de su trono a los soberbios. En este sentido, María es el prototipo de corazón pobre, que reconoce pequeñez de esclava ante Dios y por esa razón el Poderoso realiza grandes cosas en ella, como la Virgen canta en el Magnificat. Bienaventurados los pobres de espíritu, porque ellas verán a Dios. San Pablo nos dice que el Pecado entró en el mundo, y, con él, la muerte. Porque todos pecaron, todos hemos de morir. Pero, María, precisamente, porque no pecó, no fue condenada a la Muerte y a causa de esta excepción de Dios, entró en el cielo por el Tránsito , pasó directo a la Vida, sin pasar por la Muerte.

Este es el sentido de la festividad de hoy que se celebra en Quillacollo.
Al finalizar estas líneas autorizando una peregrinación que ha de ser hecha con sentido de oración y penitencia y no de mera exhibición, rogamos a los encargados de ella, el párroco de Quillacollo y los sacerdotes que le habrán de colaborar que den contenido a la romería a fin de que sea manifestación de fe y de penitencia y no mero bullicio, folclore o excesos incompatibles con una manifestación verdaderamente religiosa. Como palabra final decimos a los fieles un pensamiento sobre la Virgen, que canta el himno de vísperas. Gozo del mundo, estrella de los cielos, madre del Sol, engendras al Creador, tiende tu mano, virginal María, al pobre pecador.

catholic.net

Carta Pastoral 2017

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El Santo Padre

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